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La libélula que despidió a Krisma Mancía, una epifanía poética en Olocuilta

La comunidad artística salvadoreña despidió a la poeta Krisma Mancía en Olocuilta con un hecho singular: la visita de una libélula que sus amigos y colegas asumieron como un reconfortante y poético abrazo de adiós.

Poeta salvadoreña Krisma Mancía
Retrato de la poeta salvadoreña Krisma Mancía con un collar de libélula, generado con herramientas de IA. Foto / EDH

El pasado 25 de julio, bajo el ambiente doloroso del duelo, parte de la comunidad literaria y artística salvadoreña acudió a Olocuilta para rendir el último adiós a la escritora, poeta y gestora cultural Krisma Mancía, quien falleció la madrugada de ese sábado.

Entre flores, velas y tradiciones, un pequeño visitante alado robó la atención de ciertos presentes y dejó una estela de consuelo en las redes sociales.


Durante las honras fúnebres, una pequeña libélula rondó pacientemente a varias de las asistentes. El detalle, en apariencia cotidiano, cobró un giro mágico cuando la escritora y docente Lauri García Dueñas relató el momento en sus plataformas digitales.

“Mientras comíamos, una libélula se posó en nuestras manos, nos miró mucho tiempo y luego voló”, compartió García Dueñas, quien asistió junto a la poeta Libertad Cuéllar.

Conversando con otras colegas, descubrió que Krisma se identificaba con estos insectos —incluso solía portar un collar con esa forma— y reflexionó sobre la naturaleza del dolor y la fe en lo imperceptible en el post de Facebook: “Las poetas creemos en lo invisible. ¿Qué hace la poeta? ‘Guarda el fuego divino. Salva y regala la belleza’, según Claudia Lars… No hay un trasfondo científico para esta anécdota. No me lo pidan. Hay un trasfondo poético. Abrazos para quienes la seguiremos llorando. Fuerza», concluyó.

Para Dinora Alfaro, directora y actriz de teatro que también acudió al velorio, la visita del insecto llegó en el instante exacto.

Momentos después que García Dueñas y Cuéllar se retiraron, al mirar el ataúd con incredulidad y preguntarse dónde estaría la esencia de la escritora en ese preciso instante, la misma libélula se posó suavemente sobre su pierna. “Sonreí porque sentí que la respuesta me había encontrado y sorprendido… me hace feliz saber que Krisma es ahora libre y vuela”, detalló en el comentario que dejó en el muro de García Dueñas.

En las tradiciones espirituales, las libélulas son vistas como mensajeras del renacimiento, la luz y la transformación espiritual; criaturas capaces de transitar entre mundos y recordar la adaptabilidad del alma tras los quiebres de la vida.

Portada del libro "Nueva cosecha" de Krisma Mancía
Portada del libro «Nueva cosecha» de Krisma Mancía. Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://krismatica.wordpress.com/2017/09/29/krisma-mancia-y-su-nueva-cosecha/

Para un gremio que encuentra respuestas en la metáfora, el episodio fue asumido como el abrazo de despedida de una autora cuya sensibilidad rebasaba la página.

García Dueñas —quien además dedicó una columna a la memoria de la autora en Revista Factum— plasmó el sentir colectivo de un gremio que hoy llora la partida física de su compañera, pero que abraza la permanencia de sus letras.

Como lo definiera agudamente el escritor Pablo Narval en una reseña sobre el libro Nueva cosecha de la salvadoreña en septiembre de 2017: “Krisma Mancía es un poema que escribe y nos cuenta… ella toda es un poema que nos aclara que la poesía es la única que puede penetrar la realidad humana y hacerla respirar hasta el final de los tiempos y salvarnos”.

La voz de Krisma Mancía se apagó físicamente el 25 de julio de 2026, pero la metáfora de su vuelo en Olocuilta quedará suspendida en la memoria de sus amigos y lectores.

Un tierno recordatorio de que, donde haya poesía, la belleza y la libertad nunca mueren.

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