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Palabras/Jardín de ausencias

Pese a las lejanías entre yo y la fronda, siempre está allá, cuando cierro los ojos, aspiro su fragancia y vuelvo a encontrar el esplendor de ayer

Jardín de ausencias, húmedo y escondido. Sólo era visitado por los pájaros de la nostalgia y algún que otro buscador fantasma como yo. Y como en cualquier secreto jardín, las floraciones aparecían y desaparecían el mismo día de su esplendor. Efímeras al fin, terminaban en polvo o en ceniza como las ilusiones. Mas luego de secar, volvían a brotar junto al estanque de mágicos helechos. Igual el amor como las ilusiones volvía a aparecer en aquel íntimo paraíso. Aunque todo
pareciera eterno, cada día era un nuevo milagro en el estanque. Era el ciclo eterno de la vida y del huerto. Aparecer y reaparecer en cada día luminoso o de borrasca. El mismo transcurso solar de todo lo creado. El mismo destino del hombre y del vergel. El mismo tiempo de nuestras vidas, porque éramos similares a los lirios de aquel secreto jardín de ausencias y amores. Por allá volverían el niño, el hombre y el anciano después de tiempos de ausencia. Han pasado los años. Pese a las lejanías entre yo y la fronda, siempre está allá, cuando cierro los ojos, aspiro su fragancia y vuelvo a encontrar el esplendor de ayer. De cuando en cuando vuelven los pájaros de la memoria al huerto aquel detrás del aire, siempre húmedo y frío. Siempre mío. Siempre del imposible.

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