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Carlos Cañas Dinarte: Las universidades no son las infraestructuras, sino la investigación

Tras recibir el premio Exlibris 2026, Carlos Cañas Dinarte aboga por priorizar el rigor investigativo y los fondos de conocimiento sobre la infraestructura física y el uso acrítico de tecnología.

Entrega del premio Exlibris al Académico Destacado 2026 a Carlos Cañas Dinarte
El intelectual envió desde España un video en donde agradeció el premio otorgado por Exlibris, el 29 de octubre pasado en la Universidad Don Bosco de Antiguo Cuscatlán. Foto / cortesía

La entrega del premio Exlibris al Académico Destacado 2026 a Carlos Cañas Dinarte cerró las actividades de la VI Feria del Libro Académico en El Salvador, el pasado 29 de octubre.

Dicho reconocimiento, otorgado de forma unánime por las editoriales universitarias y la sociedad civil, distingue una trayectoria independiente de 41 años dedicada a la investigación histórica y a la producción documental del país, contra todo pronóstico.

Residente en Barcelona, España, desde hace 17 años, el escritor e historiador sostiene que la calidad y el prestigio internacional de las instituciones de educación superior residen estrictamente en su capacidad investigativa de largo aliento, y no en la vistosidad de la infraestructura física o en el gasto publicitario.

En entrevista vía mensajería con eldiariodehoy.com, Cañas Dinarte cuestiona la inmediatez y la falta de financiamiento en la producción intelectual nacional. También propone la creación de fondos para repatriar el conocimiento de la diáspora, la consolidación de redes globales de académicos y la creación de un repositorio digital unificado para la Red Exlibris.

Asimismo, ante la irrupción de herramientas de inteligencia artificial (IA) en las aulas y en las publicaciones, el investigador enfatiza que la tecnología debe ser tratada como lo que es, una herramienta tecnológica subordinada al criterio humano.

«… yo creo que las universidades están llamadas a encontrar mecanismos con los cuales puedan saber aprovechar los recursos que nos otorgan al mundo contemporáneo este tipo de herramientas (IA)».

Carlos Cañas Dinarte, investigador, escritor e historiador.

Frente a lo que él llama el «cherismo» intelectual y las narrativas sin sustento, reclama la instauración de comités editoriales rigurosos que garanticen estándares científicos y resguarden la memoria histórica centroamericana.

En sus declaraciones ha resaltado que la calidad internacional de una universidad reside en su capacidad investigativa y no en la infraestructura o en la publicidad. Asimismo, señala la urgencia de crear bolsas o fondos de investigación para repatriar el conocimiento de intelectuales salvadoreños en el exterior.

¿Cómo pueden las universidades salvadoreñas y la Red Exlibris trascender la investigación inmediatista para financiar proyectos de gran aliento e integrar activamente a los investigadores de la diáspora?
Yo creo que las universidades tienen que invertir más todavía en el aspecto investigativo, pero también tienen que salir de la universidad individual para crear trust o crear sociedades o cooperativas del conocimiento. Dos, tres, cuatro universidades juntas para crear un mismo proyecto, por ejemplo. Un proyecto que abarque diferentes aspectos, que sea interdisciplinar, que pueda incluso presentar ante universidades de otros países, y que todos esos puedan trabajar en conjunto. O sea, aprovechar estos elementos de la diáspora, que muchos de ellos trabajan en universidades de Estados Unidos, de Europa, de Australia.

Integrar a toda esa gente en redes intelectuales, en redes transnacionales, en redes globales que puedan aportarle al país. Yo creo que eso es un reto importante, pero obviamente hay que destinar recursos para que todo eso funcione, no puede ser todo de gratis, o pretendiendo que alguien sea el que ponga el dinero y yo solo voy a poner eh, no sé, la infraestructura que ya tengo. NO. Se trata de bolsearse un poco también.

Más que una crítica es una invitación la que yo estoy haciendo a que nuestras universidades se den cuenta del potencial que tiene financiar a estos grupos de investigación, a estas cooperativas del conocimiento, a estas redes multinacionales, transnacionales, binacionales, multilaterales transdisciplinarias, que pueden generar investigación a corto, mediano y largo plazo.

