Yolanda García: notable pionera salvadoreña en Milán
En 1971 decidió emigrar a Italia, en una época en la que muy pocos salvadoreños habían llegado al país europeo. Como muchas mujeres migrantes de aquella generación, comenzó trabajando para familias italianas dedicándose al cuidado de niños y a las labores domésticas. Gracias a su seriedad, honestidad y calidad humana, pronto logró ganarse la confianza y el respeto de las personas con las que trabajó
Hablar de la historia de la emigración salvadoreña en Italia significa recordar a mujeres que, con esfuerzo, dignidad y valentía, abrieron camino para las nuevas generaciones. Entre esos nombres destaca el de Yolanda García Álvarez, considerada una de las primeras mujeres salvadoreñas establecidas en Milán y recordada como una figura histórica de la comunidad salvadoreña en Italia.
Yolanda García Álvarez nació en Ahuachapán el 29 de septiembre de 1939, aunque gran parte de su infancia y juventud transcurrió en Zacatecoluca, ciudad a la que siempre permaneció profundamente vinculada. Creció en un entorno familiar marcado por los valores del trabajo, la educación y la solidaridad.
En 1971 decidió emigrar a Italia, en una época en la que muy pocos salvadoreños habían llegado al país europeo. Como muchas mujeres migrantes de aquella generación, comenzó trabajando para familias italianas dedicándose al cuidado de niños y a las labores domésticas. Gracias a su seriedad, honestidad y calidad humana, pronto logró ganarse la confianza y el respeto de las personas con las que trabajó.
Según recuerda su hijo, Mario Ernesto García, la oportunidad de viajar surgió gracias a contactos vinculados a la iglesia donde Yolanda colaboraba en El Salvador. Un sacerdote italiano, el padre Ruffino, buscaba una persona de confianza para trabajar en Milán cuidando niños dentro de una familia italiana. Yolanda aceptó el desafío motivada por el deseo de ayudar económicamente a su familia y construir un futuro mejor para su hijo.
Con el paso de los años estableció relaciones muy cercanas con las familias para las que trabajó, hasta convertirse prácticamente en parte de ellas. Su dedicación y sentido de responsabilidad le permitieron crear vínculos humanos que trascendieron el ámbito laboral.
Gracias a su experiencia de vida en Italia y al dominio del idioma italiano, Yolanda se convirtió con el tiempo en un importante punto de referencia para muchos compatriotas recién llegados. Cuando llegó a Milán a comienzos de la década de 1970, la realidad era muy distinta a la actual: no existían internet ni las herramientas de comunicación disponibles hoy en día, y para muchos migrantes resultaba difícil comprender el idioma, acceder a información o desenvolverse en los trámites cotidianos.
Gracias a la rapidez con la que aprendió el italiano y a su conocimiento de la sociedad local, comenzó a orientar a numerosos compatriotas que necesitaban apoyo para integrarse y afrontar las gestiones de la vida diaria. También colaboraba en la organización de excursiones y encuentros entre familias salvadoreñas, fortaleciendo los vínculos comunitarios. Toda esta labor la realizó siempre de manera voluntaria y por un genuino espíritu de solidaridad, convirtiéndose en una figura apreciada por su generosidad y permanente disposición a ayudar a los demás.
Yolanda mantuvo además una estrecha relación con las religiosas del Colegio María Inmaculada de Via Feltre, en Milán, institución con la que colaboró durante varios años y donde cultivó importantes vínculos humanos y espirituales. Su participación en actividades de apoyo y servicio reflejaba los valores de solidaridad y compromiso que siempre caracterizaron su vida.
Asimismo, participó durante muchos años en diversos encuentros y actividades de la comunidad salvadoreña, especialmente en las celebraciones del 15 de septiembre, fecha en la que los compatriotas residentes en Italia se reunían para conmemorar la independencia centroamericana. En aquellos primeros años de la migración salvadoreña en bbMilán, las celebraciones solían realizarse en un único lugar de encuentro, convirtiéndose en una ocasión especial para reunirse con amigos y compatriotas. Muy diferente a la actualidad, cuando las actividades culturales y comunitarias se desarrollan durante varias semanas y en distintos espacios de Italia, reflejando el crecimiento y la consolidación de la presencia salvadoreña en el país.
