David Hearn es uno de al menos cuatro individuos que afrontan cargos por supuestamente vandalizar el estanque tras una reforma impulsada por el propio Trump, que ordenó pintar el fondo de color azul y reparar sus tuberías
David Hearn es uno de al menos cuatro individuos que afrontan cargos por supuestamente vandalizar el estanque tras una reforma impulsada por el propio Trump, que ordenó pintar el fondo de color azul y reparar sus tuberías

El exdeportista olímpico estadounidense David Hearn se declaró este jueves no culpable de vandalizar el Estanque Reflectante frente al Monumento a Lincoln, en Washington, que fue recientemente restaurado por el Gobierno del presidente Donald Trump.
Hearn, de 67 años, compareció ante un tribunal del Distrito de Columbia tras ser acusado de un único cargo de destrucción de propiedad por supuestamente haber arrancado parte del revestimiento del fondo del estanque.
La jueza Carmen McLean dejó en libertad condicional a Hearn, quien deberá acudir a una nueva audiencia el 5 de agosto.
Un grupo de manifestantes se concentró a las puertas del tribunal, donde gritaron consignas a favor del excanoísta, conocido como Davey, y en contra de la Administración de Trump.
Hearn es uno de al menos cuatro individuos que afrontan cargos por supuestamente vandalizar el estanque tras una reforma impulsada por el propio Trump, que ordenó pintar el fondo de color azul y reparar sus tuberías.
La fiscal federal del Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, muy cercana al presidente, alega que Hearn arrancó «con fuerza y violencia» un trozo del fondo del estanque el 19 de junio, una acusación que la defensa del exdeportista considera «indignante».
Según Hearn, se detuvo frente al estanque durante un paseo en bicicleta y tocó por curiosidad un trozo del revestimiento que ya estaba desprendido, pero niega haberlo arrancado.
La reparación del Estanque Reflectante del Monumento a Lincoln ha sido una prioridad para Trump dentro de su plan de reformar Washington con motivo del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos.
El estanque, famoso por ser el escenario del discurso ‘I Have a Dream’ de Martin Luther King en 1963 y por aparecer en la película Forrest Gump (1994), fue restaurado y pintado de azul con un costo de 14 millones de dólares, superior a lo previsto, y días después volvió a teñirse de verde por una plaga de algas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha mostrado en los últimos días su preocupación por el estado del Estanque Reflectante de la Explanada Nacional de Washington, que se ha deteriorado y teñido de verde tras una costosa reforma, y ha apuntado a actos vandálicos como causa de los daños.
Con asuntos tan importantes sobre la mesa del Despacho Oval como el cierre de las negociaciones de paz con Irán, el impulso a la imagen de un gobierno cada vez más impopular por el precio de la gasolina o las grietas en el bloque republicano del Capitolio, analizamos en cinco claves, por qué Trump ha convertido el Estante Reflectante en cuestión de política nacional.
El estanque, largo y poco profundo, construido en la primera mitad de la década de 1920 para reflejar en el agua el Monumento a Washington y el Monumento a Lincoln, se ha convertido en símbolo de la política de Estados Unidos, con momentos tan icónicos como el mitin «I Have a Dream» de Martin Luther King Jr. en 1963 o las protestas contra la guerra de Vietnam cuatro años más tarde.
También hay margen para la ficción con escenas cinematógraficas que han pasado al imaginario colectivo global, como el emotivo reencuentro entre los protagonistas de «Forrest Gump».

El Estanque Reflectante ha tenido problemas de filtraciones, mala calidad del agua y proliferación de algas desde su construcción, ya que se asienta sobre un terreno pantanoso.
Aunque ya se impulsó una reforma en 2009, ejecutada durante el mandato de Barack Obama, no se resolvieron las complicaciones de la instalación.
Como parte de su proyecto de remodelar y «embellecer» Washington por los 250 años de independencia de Estados Unidos, Trump acometió otra reforma hace unos meses.
Las obras, que se proyectaron por unos 1,8 millones de dólares, pero han terminado costando casi 16 millones, consistieron en vaciar la instalación, instalar un nuevo recubrimiento azul oscuro y actualizar el control de algas.
Pocos días después de terminar la reforma, a principios de junio, el color del estanque se volvió verde.

El presidente de Estados Unidos, que buscaba presumir de sus logros en Washington con la obra, atribuye los problemas a actos vandálicos y asegura que alguien ha saboteado el revestimiento de la piscina estropeando el azul del fondo.
Trump también ha insinuado que se habría vertido algún producto químico en el agua para provocar la plaga de algas y el color verdoso, y ha amenazado, a través de mensajes en Truth Social, con penas de diez años de cárcel para quienes causen daños.
Hay entre cinco y siete detenidos por incidentes en el estanque, como tocar el agua o parte del revestimiento que ya se había desprendido.
Especialistas consultados por medios estadounidenses apuntan a que el crecimiento de las algas se debe a causas naturales, como el calor intenso en Washington o el agua estancada.
Por otra parte, documentos gubernamentales obtenidos por «The New York Times» muestran que no hay pruebas de que los cortes en el revestimiento hayan provocado el cambio de color en el estanque ni la proliferación de algas.
Trump había prometido que el estanque estaría listo para el 4 de julio.
Sus rivales políticos apuntan a que se trata de una estrategia para quitar protagonismo a las complicaciones de la incursión bélica en Irán, con unas negociaciones de paz complicadas y a las tensiones en el Partido Republicano por las malas expectativas para las elecciones de medio mandato de noviembre.
La última intriga de vida política de Estados Unidos pasa por saber si el Estanque Reflectante superará sus problemas de filtraciones y algas y brillará con un intenso azul, ya después de la conmemoración de la independencia del país.
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