El 24 de agosto del año 79 d.C., la próspera ciudad romana de Pompeya, situada en la ladera del Vesubio, fue arrasada y sepultada por una violenta erupción volcánica que la dejó sepultada durante 17 siglos.
El 24 de agosto del año 79 d.C., la próspera ciudad romana de Pompeya, situada en la ladera del Vesubio, fue arrasada y sepultada por una violenta erupción volcánica que la dejó sepultada durante 17 siglos.

Por Amalia González Manjavacas
La mayoría de sus aproximadamente 20.000 habitantes —sobre todo mercaderes y patricios propietarios de lujosas villas— lograron huir días antes, ante la posibilidad de erupción. Sin embargo, los más confiados o rezagados, unos 2.000, murieron asfixiados tras las sucesivas oleadas de gases tóxicos.
Pompeya, fundada en el siglo VI a.C. en adelante, cerca de la desembocadura del río Sarno, en plena falda del Vesubio, y muy cerca del mar, fue destruida a causa de la explosión del volcán que cubrió aquella ciudad próspera de lava, piedras, cenizas y humo.
Te puede interesar: Cihuatán el imponente valle prehispánico donde nació la arqueología salvadoreña
Aquella catástrofe acabó con una importante parte de su población. La ciudad se encontraba en muy buen estado pues acababa de ser rehabilitada precisamente después de haber quedado destruida por un gran terremoto en el año 63 d.C.
El Vesubio enterró también a la vecina Herculano, villa fundada por Hércules según la tradición mitológica, de orígenes griegos, siglo VI a C. testimoniados por los pocos restos de las murallas más antiguas y por la organización urbana, con cardos y decumanos, que después de la conquista romana se transformó en un municipio.

Fue un centro de veraneo señorial con numerosas villas patricias dominando sobre las demás edificaciones. En el año del terremoto que devastó la Campania, todavía convaleciente por la catástrofe, el 24 de agosto del 79 fue arrollada por un inmenso rio de fango hirviente y detritos producidos por la violenta erupción del Vesubio que la invadió completamente.
Es posible que la población tuviera tiempo de intentar la fuga por mar, pero fue repelida en la costa por un violento maremoto como lo atestiguan los restos humanos y de embarcaciones hallados sobre todo el litoral.
Lee también: Pompeya aplica IA para reconstruir los últimos momentos de una víctima del Vesubio
Cuando acabó la erupción, Herculano quedó cubierta de una densa capa de fango de algunos puntos de más de 10 metros de altura. Abandonada por los habitantes, la ciudad no fue reconstruida desarrollándose en esa zona la ciudad de Resina.
En menos de 48 horas, ambas ciudades fueron sepultadas bajo una espesa capa de piedras, arena y cenizas que duró tres días que dejó ambas ciudades en el olvido.

Pompeya permaneció oculta hasta que en el siglo XVI cuando fue redescubierta gracias a las obras de desviación del río Sarno. Sin embargo, los trabajos para recuperar los restos arqueológicos no comenzaron hasta mediados del s. XVIII , cuando en 1748, a instancias del entonces joven rey de Nápoles, Carlos de Borbón (entonces Príncipe de Asturias, después Carlos III de España).
La sorprendente conservación de Pompeya —con cientos de utensilios, pinturas murales, frescos, mosaicos y gran parte de su arquitectura con villas, tiendas y calles— se debió paradogicmente a que sus cenizas actuaron como un sello hermético hasta que a mediados del siglo XVIII comenzaron las primeras excavaciones llevada a cabo por la monarquía Ilustrada.
En los trabajos arqueológicos se recuperaron esqueletos recubiertos de piedra pómez. También se obtuvieron moldes de otros cuerpos rellenando con escayola líquida los huecos dejados por los cadáveres descompuestos, los cuales quedaron sellados por la compresión que ejercieron las cenizas.
No obstante, la erupción del Vesubio, que también acabó con la vecina Herculano, permitió que se conservaran el ambiente y los detalles urbanísticos de la ciudad. Un ejemplo de ello son los frescos y escritos que hace dos mil años decoraban una de sus céntricas calles, o los mensajes de respaldo político a los candidatos que poco antes de la tragedia se medían en las elecciones.

Muchas personas huyeron los días previos, pero otras que demoraron un poco la huida quedaron atrapadas en sus propias casas a causa del derrumbe de los tejados, mientras que las que intentaban escapar a pie murieron debido a los gases tóxicos que emitía el volcán.
La erupción del Vesubio enterró Pompeya; una catástrofe natural que, en contrapartida, permitió reconstruir y conocer fielmente para la Historia la vida cotidiana en la antigua Roma.
Hoy es posible revivir la vida en Pompeya antes de que la erupción del Vesubio acabara con esta antigua ciudad del golfo de Nápoles.
Hace ya años que Pompeya abrió sus excavaciones por la noche, siendo la primera vez que se organizan actividades teatralizadas en las que existe una interacción directa con aquellos que acuden a visitar el lugar.
Para proteger las obras del clima y de los saqueos del siglo XVIII, el rey de Nápoles —que gobernó aquel territorio durante casi 25 años antes de heredar de la línea de su padre, Felipe V, el trono de España como Carlos III— ordenó trasladar los mejores hallazgos al Museo de Nápoles.


Hoy en día, este lugar custodia la colección de arte romano más importante del mundo, destacando estas piezas extraídas directamente de Pompeya.
El Mosaico de Alejandro Magno: Es un gigantesco mosaico de suelo extraído de la Casa del Fauno. Está hecho con casi un millón de diminutas piedras pulidas. