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Actuamos movidos por la fe, no por miedo

Carta en apoyo al sacerdote católico German Molina, párroco de la parroquia Santa Catalina, de Apopa.

Hace ocho días supe del linchamiento digital del que fue objeto por parte de la granja de troles del oficialismo político salvadoreño a causa de exhortaciones críticas que usted hizo en su predicación. Le aplicaron lo que los especialistas en redes sociales llaman la Shitstorm.

Al respecto le manifiesto lo siguiente:

Usted se ha tomado en serio lo que predicaban los apóstoles en los orígenes del movimiento cristiano: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5,29).

Los evangelios narran que en cierta ocasión Jesús estaba predicando en la vía pública y Herodes Antipas —la autoridad política de la época y tristemente famoso por el asesinato del Bautista y cómplice en parte del asesinato de Jesús—, le mandó amenazar con los fariseos: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte» (Lucas 13,31). La respuesta de Jesús fue contundente: «Díganle a ese zorro que hoy y mañana expulso demonios y hago curaciones. Conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén» (Lucas 13,32-33). Y es que el Maestro recomendaba: «Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno» (Mateo 5,17).

Y el profeta y mártir salvadoreño, Óscar Romero, decía que «todo lo que es sufrimiento humano, la Iglesia lo siente como propio» (Homilía: 11/09/1977) y que, en consecuencia, «el pastor tiene que estar donde está el sufrimiento» (Homilía: 30/10/1977). Citando al papa Pío XI, era de la convicción de que «la Iglesia no hace política, pero cuando la política toca su altar, la Iglesia defiende su altar» (Homilía: 08/05/1977).

Nosotros nos adherimos a la doctrina de Monseñor Romero, que afirma: «Querer predicar sin referirse a la historia en que se predica no es predicar el Evangelio. Muchos quisieran una predicación tan espiritualista que dejara conformes a los pecadores; que no les dijera “idólatras” a los que están de rodillas ante el dinero y ante el poder. Una predicación que no denuncia las realidades pecaminosas en las que se hace la reflexión evangélica no es Evangelio. Sobran aduladores, sobran falsos profetas, sobran, en tiempos conflictivos como los nuestros, quienes tienen su pluma pagada y su palabra vendida, pero no es esa la verdad» (Homilía: 18/02/1979).

Sabemos que el propósito de quienes realizaron su linchamiento digital es atemorizar a los pastores que disienten de algunas decisiones del oficialismo. Pero nuestras vidas están en las manos de Dios, según lo que dice el evangelio: «hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados» (Mateo 10,30). Los nuestros y los de quienes nos adversan. Actuamos movidos por la fe, no por el miedo.

Con usted han intentado hacer lo que condenaba el profeta Amós en su tiempo: «habéis conminado a los profetas, diciendo: “!No profeticéis!”» (Amós 2,12). Pero resulta que nosotros no somos ni queremos ser «vigías ciegos…, perros mudos», ni tampoco somos «amigos de dormir» (Isaías 56,10). Porque en tiempos de Jesús, los fariseos —falsos pastores de la época— le decían a Jesús: «Maestro, reprende a tus discípulos»; pero conscientes somos de su respuesta: «si estos callan, gritarán las piedras» (Lucas 19, 39-40).

Escribo esto un viernes de cuaresma, porque usted fue atacado un viernes de cuaresma, y para que no se nos olvide que somos discípulos de Jesús, no de Caifás, Herodes o de Pilato. Y que la fe se vive a partir del bautismo, y no como una representación teatral al gusto del cliente, puesto que en cada creyente adquiere una forma existencial. Es decir, nos jugamos la vida en ello.

Y lo digo antes de las misas dominicales, porque muchos pastores —incluso evangélicos, auténticos pastores— pondrán en alto el estandarte de la verdad, no «su verdad» o la verdad del poderoso de turno, sino la verdad de Jesucristo, la verdad de Dios. Actuando así, le darán sentido a su ministerio pastoral. Porque somos «hijos de la luz e hijos del día, no de la noche ni de las tinieblas» (1Tesalonicenses 5,5). Y «porque no nos dio el Señor un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza» (2Timoteo 1,7).

Estimado padre Luis German, este escrito forma parte del ejercicio de la fraternidad sacerdotal y pastoral; sepa que cuenta con nuestra solidaridad y que nos sostienen la fe y la esperanza.

Pbro. Dr. Juan Vicente Chopin
Presidente de la Cooperativa de los Sacerdotes

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