Con bailes tradicionales, música patriótica o enarbolando banderas, muchos simpatizantes del gobierno talibán celebraron este sábado en Kabul los cinco años del regreso al poder del movimiento islamista en Afganistán.
Con bailes tradicionales, música patriótica o enarbolando banderas, muchos simpatizantes del gobierno talibán celebraron este sábado en Kabul los cinco años del regreso al poder del movimiento islamista en Afganistán.

Los talibanes celebran este sábado el quinto aniversario de su regreso al poder en Afganistán, reivindicando la «independencia» y la seguridad en el país, donde la población sufre no obstante unas «restricciones agobiantes», en especial las mujeres, según la ONU.
Kabul amaneció con banderines y carteles en las calles que proclaman que «el 15 de agosto es el día en el que la Nación afgana izó la bandera de la fe, del honor y de la independencia». Motos, vehículos y rickshaws circulaban luciendo las banderas blancas y negras del Emirato Islámico de Afganistán, como se llama oficialmente el país desde agosto de 2021.
Cientos de partidarios del poder, hombres y niños pero casi ninguna mujer, se reunieron cerca de la antigua embajada estadounidense, bajo la mirada de las fuerzas de seguridad armadas y en medio de un ambiente festivo, donde no faltaron las selfis con banderas de todos los tamaños.
Cientos de ellos se congregaron en una rotonda cercana a la embajada de Estados Unidos, cerrada desde que se retiraron las fuerzas armadas estadounidenses dos semanas después de que los insurgentes talibanes penetraran en la capital afgana, el 15 de agosto de 2021.
«Estamos felices y tenemos muchas esperanzas puestas en el futuro de Afganistán», dijo a AFPTV Mohamad Daud Rahmani, un empresario de la construcción que es oriundo de la provincia de Kandahar, en el sur del país, cuna del movimiento talibán.
«Hoy estamos de fiesta en Kandahar y en otras provincias, pero, para nosotros, estar en Kabul nos supone una alegría distinta», agregó, instando a los países de todo el mundo a forjar lazos con el gobierno talibán.
Este «día de la Victoria (…) quedará grabado con letras de oro en la Historia de Afganistán», declaró en X el portavoz del gobierno talibán, Zabihullah Mujahid.
El 15 de agosto de 2021, tras una ofensiva relámpago, los insurgentes del movimiento talibán penetraron en Kabul sin enfrentar resistencia, veinte años después de haber sido expulsados de allí por los estadounidenses.
Tras ello, miles de afganos, temerosos de ese movimiento, que defiende la aplicación de una visión muy estricta del islam, corrieron hacia el aeropuerto de Kabul. Algunos incluso se agarraron a los aviones antes del despegue para que las fuerzas occidentales los evacuaran.
El 30 de agosto de 2021, el último soldado estadounidense dejó Afganistán y puso fin a la intervención más larga de Washington en ese país, ordenada en respuesta a los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Apiñados en la parte trasera de una camioneta, en motos o con medio cuerpo asomando por las ventanillas de los autos, hombres y niños ondeaban las banderas blancas y negras del Emirato Islámico de Afganistán.
Desde hace días, los vendedores callejeros las ofrecen de todas las tallas en diferentes puntos de la ciudad.
Algunos miembros de las fuerzas armadas talibanas, que lucen barbas muy largas, bailaban con granadas en la mano.
A una mujer, vestida con un chador verde y un velo negro, no tardaron en pedirle que dejara de posar y de hacerse selfis, y se marchó del lugar.
Unos niños, orgullosos, se dejaron ver luciendo uniforme militar y con pistolas de plástico.

«Falta de empleo» y seguridad
El ministro de Asuntos Exteriores talibán, Amir Khan Muttaqi, consideró que «el capítulo de la guerra ha terminado» y llamó a los estadounidenses «a reabrir su embajada e invertir», en una entrevista publicada el viernes por el New York Times.
El gobierno talibán se jacta de haber mejorado la seguridad para una población traumatizada por 40 años de guerras y atentados.
