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El ajedrez climático

Un movimiento importante: ¿cómo convertimos cada riesgo climático en una decisión de inversión y cada activo ambiental en una oportunidad económica?

El escenario está dado; hay que comenzar a pensar estratégicamente para no perder una partida contra un inmisericorde cambio climático que se alimenta de los errores en el Antropoceno, depredación ambiental, creyendo erróneamente que los recursos son infinitos, también el grave precio de la incredulidad y la ignorancia de algunos líderes mundiales de países industrializados que martillan el clima con sus errores y abusos.

La crisis climática en toda la región y en Latinoamérica, en general, es aguda; cada año se robustece para hacer un peor daño a la agricultura, la infraestructura, la vida humana. Este juego, este tablero, está lleno de obstáculos y mayores complicaciones: gobiernos menos preparados, más improvisación con políticas adormecidas, sacadas a la carrera para rellenar el vacío en la agenda nacional; por otra parte, empresarios más obstinados a mantenerse firmes en viejos esquemas productivos; gremiales pasivas, estudiantes y academia carentes de propuestas e innovación; políticas fallidas y sin implementar.

En este gran tablero y para comenzar el juego, el Gobierno es el rey, tiene la regulación y la política pública a su favor; la reina son las finanzas sanas junto al capital y la inversión; las torres son los empresarios y las gremiales, que tienen la infraestructura y la capacidad económica; los alfiles son los organismos internacionales, que consecuentemente brindan normas, estándares y cooperación; los caballos son la innovación y la tecnología que promueve la academia y los institutos tecnológicos y técnicos; los peones son las alcaldías, gobiernos municipales, los alcaldes, que cuentan con territorio y acción local.

Un aspecto clave en este juego propuesto es que un país puede anunciar grandes metas de reducción de emisiones, pero si los bancos no financian la transición, la estrategia queda limitada: el cambio climático aventaja.

Una empresa puede querer descarbonizarse, pero si eso hace aumentar costos frente a competidores que no lo hacen, prefieren mantenerse a la expectativa.

Un municipio puede tener enormes áreas verdes y residuos aprovechables (orgánicos), pero necesita convertir esos activos ambientales en proyectos financieramente estructurados; para eso se supone han nacido nuevas autoridades que regulan todo eso.

En el ajedrez climático, quien sabe convertir el problema climático en una oportunidad financiera obtiene una ventaja estratégica.

Un movimiento importante: ¿cómo convertimos cada riesgo climático en una decisión de inversión y cada activo ambiental en una oportunidad económica?

Citamos ejemplos: convertir los residuos orgánicos en biogás; reducimos emisiones, obtenemos certificados, financiamiento y, finalmente, ingresos, que se traduce en ciudades autosostenibles. Las municipalidades tienen bosques como El Maquilishuat; ahí se captura carbono; en los inventarios de carbono se obtienen créditos y eso se traduce en inversión en conservación.

Las empresas, la industria, miden sus emisiones, reducen esas emisiones (con acciones), certifican y acceden a mercados.

Pero el clima también tiene como objetivo destruirnos a como dé lugar. Una de las graves desventajas es la dejadez gubernamental y empresarial. Una vez en esa magistral jugada, aumenta el calor, se altera el problema del agua, agricultura, temperatura oceánica y los ecosistemas; incrementa la sequía, inundaciones, incendios y eventos extremos. Se pone en riesgo la seguridad alimentaria, infraestructura y economía. Aumentan los precios, hay migraciones climáticas y conflictos sociales. Los gobiernos destinan más recursos para responder a emergencias, quedando menos capacidad para invertir en adaptación y desarrollo. El sistema se vuelve vulnerable al siguiente golpe: el jaque climático.

El jaque climático es el momento en que los efectos del cambio climático empiezan a poner bajo presión nuestra forma de vivir, producir y desarrollarnos, hasta reducir nuestras opciones para reaccionar.

Como en el ajedrez, cuando el rey queda en jaque, todavía no ha perdido, pero sus movimientos empiezan a quedar limitados.

Reviviendo un poco el tema Bitcoin en el tablero climático, sí puede tener un papel, pero no como solución climática directa. La euforia del Bitcoin representa una nueva generación de capital, tecnología y especulación. El desafío es determinar si ese capital puede ser dirigido hacia la transición climática o simplemente permanece dentro de un circuito financiero especulativo.

El punto crítico es la energía: la minería de Bitcoin consume electricidad; por tanto, dependiendo de cómo se produzca esa electricidad, puede aumentar la presión ambiental o convertirse en un incentivo para desarrollar sistemas energéticos más eficientes y renovables.

En el ajedrez climático, Bitcoin no sería el rey ni la reina. Sería más parecido a una pieza de poder económico que puede cambiar de bando dependiendo de cómo se utilice.

Experto en descarbonización y cambio climático.

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