Según datos del BCR, la producción
cafetalera incluye hasta 16,163 parcelas distribuidas en 105,741 manzanas de terreno en todo el país. Factores climáticos y el abandono de fincas han provocado la drástica disminución.
Según datos del BCR, la producción
cafetalera incluye hasta 16,163 parcelas distribuidas en 105,741 manzanas de terreno en todo el país. Factores climáticos y el abandono de fincas han provocado la drástica disminución.

El Banco Central de Reserva (BCR) publicó ayer la segunda entrega de los resultados del V Censo Agropecuario y I de Pesca, el cual realizó durante buena parte del 2025 y que arroja datos interesantes sobre la producción de los distintos sectores en el país.
Uno de los rubros que ya cuenta con datos actualizados es el del café, el grano de oro salvadoreño, y el cual en las últimas décadas ha venido disminuyendo su producción y su aporte a indicadores clave de la economía, como el de las exportaciones, debido a diversos factores relacionados con el clima y las propias dinámicas de los productores salvadoreños.
Puntualmente, según los nuevos datos, el país actualmente cuenta con hasta 105,741 manzanas cultivadas de café en todo el país, una cifra que se queda bastante lejos de la cantidad de terreno que ocupaban los cultivos de grano en 2016.
En 2016, la Organización Internacional de Café (OIC) publicó el Perfil de País Cafetero para El Salvador, y en él puede observarse que el total de área cultivada de café que se registraba, hasta ese entonces, alcanzaba las 132,890 hectáreas de terreno, una cifra que equivale a 190,033 manzanas, es decir que en los últimos diez años el sector cafetalero ha perdido hasta 84,292 manzanas de terreno para cultivar café, algo que se asocia con distintas causas.
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En este sentido, cabe señalar que la propia OIC ya daba luces sobre el contexto bajo el cual se encontraba el sector cafetalero en 2016, pues en su informe ya hacía referencia al impacto de plagas como la roya.
“En el año 2012 la región centroamericana y otros países productores de Latinoamérica, fueron impactados por un fuerte ataque de la roya del cafeto (Hemileia Vastatrix), atribuido fundamentalmente al fenómeno del cambio climático. El Salvador fue uno de los más afectados debido a una caficultura muy vulnerable, con variedades susceptibles al ataque y un parque cafetalero bastante envejecido; los estimados de la incidencia llegaron a más del 60%. Ello fue el factor principal para que la cosecha 2013/14 presentara una caída cercana al 60%, pasando de 2.24 millones de sacos a 506,300 de sacos”, puede leerse en el documento.
A esto se suma las propias dificultades estructurales a las que se enfrenta el sector, las cuales, según un informe publicado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos el año pasado, se deben a que “El sector cafetalero salvadoreño continúa careciendo de una estrategia integral orientada a garantizar la sostenibilidad y la rentabilidad de los productores de café”, y hace referencia a que los programas de asistencia que se han implementado desde el gobierno en los últimos años, no han sido efectivos para poder superar la situación negativa en el sector.
Pero, ¿por qué se han perdido tantas manzanas de terreno cultivado con café? según el análisis de la institución estadounidense, la misma roya (que ya venía cometiendo estragos en distintos períodos desde 2012) y “los patrones climáticos erráticos que afectan la floración”, han provocado en los últimos años la pérdida de granos que ya estaban cultivados, lo que desembocó en la pérdida de mano de obra de los recolectores.
En números, según ese informe, por cada 100,000 quintales del grano que se pierden, también se pierden hasta 10,000 empleos, lo que reduce en gran medida la fuerza laboral disponible para poder trabajar la tierra, y apunta que “cada vez más fincas de café están siendo abandonadas o dedicadas a la producción de granos básicos, privando al país de su principal fuente de forestación y retención de agua”.
Desde 2020, la cantidad de empleos generados cada año para la temporada de corta de café, ha ido variando, y solo entre la temporada 2023-2024 y la 2024-2025, se perdieron hasta 3,305 empleos. Esta debilidad en el sector empuja a que los jornaleros tengan que emigrar, ya sea fuera del país, o hacia zonas más urbanas dentro del territorio nacional.
Según los datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, hasta la fecha de ese informe, un 35% de los productores ya habían dejado en abandono sus fincas, una cifra que podría empeorar si no se toman medidas como el trabajo colaborativo entre el sector productivo y el gobierno, incluyendo facilidades en los créditos y el fortalecimiento de áreas como la investigación, la asistencia técnica y el control de calidad, sin dejar de lado aspectos cruciales como el empleo de los agricultores o la propia seguridad alimentaria para el sector.
Además, la longevidad de los plantas de café también juega en contra, pues según el organismo estadounidense en el país muchos cafetos tienen más de 15 años de haber sido sembrados, lo que implicaría que su vida útil de producción ya caducó, lo que obliga a los productores a sembrar hasta 7 millones de nuevas plantas cada año para compensar la pérdida de las que ya murieron.
No obstante, esa cantidad no es suficiente para renovar la totalidad del parque cafetalero, el cual necesitaría hasta 30 millones de nuevos cafetos resistentes a la roya durante 10 años para garantizar la sostenibilidad de la producción del grano de oro, de acuerdo con la entidad.
Además del dato sobre la cantidad de terreno cultivado, el Censo elaborado por el BCR también recoge cuáles son las zonas con la mayor cantidad de cultivos en relación con la altura en el país.
Por ejemplo, la mayor cantidad de terrenos cultivados (hasta 51,991 manzanas) se encuentran en tierras con altitudes que van desde los 801 hasta los 1,200 metros sobre el nivel del mar (msnm), que es el que se le conoce como café de media altura, mientras que el café de estricta altura ocupa hasta 43,578 manzanas de tierras ubicadas en altitudes superiores a los 1,200 msnm, lo que implica la importancia que tienen las cordilleras y las zonas montañosas del país en la producción cafetalera.
Por su lado, el café bajío, que es el que se cultiva en zonas con alturas que van desde los 500 hasta los 800 msnm ocupa solo 10,172 manzanas de terreno cultivado en el país. El café de altura es el que más envía el país hacia sus socios comerciales en el extranjero, principalmente, hacia Estados Unidos.
Por su parte, la variedad de café Cuscatleco, según los datos del Censo, es la que lidera el panorama cafetalero con más de 41,000 parcelas cultivadas, consolidándose como el pilar de la producción actual, asimismo, le siguen otras como el Bourbon y el Pacas, que juntos suman cerca de 46,000 parcelas, mientras que otras variedades como el Catuai ocupan un espacio mucho más reducido, con apenas 675 parcelas.
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