También promueve «la autosuficiencia» económica en un país que tiene vetado el acceso al sistema bancario internacional, y apuesta en gran medida por el sector minero, recordó su portavoz, Zabihullah Mujahid, en julio.
De momento, sólo Rusia reconoce al gobierno talibán pero esto no le ha impedido forjar relaciones con países extranjeros, algunos de ellos pertenecientes a la Unión Europea, para cuestiones migratorias.
«Se han construido carreteras, hay muchas oportunidades para que los emprendedores lancen sus negocios», dijo a la AFP en Kabul Pirooz Mirzaie, un estudiante de 20 años. Pero, reconoció, «el mayor desafío para los jóvenes es la falta de empleo».
A pesar de que la economía afgana registró un crecimiento del 4,8% en 2025, el nivel de vida de la población ha bajado debido al regreso de más de seis millones de afganos procedentes de Irán y Pakistán desde 2023, según el Banco Mundial.
El cambio climático y la guerra con Pakistán, que mató a cientos de civiles e interrumpió las transacciones comerciales, agravan la crisis humanitaria.
Alrededor de 14 millones de afganos padecen hambre aguda, según la ONU.
«Vivir en una tumba»
«Los afganos han tenido que sufrir, en los últimos cinco años, la introducción y la consolidación de unas restricciones agobiantes en casi cada ámbito de su vida y de los derechos humanos», declaró a la AFP Fiona Frazer, directora de la sección dedicada a los derechos humanos en la misión de la ONU en Afganistán.
Con los talibanes, está prohibido escuchar música, ver películas de ficción o que funcionarios y estudiantes tengan celulares inteligentes.
También implementaron los castigos corporales y obligan a los hombres a llevar barba y a las mujeres a que se cubran totalmente de pies a cabeza.
Ellas son el principal blanco del gobierno y tienen prohibido poner un pie en parques y gimnasios y no se les permite acceder a la mayoría de trabajos.
Afganistán es el único país del mundo que prohíbe a las chicas hacer estudios de secundaria o ir a la universidad. La Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra dos altos funcionarios talibanes, incluido el jefe supremo, Hibatullah Akhundzada, por «persecución» de las mujeres.
Durante las celebraciones del sábado, S., una estudiante de 23 años que estudia por internet desde que le prohibieron continuar con su formación, se quedará en su casa de Kabul, escuchando música prohibida, contó a la AFP. Pidió mantenerse en el anonimato por razones de seguridad.
«Estos cinco años han sido tan horribles que me siento como una mujer de 500 años que no puede morir, condenada a vivir en una tumba», apostilló.
Bidones, tanques y bailes pastunes
Un grupo de hombres acudió a los festejos con bidones amarillos de plástico, como los que lanzaban los talibanes, llenos de explosivos, contra las fuerzas de la exrepública afgana y de la coalición occidental.
«Estoy feliz pero también triste», admitió Mohamad Alim, de 23 años. Según contó, perdió a su padre, combatiente talibán, durante la guerra contra Estados Unidos y sus aliados.
La música profana está oficialmente prohibida pero los simpatizantes de los talibanes hicieron sonar, a todo volumen, canciones patrióticas, entre el ruido de los petardos y de los helicópteros militares que sobrevolaban la ciudad.
También hubo quien se arrancó a bailar danzas tradicionales pastunes, la comunidad principal de Afganistán, de la que proceden la mayoría de los dirigentes talibanes.
En la rotonda de los Caballos, las autoridades colocaron uno de los vehículos Humvee que los soldados estadounidenses y sus aliados abandonaron durante su retirada en 2021. Pero también un tanque ruso, símbolo de la derrota de los soviéticos, que ocuparon Afganistán hasta inicios de 1989.
Las autoridades también organizaron un desfile de atletas masculinos, pues a las mujeres les tienen prohibido ir al gimnasio.
En cambio, el ambiente era más tranquilo en otros barrios de la capital.
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