Marcela Fonseca
El periodismo siempre ha vivido de llegar lo más cerca posible al momento en que ocurren las cosas, de contar la noticia mientras aún está caliente. Hace más de una década aprendimos a hacerlo en internet gracias al SEO, era como seguir al pie de la letra la receta tradicional de pupusas que Google esperaba. Título bien puesto, las palabras clave en su justo punto, todo ordenado y claro, y listo, logrando que el buscador nos destacara en la primera página. Y esa receta funcionó. Las crónicas sobre las elecciones, los partidos de la Selecta, los resultados de la LMF, las fotos de conciertos y artistas empezaron a llegar a millones de usuarios. Este periódico, con casi noventa años de historia, creció fuerte con esa fórmula sin perder su rigor ni su esencia.
Hoy el comensal cambió y la forma de hacer periodismo también. Surge el GEO (Generative Engine Optimization), optimización para motores generativos, es decir que ya no basta con aparecer en la lista; ahora la inteligencia artificial lee nuestras notas y, cuando alguien pregunta algo, responde directamente citándonos o resumiendo lo que escribimos. Es como pasar de servir la misma pupusa a todos a tener un cocinero inteligente que la adapta al gusto de cada quien: más queso para unos, más loroco para otros, más delgada para quien la quiere ligera, pero siempre con la misma masa tradicional y el mismo sabor de casa.
Para el periodista nada esencial cambia, seguimos saliendo a la calle, hablamos con la gente de carne y hueso, contrastamos datos, escribimos con calma y responsabilidad. Lo nuevo es que nuestro trabajo ya no queda enterrado entre mil enlaces; aparece en la respuesta misma que Google u otro motor de búsqueda dan al lector. Cuando una madre en Santa Tecla busca “¿cuándo inicia el año escolar?”, el sistema puede tomar nuestra nota con la respuesta verificada y ponerla arriba de todo. Cuando un padre en San Miguel pregunta “¿qué pasó con las pensiones?”, nuestra explicación aparece citada antes que cualquier rumor. Eso nos obliga a evolucionar. En la redacción ahora pensamos no solo “¿cómo hacemos que nos encuentren?, sino ¿cómo hacemos que nos citen con autoridad cuando la IA hable por nosotros? Significa escribir con mayor claridad, estructurar mejor los datos, ofrecer contexto histórico que la inteligencia artificial valore. Significa, también, que nuestro archivo se convierte en oro, cada reportaje de 2017 o de 2023, por citar un par de años, es hoy materia prima para que la IA elija nuestras respuestas por encima de las cadenas virales.
Así que los cambios prácticos son discretos pero poderosos. Una nota sobre el costo de la canasta básica puede llegar completa al lector tranquilo de la Escalón y resumida con números grandes al que va en el bus 101. El análisis de las elecciones municipales aparece con gráficos para los jóvenes y con relato histórico para los mayores. Publicamos la denuncia de baches en Soyapango justo cuando la gente sale del trabajo y un artículo de valores familiares cuando la familia se reúne en la noche. Todo sin perder profundidad. Esta transición no es lujo; es supervivencia. Si los medios serios nos quedamos en la receta antigua mientras otros sirven comida rápida y dudosa, perderemos la mesa. En cambio, al abrazar el GEO con la misma seriedad de siempre, aseguramos que cuando un lector busque respuestas confiables siga encontrando nuestra voz, la misma que ha estado aquí desde antes de que existiera internet, ahora servida caliente y exactamente a su gusto.
Porque al final el periodismo no es solo tecnología; es compromiso. Y ese compromiso, en papel o en la pantalla de una computadora o teléfono, sigue siendo el mismo, contar lo que pasa en el país con responsabilidad, con calma y con dedicación por quien nos lee.
Adaptarse a las preferencias del lector no significa diluir la verdad ni ceder ante lo superficial. Significa reconocer que cada lector tiene su propio ritmo y forma de acercarse a la noticia: unos prefieren sumergirse en el detalle y el contexto durante una lectura tranquila, mientras otros necesitan respuestas claras y rápidas en medio del día agitado.
El medio que entiende eso y lo respeta gana lealtad genuina.En un país donde la familia y la comunidad siguen siendo el centro, los periódicos tenemos la responsabilidad de llegar a todos sin imponer un solo formato. El GEO nos da la herramienta para hacerlo, es decir, ofrecer sustancia a quien la valora y accesibilidad a quien la necesita en el momento justo, sin que nadie sienta que se le ha dado menos de lo que merece. Esa adaptación es, en el fondo, un acto de servicio. No cambiamos nuestra esencia conservadora ni nuestro compromiso con los hechos; simplemente la hacemos más cercana, más humana. Porque el lector no es un número en estadísticas, sino que es el vecino, el padre, la maestra, el comerciante que confía en nosotros para no quedarse a oscuras.Y mientras sigamos poniendo al lector en el centro, la prensa no solo sobrevivirá, seguirá siendo el faro confiable. Porque en tiempos de ruido digital, la voz que se adapta sin tergiversar sus principios es la que perdura.
- Experta en operaciones digitales
- @marshfonseca