En este sentido, el intelectual enfatiza que los centros de educación superior deben comprender que investigaciones como estas requieren no solo de financiamiento sino también de tiempo para ejecutarlas. También considera que pueden existir investigadores asociados que no tengan que «marcar tarjetas» para realizar su trabajo. «… la investigación ahora está reglamentada, hay un montón de reglas de espacios que se tienen que cumplir tanto para hacer la investigación como para presentarla en congresos, en academias, en epapers que se publiquen en revistas indexadas o que vayan a dar a editoriales internacionales, por ejemplo».

Usted ha señalado que en el ámbito cultural nacional suele prevalecer el amiguismo, la falta de evaluación crítica y el malinchismo. Desde la perspectiva del ámbito editorial universitario, ¿cuáles deben ser los estándares y mecanismos de dictamen académico para erradicar el «cherismo» intelectual y garantizar investigaciones de rigor contrastable que cuestionen las narrativas pseudohistóricas?
Considero que el «cherismo» está muy dado en El Salvador en cuanto a la autopublicación. Somos muy complacientes en autopublicar y no querer someter un manuscrito ante un editor profesional, por ejemplo. Y ese trabajo creo que lo ha cumplido bastante bien la Red Exlibris.

Carlos Cañas Dinarte, premio Exlibris al Académico Destacado de 2026
Carlos Cañas Dinarte, premio Exlibris al Académico Destacado de 2026. Foto: imagen mejorada con herramientas de IA / cortesía del investigador

O sea, al tener un conjunto de casi 20 universidades que cuentan con editoriales, también existen mecanismos en los cuales estos libros se depuran, se permite eliminar libros que no tengan mucho que aportarle a la sociedad salvadoreña, y por tanto dejarlos de lado y publicarlo sí realmente tiene importancia en diferentes ámbitos.

No solamente se trata de publicar literatura o historia, sino también abrirlo a otras posibilidades. Veo muchos libros de pedagogía, de matemática, de investigaciones en otras áreas; yo creo que todo eso es valioso para un país. Las universidades, obviamente, no son las infraestructuras. No son las últimas tecnologías que tienen que tener. Usted va a Estados Unidos, por ejemplo, a Harvard, a Yale, a Cornell, a Columbia, y muchas de estas universidades tienen computadoras muy antiguas.

Y tienen todavía sistemas de catalogación con base en ficheros de tarjetas como los que había antes, y otras cosas; pero lo importante es que toda la universidad esté en función de la investigación, que toda la universidad esté en función de crear un ambiente adecuado para que eso posibilite, incluso, el surgimiento de premios Nobel dentro de su ámbito académico.

¿De qué manera las bibliotecas y editoriales universitarias del país, o Exlibris, pueden asumir un rol activo en la preservación del archivo histórico y en la sistematización de la memoria literaria que no logra ser digitalizada ni atendida por las instituciones estatales?
Una idea que sería valiosa es que ExLibris podría tener -en conjunto como de 20 universidades del país- un repositorio común donde vayan a dar todas las publicaciones que vayan haciendo y que pueda hacer un archivo que cualquier persona, desde cualquier país del mundo, pueda consultar en PDF, o pueda consultar solo para lectura, para poder citar esas publicaciones en tésis, en epapers, en material doctoral, en material posdoctoral, etcétera.

O podría darse una posibilidad de crear un repositorio de todo lo que la Red Exlibris ha publicado hasta el momento y que pueda ser de consulta universal. Eso podría ser también otra posibilidad. Yo creo que las universidades, los investigadores que ya existen, los investigadores que están siendo formados en estos momentos, (constituyen) un panorama muy prometedor. Pero hay que meterle energía, hay que meterle creatividad, hay que meterle sensibilidad a todo esto para justamente visualizar el futuro o las posibilidades de futuro; sobre todo, porque tenemos una gran cantidad de material que se está investigando.

No obstante, todavía hay pocos mecanismos con los cuales todo eso se puede divulgar. Hay que también salir y trascender. Hay que publicar en otros idiomas, hay que traducir mucho, tanto del castellano hacia el inglés, al francés o al alemán,y traducir de esos idiomas al castellano y divulgarlo en el caso de El Salvador o de la región centroamericana. Hemos perdido, por ejemplo, a Educa, la Editorial Universitaria Centroamericana que desapareció hace muchos años y era un editorial que tenía una presencia regional.

Bueno, ahora necesitamos que una red como Exlibris, por ejemplo, pudiera tener una presencia centroamericana significativa.

«Creo que en el ámbito editorial es importante contar con un consejo asesor de la editorial, igual que la universidad tiene un consejo asesor en general, pero también es importante que los editores puedan contar con personal especializado en determinadas áreas y no delegar todo en manos de la IA».

