El mexicano Cruz Manuel Barragán Moreno presenta en San Salvador «Niño de Agua», un conmovedor monólogo testimonial que transforma la memoria, la justicia y el drama en un ritual escénico interactivo.
El mexicano Cruz Manuel Barragán Moreno presenta en San Salvador «Niño de Agua», un conmovedor monólogo testimonial que transforma la memoria, la justicia y el drama en un ritual escénico interactivo.

El teatro no solo entretiene; a veces es el único refugio capaz de desenterrar la verdad y convertir el dolor en memoria viva.
Bajo esa premisa llega a San Salvador Niño de Agua, una imperdible pieza de nueva dramaturgia mexicana escrita e interpretada por el destacado actor, dramaturgo y director Cruz Manuel Barragán Moreno, fundador de la compañía Teatro VASO.
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Con más de 60 representaciones en México, selección en el prestigioso festival «Teatro a una Sola Voz» y el primer lugar en el 4º Encuentro de Teatro del Estado de Guanajuato, este monólogo testimonial aborda la impunidad a través de la tragedia de Jorge, cuyo cuerpo fue hallado en un pozo frente a su casa en Abasolo.
Lejos de quedarse en el lamento, la propuesta se transforma en un ritual interactivo —el tradicional «convivio»— donde el espectador se vuelve cómplice y participante.

Previo a sus tres únicas funciones en La Galera Teatro & Cocina este 24, 25 y 26 de julio, eldiariodehoy.com conversó vía mensajería con Cruz Manuel Barragán sobre el reto de habitar el biodrama, la potencia del arte testimonial frente a las heridas sociales de nuestra región y lo que significa tejer lazos de memoria colectiva desde el escenario.
La puesta en escena «Niño de Agua» aborda una herida muy personal en Guanajuato, pero llega a un país como El Salvador, donde la búsqueda y la memoria también son temas sensibles. ¿Cómo resuena o se transforma esta historia al cruzar fronteras?
Esta obra de Niño del Agua la hemos llevado a muchos estados de la República Mexicana, donde sigue siendo pues una constante, algo que veíamos muy lejano hace algunos años. Nos contaban que el amigo, el pariente de alguna persona lejana había desaparecido. Sin embargo, cada vez fue más cercano el tema.
Te comentaba que hemos ido a algunos estados de la República y la gente se nos acerca, salen conmovidos por la obra porque el tema es muy latente y es muy cercano.
Cruzar fronteras con una obra como esta, pues, implica venir con un discurso, venir con una historia, pero sobre todo creo que la obra también es un abrazo, un abrazo de esperanza de que existe la posibilidad de poder encontrar a todas estas personas que desaparecen todos los días.
En ese sentido, la historia viaja por muchos momentos, momentos de risa, momentos de tragedia, pero sobre todo momentos de esperanza, en los que creemos que existe la posibilidad de algún día encontrarlos. En ese sentido, cruzar fronteras con este trabajo -para mí- es llevar este mensaje de esperanza y de posibilidades.

Hemos leído que la obra no es solo un monólogo, sino un ritual interactivo con la audiencia. ¿Qué esperas que la gente de San Salvador experimente o se lleve consigo al participar en este ‘convivio’?
Sí, la obra parte de un monólogo, parte de una investigación y yo siempre he creído que el teatro es ese momento ritual mágico donde se combinan varios elementos como el fuego, el aire, la tierra, el agua, pero también es -en su esencia más pura- un momento de comunión y de convivencia.
Es una celebración. Entonces, el poder interactuar con la gente, bailar con ella, convivir con ellos -porque hay una parte importante de la obra donde se cuentan las fiestas y las tradiciones del pueblo del cual yo vengo. Es decir conocer a través del teatro estos lugares de México, de Guanajuato, de Michoacán, a través de sus fiestas y sus tradiciones- es algo muy significativo para mí.
La obra rinde un homenaje a la incansable lucha de las madres que buscan a sus hijos. Desde el arte y el biodrama, ¿cuál sientes que es el papel del teatro frente a esta realidad tan dura?
La obra, más que rendir un homenaje a las madres buscadoras, creo que es un homenaje a la esperanza, a la posibilidad de encontrar algo. Es una obra entrañable, es una obra que te abraza, pero también creo que esa es parte del papel del teatro.
El teatro no te va a dar respuestas, no te va a dar soluciones, pero sí te va a hacer que te cuestiones cosas, que te cuestiones la realidad, que te cuestiones tu entorno; te va a confrontar con temas sociales profundos, dolorosos, a veces cómicos, a veces muy risibles, a veces muy profundos, pero finalmente el teatro está ahí para confrontarte, para exponerte temas y tú vas a decidir qué hacer con eso que el teatro te da.

