Aunque la inflación en El Salvador se mantiene en niveles bajos en comparación con años anteriores, los precios continúan subiendo, especialmente en el rubro de alimentos, que sigue siendo uno de los principales factores de presión para las familias
Aunque la inflación en El Salvador se mantiene en niveles bajos en comparación con años anteriores, los precios continúan subiendo, especialmente en el rubro de alimentos, que sigue siendo uno de los principales factores de presión para las familias

El alza constante de precios en los bienes de consumo y, principalmente, de los alimentos, sigue sin dar tregua a las familias salvadoreñas, las cuales volvieron a experimentar presiones en su economía familiar durante el mes de febrero, de acuerdo con los datos más actualizados del Banco Central de Reserva (BCR) y de la Oficina Nacional de Estadística y Censos (ONEC).
Puntualmente, con respecto a la inflación, los datos del BCR arrojan que, para febrero, la tasa de crecimiento anual (con respecto a febrero de 2025) aumentó en comparación con la tasa que se registró en enero, alcanzando el 1.17%, una cifra mayor que el 0.06% de inflación que se registró hace un año.
Dentro de los rubros que componen el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que es el indicador que da pie al cálculo general de la inflación, puede observarse que el de los alimentos es uno de los que más aumentó en ese período de tiempo, pasando de una inflación del -0.55% en febrero del año pasado a una de 1.38% en el presente año.
Pero, ¿qué significa este porcentaje? El IPC es el indicador que se utiliza actualmente y se estableció en 2009, fecha de su última modificación, y es la base para medir el comportamiento que tienen los precios del conjunto de bienes y servicios que requieren las familias. Como ese índice se fijó sobre la base de 100, a partir de ese número, cualquier aumento o disminución en los precios de bienes y servicios se va sumando a esa base. Según el BCR, el IPC para febrero llegó a 131.60, lo que significa que el costo de la vida ha aumentado en 31.6% desde 2009, y si se compara con el IPC registrado en febrero del año pasado, podemos concluir que, desde entonces, los bienes y servicios se han vuelto 1.17% más caros.

Por otro lado, otros rubros que han experimentado un incremento inflacionario son las bebidas alcohólicas, que pasaron del 1.11% en 2025 a 2.55% en 2026. Asimismo, los bienes y servicios diversos también tuvieron una tasa más alta, pasando del 1.29% a 1.66% en un año.
No obstante, algunos rubros como el de transporte o el de prendas de vestir y calzado sí tuvieron una disminución en su tasa de crecimiento inflacionario, pues ambos rubros presentaron reducciones de -0.92% y – 0.34%, respectivamente, una disminución que ya se percibía desde febrero del año pasado.
En este sentido, y al comparar las tasas de inflación actual con las registradas en años anteriores, como la alcanzada en junio de 2022 cuando se colocó en 7.76% (la más alta de los últimos años), podría percibirse que los precios de los productos en el país están disminuyendo y que la economía nacional se encuentra en deflación, sin embargo, eso no sucede así ya que la tasa de inflación refleja la velocidad a la que suben esos precios, por lo que un porcentaje bajo se traduce en que los aumentos están siendo menos agresivos que en años anteriores.
De hecho, si se revisa el IPC para junio de 2022, cuando se registró la tasa de inflación más alta, puede observarse que ese índice se colocaba en 124.47 puntos, es decir, que incluso en ese año los precios del conjunto de bienes y servicios eran más bajos que los registrados durante febrero de 2026.
Para muestra, la comida
La Canasta Básica Alimentaria (CBA) es un indicador clave para demostrar el impacto de la inflación en la economía de las familias, sobre todo porque agrupa uno de los principales bienes de consumo como lo son los alimentos, y los cuales durante febrero volvieron a experimentar un aumento que, pese a no ser demasiado fuerte, sí representa una nueva presión principalmente para las familias con economías más vulnerables.
Según la ONEC, para este segundo mes del 2026, el precio de la CBA para el sector urbano alcanzó los $252.66 por familia, lo que representa un aumento de hasta $1.83 con respecto a enero, mientras que, para las familias del campo, el nuevo precio alcanzó los $183.52, registrando un aumento ínfimo de solo $0.26 mensuales.
Estos aumentos, aunque pueden considerarse como poco significativos si se comparan con los precios de enero, siguen consolidando ese aumento sostenido que ha tenido el precio de la comida en los últimos años, pues en comparación con el año 2020, por ejemplo, cuando el precio de la CBA Urbana estaba en $199.24, los alimentos han subido en más de $53.
Para el área rural, por otro lado, el aumento que ha tenido el conjunto de alimentos que estipula la ONEC equivale a más de $37 por familia.

Este último dato, que se refiere a lo que gastan las familias del campo para adquirir sus alimentos, adquiere especial importancia si se valoran algunas advertencias que organismos internacionales han hecho en los últimos días, pues según la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (Fews Net, en inglés), algunas coyunturas como los fenómenos climáticos y la misma inflación han empujado a los hogares del área rural salvadoreña a racionar la cantidad de alimentos que compran, todo para lograr cubrir las necesidades básicas más allá de la comida.
El costo de la CBA se calcula, para el sector urbano, con base al consumo de 3.73 miembros, mientras que para el sector rural se calcula con base al consumo de hasta 4.26 miembros, lo que quiere decir que una familia con más integrantes de lo que estipula la ONEC en su cálculo, necesita gastar todavía más dinero para comprar su comida. Ese cálculo de precio se basa en la dosis diaria de calorías a partir de distintos alimentos como harinas, carnes, grasas o verduras, que necesitan las familias y, mientras para las familias urbanas se toman en cuenta 22 alimentos, para las familias del campo se toman en cuenta 20, omitiendo el pan francés y las verduras.
Por otro lado, cabe señalar que los datos más recientes divulgados por las instituciones oficiales no incluyen las presiones internacionales que se han registrado en los últimos días sobre los precios del petróleo, el cual en las últimas semanas experimentó aumentos abruptos debido al estallido del conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Algunos sectores productivos en el país, aunque consideran que el impacto será mínimo, sí consideran que el aumento de precios en el petróleo, y en consecuencia en los combustibles, podría derivar en un aumento generalizados en los bienes de consumo, entre ellos los alimentos, sobre todo por la alta dependencia del transporte de carga, el cual se ve afectado por los incrementos en los precios del diésel.

El pasado lunes 16 de marzo, por ejemplo, los combustibles en El Salvador registraron aumentos de hasta $0.26 por cada galón, un monto que podría dar paso a la especulación en el mercado y a subir los precios de la comida y otras mercancías.
Sin embargo, tanto el Centro para la Defensa del Consumidor (CDC), como la Defensoría del Consumidor, han advertido que en el contexto actual todavía no existe una justificación real para subir de forma arbitraria los precios de los alimentos.
Aún así, el sector agropecuario, el sector industrial y de comercio, han reiterado que el comportamiento de los precios para los próximos meses dependerá exclusivamente de cuánto tiempo se extienda el conflicto en Medio Oriente.
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