Dentro de la memoria histórica de la emigración salvadoreña en Italia, Yolanda es recordada junto a otras mujeres emblemáticas como Silvia Tobal, Deidamia Morán, Celia Landaverde y muchas otras compatriotas que contribuyeron silenciosamente a construir las bases humanas y sociales de la comunidad salvadoreña en Milán.
Mario Ernesto García: entre la realización profesional y el valor del aprendizaje
Su hijo, Mario Ernesto García, llegó a Italia en 1981, todavía adolescente, durante los años del conflicto armado salvadoreño. Como muchas familias de aquella época, vivió los cambios y desafíos que marcaron a toda una generación de salvadoreños.
Ya instalado en Italia, creció entre dos culturas y desarrolló una sólida formación académica. Estudió Ciencias Políticas con orientación internacional en Milán, realizó posteriormente estudios de comunicación en Estados Unidos y más adelante obtuvo un doctorado en counseling, disciplina centrada en el desarrollo humano y las relaciones interpersonales.
A lo largo de los años construyó una importante trayectoria profesional en el ámbito de la comunicación y la formación empresarial. Antes de especializarse en este sector, durante los primeros años de la década de 2000 trabajó también como maestro de obra, experiencia que formó parte de su crecimiento profesional.
Posteriormente orientó su carrera hacia la capacitación y el desarrollo de habilidades comunicativas. Desde hace casi dos décadas trabaja formando profesionales para empresas internacionales, especializándose en liderazgo, comunicación y desarrollo organizacional. Su labor consiste en preparar personas para desenvolverse eficazmente en contextos donde la comunicación resulta fundamental, ya sea en la presentación de eventos, productos, servicios o iniciativas dirigidas al público.
Paralelamente, colaboró en diversas actividades culturales, cívicas y religiosas promovidas por la comunidad salvadoreña y por las autoridades consulares en Italia, participando como presentador y animador en celebraciones del 15 de septiembre y en otros encuentros comunitarios organizados por distintas asociaciones de la colectividad salvadoreña.
Más allá de su actividad profesional, Mario suele destacar la importancia del aprendizaje continuo y de la capacidad de conocerse a uno mismo para afrontar con mayor claridad las decisiones de la vida.
“La convicción de lo que uno es comienza desde el interior”, afirma. “Cuando una persona aprende a conocerse mejor, comprende sus capacidades y puede tomar decisiones con mayor serenidad, encontrando con más facilidad el camino que desea seguir”.
También considera que el conocimiento de los idiomas representa una herramienta valiosa para el crecimiento personal y profesional. A su juicio, hablar español, además del italiano u otras lenguas, facilita la comunicación, amplía las oportunidades laborales y permite desenvolverse con mayor facilidad en contextos internacionales.
Asimismo, sostiene que el aprendizaje favorece una visión más amplia de la realidad y ayuda a comprender mejor otras culturas y formas de pensar. Para él, mantenerse abierto al conocimiento constituye una oportunidad permanente de enriquecimiento humano.
Muchos de estos principios —reconoce él mismo— provienen directamente del ejemplo de su madre Yolanda: la sensibilidad hacia los demás, el respeto por las personas, la capacidad de escuchar y la disposición para tender una mano a quien lo necesitara.
Hasta sus últimos años de vida, Yolanda siguió siendo una persona apreciada por quienes tuvieron la oportunidad de conocerla. Fallecida en 2021, dejó una huella imborrable en la memoria de familiares, amigos y compatriotas.
Su historia forma parte del legado de aquellas mujeres salvadoreñas que, con esfuerzo, valentía y espíritu de servicio, contribuyeron a abrir camino para las generaciones que llegaron después. Su trayectoria representa también un valioso capítulo de la historia de la emigración salvadoreña en Italia y del crecimiento de una comunidad que hoy forma parte de la realidad multicultural del país.