En medio del brote de un virus agresivo, casos de éxito en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), devuelven la esperanza a los propietarios de que sus gatos pueden sobrevivir a la enfermedad.
En medio del brote de un virus agresivo, casos de éxito en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), devuelven la esperanza a los propietarios de que sus gatos pueden sobrevivir a la enfermedad.

El virus de la Panleucopenia ha dejado de ser una estadística para convertirse en una tragedia familiar, una amenaza silenciosa y fulminante que está poniendo a prueba el límite entre la vida y la muerte para muchas mascotas. Pero en medio de esa tragedia, aún se levantan historias de esperanza.
En un recinto aislado del segundo nivel de la veterinaria Cat Home, una sala estéril con jaulas metálicas resguarda a pacientes felinos en condición crítica. Aquí las ventanas y puertas están selladas, se ilumina con lámparas de luz blanca, abundan gabinetes con medicamentos y una serie de implementos médicos que acondicionan el día a día de esta unidad.
Hasta hace una semana, Pelusa -una pequeña gata Persa de cuatro meses- era una de las pacientes con pronóstico reservado, su mirada reflejaba el peso de ir sobreviviendo al virus; aunque ya había comenzado a comer, sus ojos apagados y las manchas en su pelaje eran la huella del paso de la Panleucopenia a su corta edad.
Pelusa es la única sobreviviente de seis gatos que vivían con ella, en menos de 48 horas murieron sin presentar síntomas previos, por lo menos hasta cuando ya era demasiado tarde y pese a que estaban vacunados. Además, en una casa aledaña, el virus se llevó a 11 felinos en tiempos tan cortos que tampoco permitieron reacción médica.
Varios días después, en la sala de espera de la referida veterinaria, Karla Guidos trata de contener su impaciencia, se cambia varias veces de silla, trata de distraerse con la televisión y el celular. Esta mujer llegó desde Santa Ana al final del día, porque le avisaron que Pelusa ya estaba fuera de peligro y que podría irse a su casa.

«Hace casi 10 días que traje a pelusa porque empezó con una diarrea de un día para otro y sin motivo aparente ya no se podía poner de pie», comenta Karla y agrega que Pelusa, «a diferencia de los otros gatos que no presentaron síntomas, no resistieron como ella, ya que me dijeron que eran asintomáticos y en menos de 24 horas perdí a mis seis gatitos».
Luego de perder a sus otras mascotas, Karla se movilizó a la capital con la voluntad de salvar a Pelusa, la última gata contagiada que le quedaba y que mostró síntomas. Fue a varios centros asistenciales, entre ellos Chivo Pet donde le sugirieron, «llevarla a morir a casa»; sin embargo, Karla encontró refugio en la clínica especializada Cat Home.
Pelusa contrajo el virus pese a estar vacunada, lo que refuerza la advertencia médica: la vacuna es preventiva, reduce la mortalidad pero no inmuniza al 100% ante cepas agresivas. «Si un gatito no tiene un buen sistema inmune y se contagia, en menos de 24 horas hay que despedirse de él», relata. Su gata es una excepción milagrosa.
El rigor UCI, la ciencia contra el virus
La recuperación de pacientes no es una casualidad. Se requiere de un protocolo de aislamiento y soporte vital extremo. Alondra Michelle Aguilar, auxiliar veterinaria de CatHome, explica que el manejo en la UCI es integral: Se realiza un proceso de fluidoterapia constante, mediante catéteres para combatir la deshidratación severa, además de un «cóctel farmacológico que implican antibióticos endovenosos, antibióticos para frenar el vómito y analgésicos para el dolor abdominal.
En esta unidad también existe una especie de soporte térmico, «los gatos con panleucopenia suelen caer en hipotermia (menos de 37.8°C), requiriendo mantas térmicas constantes». agrega la especialista y finaliza explicando que todo esto se complementa con una «nutrición asistida», que no es más que el uso de alimentos fáciles de digerir y con propiedades de recuperación de la mucosa gástrica.
Es esencial que el área esté aislada y en constante desinfección, se cambian los paños absorbentes, pads y toallas para que no exista una reinfección.
En esta área también se encuentra Garfield, un gato de pelaje color naranja que combina con el color claro de sus ojos, quien comía alimentos húmedos de cuidado y recuperación.

Garfield y Pelusa se someten a una rutina constante: tomas de temperatura, revisión de las encías, toma de muestras de heces y uno de los más importantes, la toma de una muestra de sangre. «Es para sacarle el hemograma control, para verle el glóbulo blanco, los glóbulos rojos, la hemoglobina y las plaquetas», comenta Michelle.
Una enfermedad «silenciosa» y resistente
El virus puede incubarse durante 15 días sin mostrar señales. Una vez activo, ataca los glóbulos blancos, dejando al animal sin defensas.
Claudia Castro, también ha llegado por su gato Rayito, luego de un proceso de recuperación en la UCI. Relata cómo el virus entró a su hogar a pesar de que sus gatos no salen a la calle, «dicen que por el aire o la ropa se puede pasar. Fue un pequeño descuido».

La comunidad veterinaria enfatiza que el virus es extremadamente resistente en el ambiente, los zapatos y la ropa actúan como vectores principales, llevando la enfermedad de la calle al interior de los hogares. La situación ha escalado a tal punto que los propietarios exigen una alerta sanitaria por parte del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y el Ministerio de Salud. En repetidas ocasiones los responsables de estas mascotas concluyen que el impacto no es solo económico, sino emocional; que la pérdida masiva puede causar crisis de salud mental y cuadros de depresión profunda en los dueños.
Karla Guidos puede hablar con propiedad de esta problemática desde un punto de vista humano y, hasta cierto punto, psicológico. «Hay personas que dependemos de estos animalitos, mi hermana, ella y sus únicos familiares cercanos eran sus gatos. Imagínese que uno pierda a sus 11 familiares, de la depresión, sin querer se cayó, se quebró la pierna. Imagínense qué duro es una situación así», agrega, mientras espera a su gatita ya recuperada.
El esperado reencuentro
De la pequeña jaula portátil salen una serie de maullidos, Pelusa ya ha escuchado la voz ansiosa de Karla, quien desde que llegó a Cat Home no ha dejado de llorar y agradecer a todo el personal. La principal responsable de su mascota ha sido Alondra, ella ha estado pendiente y en comunicación constante. Luego de llorar mientras le abraza, Karla ya está lista para encontrarse de nuevo con su mascota.

Pelusa luce diferente a como pudo verse días atrás, su pelaje aún muestra los restos de la enfermedad pero sus ojos más abiertos y sus reacciones han vuelto casi a la normalidad; pero sobre todo reconoce a su dueña, quien ya no tiene atenciones para nadie más que para su pequeña felina blanca.
Para Alondra Aguilar los cuidados posteriores son esenciales. «Puede ser un poco más vulnerable porque las defensas están completamente bajas. Entonces, hay que tener en cuenta de que salga de un cuadro no significa que no pueda volver a recaer», comenta.
Según la especialista, lo esencial es que el espacio donde conviven los gatos esté desinfectado, que tengan completas y actualizadas sus vacunas. «Se lleva un proceso de recuperación con vitaminas y probióticos para su estómago», finaliza.
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