El galón de diésel en El Salvador ya llegó a $4.30, un precio que ha venido siendo empujado en el último vez a causa del estallido de la guerra en Irán, lo que se traduce en que sectores claves en el país, como el del transporte de carga, tengan que experimentar un aumento en sus costos de operación.
Ayer, por ejemplo, el sector del transporte público de pasajeros señaló que desde ese rubro piden la intervención del gobierno para que los precios del diésel, combustible con el que también opera ese sector, tenga un precio tope, con el fin de evitar situaciones relacionadas con el aumento del pasaje que pagan los usuarios o, en el caso más extremo, un paro generalizado del servicio.
Ante esto, el representante de la Asociación Salvadoreña de Transportistas Internacionales de Carga (ASTIC), Raúl Alfaro, explicó que ese rubro está bajo otras condiciones, las cuales están relacionadas con el libre mercado, es decir, que no están sujetos a tarifas reguladas por las autoridades de gobierno.
Esto, indica, provoca que los transportistas de carga, ante las alzas que está experimentando el diésel, “lo único que pueden hacer es subirle el precio al flete”, y añade: “En cada subida de los combustibles hay un nuevo precio del flete (…) por ejemplo, si yo fuera dueño de una fábrica de camisas y las materias primas suben de precio, yo le tengo que subir a la camisa, así de sencillo”, explica, al mismo tiempo que aclara que, desde la gremial, manejan tablas de precios sugeridos que se van ajustando según las actualizaciones de los precios.
Debido a esta situación, Alfaro considera que el transporte de carga de mercancías tiene una situación “más fácil” que el del transporte de pasajeros, ya que depende del cliente si acepta los nuevos precios por trasladar mercadería hacia diferentes destinos, por ejemplo, Guatemala.
No obstante, admite que si el cliente no desea contratar los servicios de transporte de carga debido a las alzas en el flete, la alternativa que les queda es “no trabajar, o tener que rebajar el precio y perderle al viaje”, ya que, más allá del combustible, el sector debe contemplar otros costos de operación, como el pago a los conductores o la compra de repuestos como llantas, indica.
Por ello, el presidente de la ASTIC considera que el aumento del precio del diésel sí representa una dificultad para el sector, pero añade que, más allá de ese factor, algo que les afecta es la competencia desleal dentro del mismo sector, lo que implica que muchas personas dueñas de camiones y tráilers cobren por debajo del precio que, por lo general, se maneja en el ámbito, lo que provoca que no haya una competitividad justa para todos los ofertantes de este tipo de servicio en el país.