Light
Dark

Palabras/La cantora y los lobos azules

Quedé extasiado viendo el dorado resplandor de su mirada amarillo topacio. “¿Dime amada y lejana cantora –dije al verlos desaparecer en el boscaje- si un día volverán tú y los lobos a la
selva florida a llenar el dulce vacío de tu ausencia?”.

“Un día verás pasar a los lobos azules –me decía cuando niño la cantora de hermosos ojos negros. Bajan al amanecer desde la montaña a buscar el agua fresca de los riachuelos”.

El bosque de los balsamares era visitado pues por los perros salvajes. Alguna vez se perdieron en esa tierra de legendarios gigantes de la cordillera y se esparcieron los canes salvajes del mismo tono celeste de las frondas. En una de nuestras incursiones a la selva perfumada mi deseo se hizo realidad.
Pude ver a los carniceros azules, los chacales de luna de que tanto me había hablado de niño la cantora. De pronto aparecieron ante mis ojos. Nunca olvidaré aquel momento cuando vi sus figuras cruzar el ensueño del boscaje, como siluetas azules buscando algún lugar, tal vez el mismo reino salvaje y olvidado de la felicidad. Moviendo sus nerviosas colas pasaron a pocos pasos de mí y se fueron hacia los manantiales de agua. Venían de cazar conejos, ratas monteses, culebras, pájaros y
estrellas. Entonces no llegaban a matar, sino a beber el perfume de los balsamares. Quedé extasiado viendo el dorado resplandor de su mirada amarillo topacio. “¿Dime amada y lejana cantora –dije al verlos desaparecer en el boscaje- si un día volverán tú y los lobos a la
selva florida a llenar el dulce vacío de tu ausencia?”.

A veces se oye un cantar en la espesura y los perros celestes vuelven a beber a los estanques de la dulce añoranza.

Legales Obituarios Epaper