No hay una sola respuesta o no hay una sola intención, el teatro expone, confronta y muchas veces también te abraza, no te da respuestas, pero sí te hace que te preguntes cosas; y, a lo mejor, a partir de las preguntas tú tomas decisiones y puedes modificar tu entorno inmediato, tu comunidad, tu escuela, tu propia vida.
Llevar un testimonio tan íntimo y doloroso al escenario más de 60 veces debe ser un reto emocional gigante. ¿Cómo cuidas tu energía y tu cuerpo interpretación tras interpretación?
Creo que con el paso de las funciones, como actor, sí cuidas tu energía, sobre todo la dosificas. Yo por lo menos intento no desbordarme desde el inicio de la obra, sino ir dosificando la energía, irla reciclando, y llega un momento en el que es necesario; la obra tira ciertos golpes o ciertos clímax, y es donde la energía tiene que estar arriba.
Luego vienen unos momentos también de descanso para el público, para que tú puedas reciclar energía y volver a subir a estos puntos álgidos que tiene la obra. Yo como actor me cuido mucho, procuro sobre todo no dañarme emocionalmente, que lo que sucede en la obra sea purificador, sea liberador, que yo salga, a pesar de que la obra pueda tratar temas dolorosos, con un respiro, con un descanso, y no llevarme eso a casa.
A mí no me gustan los actores que terminan la función y salen destruidos emocionalmente. Creo que el teatro es una posibilidad de renovarnos en cada función, de salir nuevos, de salir enteros, y que todo lo que sucede en la ficción, todas esas cosas malas, todas esas cosas dolorosas, en la ficción se queden y no te las lleves a tu vida diaria. Por lo menos eso es lo que yo intento para cuidarme, generar emociones que conecten con el público, pero no dañarme.
Cuido mucho mi integridad emocional, mi salud mental, y trato de utilizar la técnica desde otro lugar donde yo no me dañe.

Con una trayectoria significativa en México, ¿qué significa para ti y para la compañía Teatro VASO presentar estas únicas funciones en La Galera Teatro & Cocina?
Para mí es muy importante venir a La Galera, venir a El Salvador, estar aquí con con mi amigo René Lovo. Nos conocimos en Morelia cuando teníamos un espacio llamado El Agasajo. Él fue para allá también con un monólogo.
Nos platicó del espacio de La Galera y decido venir a conocer otros lugares, otros mundos, otros escenarios donde mostrar mi trabajo y es una satisfacción muy grande estar por acá. Muchos nervios también porque no sé cómo vaya a recibir el público la obra.
No sé si nos vayamos a entender por algunas variantes de la lengua, de expresiones muy mexicanas, de tradiciones muy mexicanas. Pero, bueno, una de las finalidades del teatro es la universalidad de los temas y yo creo que sí logramos conectarnos y entendernos, va a resultar algo muy positivo. Y se va a cumplir el objetivo del teatro, que es lo particular volverlo universal.
Así que estoy emocionado. Veamos qué sucede con estas funciones, que pasa este fin de semana allí en La Galera.
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