Carlos Cañas Dinarte, investigador, escritor e historiador.

En un contexto donde la producción de contenido suele delegarse a herramientas automáticas o narrativas propagandísticas, usted defiende la investigación como un proceso de autosuperación y creatividad estrictamente humana. ¿Qué llamado hace a las facultades de ciencias humanas y a las editoriales académicas para formar investigadoras e investigadores que empleen la tecnología (llámese IA) únicamente como herramienta, manteniendo la rigurosidad, la creatividad y la sensibilidad crítica en las letras?
Yo creo que las inteligencias artificiales son una herramienta igual que el resto de los mecanismos que tienen que ver con la internet y, bueno, con los más recientes trabajos cuánticos. Todo eso tiene que ver con el progreso y el desarrollo de la humanidad. Sin embargo, creo que se le ha dado excesiva importancia al hecho de que la IA sea la encargada de hacer todo este tipo de creatividades e investigaciones. Yo creo que no, creo que es como tener abierto el Word y que sea el humano el que le dé uso a esa herramienta.

Indudablemente, hay que contar con repositorios y con bibliotecas digitalizadas, pues es una enorme maravilla. Nos permite acceder a conocimiento que hace 10 años no teníamos al alcance. Es una forma muy práctica de poder escudriñar el pasado, por ejemplo, pero no solamente tiene que ver con eso, también en las áreas como la ciencia biológica, las ciencias médicas, la astronomía, muchos campos, que pueden utilizar la IA y pues los recursos cuánticos para poder avanzar, para poder hacer cosas, pero siempre y cuando la veamos como herramientas, no como un fin en sí mismo ni como la totalidad del conocimiento.

Creo que en ese sentido nuestras universidades tienen un reto enorme y es preparar a los futuros académicos e investigadores para ese mundo en el cual ya estamos inmersos. O sea, la IA está ahí.

Portada y contraportada del libro "Sakuras y maquilishuats" de Carlos Cañas Dinarte
Portada y contraportada del libro «Sakuras y maquilishuat» de Cañas Dinarte, lanzado recientemente, que permite admirar el trabajo realizado por el área de Diseño de la Editorial Universidad Don Bosco. Foto / cortesía del autor

Al valorar el Premio Exlibris como un galardón otorgado de forma unánime por las editoriales universitarias y la sociedad civil, y en el marco de sus 41 años de trayectoria independiente, ¿qué mensaje envía a las nuevas generaciones de académicos que desean publicar y rescatar la historia de El Salvador sin ceder su agenda a favoritismos gubernamentales ni caer en el desánimo ante la escasez de recursos?
¿Qué nos impide soñar? El soñar también nos da esos elementos, y creo que en ese sentido no hay que desanimarse ante la escasez de recursos, sino que hay que aplicarle más creatividad al hecho de que no existen esos recursos, pero no hay que conformarse. Considero que a veces se hace mucho con poco dinero. Viajar 24 horas a Madrid, por ejemplo, para hacer una investigación, irme en autobús, regresarme en autobús, pagar tres tiempos de comida, el transporte interno y todo lo demás, para mí es un equivalente a unos $120.

Pero lo que yo investigo en esas 24 horas de trabajo -de ir, entre ir, regresar, estar ahí, que son más o menos como 9 a 10 horas de trabajo-, es un material que me dura varios meses. O sea, de sentarme, de estudiarlo, de leerlo, de sacar los archivos, de poder contrastarlos. Encontrar otros materiales, producirlo; todo eso ha derivado en libros, como las fábulas de Salarrué o las traducciones de Claudia Lars. Ha derivado en otras investigaciones que van saliendo, pero se necesita que alguien financie todo ese tipo de material.

En mi caso, he tenido la suerte que algunos amigos, algunas personas colaboradoras, me han dicho: «Mira, aquí tengo los 120 dólares, te los voy a dar y andate a investigar. Yo creo en lo que estás haciendo». Entonces, claro, a mí me corresponde agradecerles a todas estas personas cuando se publican los libros, darles mis agradecimientos en esos materiales.

Sin esta gente yo no habría podido hacer en 17 años, viviendo aquí en Barcelona, lo que he estado haciendo. Gracias a todas esas personas que han creído en mi trabajo, es que hoy he podido estar ejecutando este tipo de investigaciones.

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