Las presiones inflacionarias sobre el precio de los alimentos que consumen las familias del país continúan y, a la fecha, acumulan varios incrementos consecutivos de hasta $9.50 en un año, de acuerdo con los datos más recientes de la Oficina Nacional de Estadística y Censos (ONEC).
Según las cifras oficiales de la entidad, en abril el precio de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) para el sector urbano llegó a $256.70, que es el costo aproximado mensual para una familia de hasta 3.73 miembros, calculado con base en las necesidades calóricas diarias.
En este sentido, este aumento refleja lo que otros indicadores han venido arrojando en meses recientes, como el caso de la inflación, la cual alcanzó una tasa de crecimiento del 2.16% en abril, impulsada por los aumentos de los combustibles y, precisamente, de los alimentos.
Para el caso de las familias del campo, la CBA alcanzó un precio de $186.10 y es hasta $7.34 más cara que hace un año. En este caso, la ONEC calcula dicho precio con base a las necesidades de consumo calórico de una familia de hasta 4.26 miembros.
Estos aumentos representan una variación de hasta $2.06 para el área urbana y de hasta $0.65 para el área rural si se comparan con los precios registrados en marzo.
El cálculo del precio de la CBA urbana se basa en hasta 22 alimentos distintos, entre los cuales están: pan francés, tortillas, arroz, pollo, carne de res y de cerdo; aceite, margarina o manteca vegetal; huevos, leche y frutas como naranja, plátano y guineo; frijoles y verduras como papa, cebolla, chile verde, tomate, güisquil y repollo, así como el azúcar. En el caso de la CBA rural, el costo se calcula de forma similar con la excepción de que no incluye el pan francés ni las verduras.
Las familias del campo, las más golpeadas
A pesar de que, superficialmente, pareciera que las familias del campo enfrentan menos incrementos en los precios de los alimentos, son las que, de hecho, mantienen mayores dificultades para adquirir sus alimentos. De acuerdo con la Red de Sistemas de Alerta Temprana Contra la Hambruna (FEWS NET, por sus siglas en inglés), “los hogares del área rural (especialmente aquellos que han acumulado deudas a lo largo de varias temporadas de producción por debajo del promedio) dependen cada vez más de diversas estrategias de afrontamiento para preservar el consumo de alimentos, en un contexto de precios de los alimentos básicos superiores a la media y reservas de alimentos de producción propia agotadas o inferiores al promedio”.
Lo anterior, que obedece a un informe publicado por dicha entidad en marzo, es un escenario que en los próximos meses podría empeorar gracias a otras circunstancias que añadirán más presiones sobre las familias, como lo es la influencia del fenómeno meteorológico de El Niño y la aún persistente guerra en Irán. De acuerdo con la misma entidad, el incremento de los combustibles a causa del conflicto en Irán “podría erosionar aún más el poder adquisitivo de los hogares, restringiendo el acceso a los alimentos para los hogares pobres”.
La relación entre estos puntos radica en que el traslado de mercancías a zonas remotas en el país se vuelve más caro por el precio del diésel, algo que terminaría afectando el precio final de los productos que consumen las familias del campo.
A esto se suma el período de sequía extenso que se espera para los próximos meses, algo que también afectará la capacidad de producción de alimentos de aquellos hogares que cultivan granos u hortalizas para su propia subsistencia. La influencia de El Niño, según pronósticos de organismos internacionales, podría percibirse a partir de la segunda mitad de julio.