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El juego entre la vida y la muerte que confronta los recuerdos en el Teatro Luis Poma

La Quimera Teatral presenta La partida del 1 al 4 de octubre en el Teatro Luis Poma, una historia sobre el reencuentro, el duelo y las decisiones tras una pérdida.

Detalles de la escenografía de la obra "La partida"
Detalles de la escenografía de la puesta en escena de La Quimera. Fotos René Figueroa / cortesía de la agrupación

El reencuentro involuntario y el peso del pasado convergen en La partida, la propuesta de la agrupación La Quimera Teatral que sube al escenario del Teatro Luis Poma, tras su estreno en 2025.

La puesta en escena, de una hora de duración, sitúa a dos amigos frente a frente durante un velorio, un espacio de pausa forzada donde emergen las memorias, los asuntos pendientes y la inevitable confrontación con la mortalidad humana.

Escrita en 2019 por el dramaturgo mexicano David Silva Carreto, y adaptada al contexto salvadoreño bajo su propia dirección, la obra recurre a una estética minimalista centrada en el trabajo actoral y la contención emocional.

Silva, cofundador de la compañía Rodará y especialista en teatro físico, articuló un proceso de montaje semipresencial entre México y El Salvador, para llevar esta versión al escenario del Poma.

Afiche de la obra de teatro "La partida" de La Quimera
Aficha de la obra de teatro «La partida» compartida en las redes sociales. Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://www.instagram.com/p/DdsU_QNM7K0/?hl=es
Actores de La Partida de La Quimera
Saraí Vásquez y Steven Chamagua son los protagonistas de «La partida». Foto William Castillo / cortesía La Quimera

El elenco está integrado por los actores Saraí Vásquez y Steven Chamagua, intérpretes formados en la Escuela de Teatro del Centro Nacional de Artes (CENAR).

Chamagua asume también la producción del montaje, acompañado por Ale Pira en la dirección asociada y coordinación de escena. La atmósfera sonora está a cargo del compositor e instrumentista Daniel Jiménez.

A través de un espacio desnudo, la producción explora el diálogo entre el dinamismo de los vivos y el inmovilismo de la ausencia. Los actores protagonistas respondieron a las preguntas de eldiariodehoy.com y ofrecieron más detalles.

La obra gira en torno al reencuentro de dos amigos en un velorio tras mucho tiempo sin verse. ¿Cómo trabajaste junto a Saraí Vásquez para construir en escena esa química, nostalgia y complicidad entre ambos personajes?
Saraí Vásquez: La química la trabajamos primero construyendo los personajes de adentro hacia afuera, luego trabajándolos juntos, y como ya teníamos tiempo de conocernos, pues sabíamos la manera en la que trabajábamos cada quien. Ahí se fueron formando los vínculos, los lazos (…) Trabajamos por vínculos, también con ejercicios de conexiones, etcétera. El director también nos ponía a repasar texto con intenciones…

Steven Chamagua: Trabajamos mucho con varias imágenes, como por ejemplo: «¿Cómo le dirías esto a esta persona si fuese otra persona?». Porque como dice mi compañera, sí, nosotros ya nos conocíamos de antes, pero creo que eso también es interesante. Cómo construir una relación que no es la nuestra dentro de la escena; porque estos personajes, si bien tienen algo de nosotros, son diferentes, tienen distintas experiencias, vidas desiguales, recuerdos diversos y, claro, es como ir apropiándose poco a poco de ellos. Trabajamos mucho con David, el director, sobre ese tipo de cosas. Ha sido un poco la experimentación y el juego.

En el hacer vamos encontrando matices de cosas que no son nuestras y que vamos reconociendo al otro personaje en escena y construir esa historia que tenían juntos. Hubo una vez que nos sentamos a pensar en cómo era la vida de estos dos personajes antes de la obra, como era antes de que sucedan las cosas que suceden en la obra. Es como ir apropiándonos de esa historia de ellos dos, teniendo la confianza entre nosotros de experimentar, de jugar y de encontrar cómo son ellos, cómo es su relación, no la de nosotros como amigos que somos, sino la relación de estos dos personajes.

Steven, tú tienes experiencia trabajando en el área técnica y de tramoya en producciones locales. ¿Cómo influye esa visión global del escenario al momento de abordar un rol actoral tan íntimo como el de La partida?
En esta producción, además de actor, también soy productor de la obra. Es bien chivo, porque es abordar un poco el todo de la obra. Si bien durante las funciones yo no me encargo de nada de producción detrás de escena, porque para eso también está Ale Pira, que es nuestra encargada de eso, durante el proceso sí trabajo en el lado de armar la escenografía, de planear cómo va a ser la puesta en escena y todo lo demás.

Ya en el lado actoral como tal, pues estudié actuación en el Centro Nacional de Artes (CENAR) y es bien lindo encontrar como ese todo dentro del trabajo, porque yo siempre digo: «a mí me encanta todo en el teatro, me gusta tanto estar detrás de escena como delante de escena», y esta es una oportunidad para hacer eso.

¿Qué desafío representa para ti como actor sostener la tensión dramática en un espacio tan expuesto y desnudo?
Steven: Creo que es un poco complicado a veces, porque sí, esta obra se basa en una visión súper minimalista y una visión que remarca que lo más importante de la apuesta es lo actoral, más que todo lo que es el escenario como tal; nos deshacemos de estos cambios de luces extraordinarios, la escenografía es muy minimalista, no hay una propuesta tan corporal en escena, más que la presencia actoral de cada uno, y eso es lo complicado. Porque sí, es una obra que se basa mucho en la palabra hablada, en la presencia y en el poder sostener esto sin que se torne aburrida, sin que se torne monótona; solo entre nosotros comunicándonos como actores, cómo encontrando esa energía, esa sinergia.

Obra de teatro "La partida"
La obra se sumerge en el tema del duelo. Foto William Castillo / cortesía de La Quimera

Saraí: Por mi parte creo que el mayor desafío que yo le encontraría, para mí como actriz, es el mantener la intimidad. O sea, cómo en un espacio amplio tenemos que proyectar una escena íntima, pero que todo llegue hasta el último asiento del teatro. Entonces, cómo ampliar esa intimidad es complicado. Ya para la construcción del vínculo entre los dos, o la intimidad adentro de la escena, nos sostenemos el uno con el otro; y no perder eso, se convierte en la tarea del personaje, cómo mantener siempre la intimidad y estar con el otro sosteniéndolo; sosteniendo la energía, la proyección actoral, corporal y la proyección de voz.

Steven: Esta obra es ver la plática de dos personajes durante toda la trama, pero a la vez, dentro de esa plática, hay muchas emociones, mucho sentimiento que está desbordándose o conteniéndose. Entonces, uno de los retos más grandes para mí es encontrar eso, encontrar todo ese sentimiento que tiene que contenerse para que en el momento que explote salga de manera orgánica sin necesidad de sobreponer el sentimiento (…) encontrar que ese sentimiento fluya a través de la escena sin que se vea artificial.

David Silva Carreto no solo es el dramaturgo, sino que tiene una amplia formación en teatro físico y expresividad corporal. ¿Cómo fue la dinámica de ensayos con él y de qué manera enriquecieron su trabajo corporal y emocional para estos personaje?
Steven: Bueno, primero quizá contar que este proceso fue semipresencial. David es un director y dramaturgo de México, vive en Puebla. Sin embargo, ocurrió que hicimos una conexión, me puse en contacto con él y él entró al equipo en el lado de dirección. En un inicio tuvimos ensayos por videollamada. Él estaba en México mientras nosotros poníamos una cámara, un micrófono y una toma amplia para que nos viera actuando, y bajo ese mismo lado también nos iba apoyando, Nos daba pautas.

Actores de La Partida de La Quimera ensayando
Saraí y Steven en una jornada de ensayos. Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://www.instagram.com/p/DLvSq8rPrKJ/?hl=es&img_index=1

David tiene una forma poco convencional de trabajar en el teatro. Le gusta romper reglas. Por ejemplo, al inicio nosotros estábamos trabajando todo el tiempo en tres cuartos respecto al público, para no darle la espalda. Y David nos planteaba: «Okay, ¿qué pasa si le das la espalda al público? La espalda también comunica algo al público».

Entonces, por el lado corporal íbamos encontrando ese rompimiento de las reglas de qué pasa si el actor voltea en escena y no está viendo al público, qué puedo comunicar con mi cuerpo a través de eso. Creo que el aprendizaje con David viene a ser esto de que qué pasa si rompes las reglas, cómo puedes comunicar que no sea la forma convencional de hacer teatro.

Ya luego, cuando estábamos en presencial, nos ayudó con varias técnicas de expresión corporal para ir encontrando emociones (…) Sí hemos aprendido varias técnicas de cómo llegar a la emoción, al sentimiento y, a la vez, esta idea corporal de cómo romper lo que ya está establecido en el teatro y qué más puede comunicarse a partir de ello.

Obra de teatro "La partida"
La trama de la puesta en escena va más allá del duelo por la pérdida física. Foto / cortesía

La obra aborda el duelo, la pérdida de un ser querido y las decisiones que tomamos en la vida. En lo personal, ¿qué fibra sensible les movió esta historia y qué les gustaría que el público del Teatro Luis Poma experimente al verla?
Steven: Esta obra de teatro yo la conocí en 2023. Fue en un viaje a Puebla, donde se estaba presentando. Yo fui a verla, y me conmoví, me quebré, yo lloré viendo esa obra. La fibra sensible que tocó en mí está relacionada con la muerte de mi abuela. Desde que ella se fue, yo decidí que quería hacer teatro y que quería conmemorar eso de alguna forma.

Al año siguiente de haber visto esta obra, me puse en contacto con David para pedirle los derechos de la obra. Él al escuchar mi petición, me dijo: «No te preocupes, te doy los derechos, yo dirijo la obra, te ayudo en lo que necesites». Y ahí fue que empezamos con esta sinergia de grupo, a la hora de mover esta obra. Algo que yo quisiera que el público del teatro se lleve es eso mismo que yo experimenté en México, que fue un «¡Wow!».

No estoy solo en este mundo, hay más gente que pasa por lo que yo paso, hay más gente que siente como yo, y que nunca es tarde para poder sanar una herida que tenemos presente tras la pérdida de alguien, ya sea por muerte, porque se separaron, por el tiempo, por la distancia, porque las cosas no funcionaron. No necesariamente es la pérdida de la muerte. Puede ser la pérdida de un ser querido que siempre duele. Entonces, algo que yo quisiera es eso, que la gente se llevara la sensación de: «No estoy solo». Nunca es tarde para poder hablar lo que necesito hablar.

Disfruta esta propuesta del 1 al 4 de octubre: jueves y viernes a las 8:00 p.m.; sábado a las 5:00 y 8:00 p.m.; y domingo a las 5:00 p.m. Entrada general, $10. Es un espectáculo para mayores de 18 años.

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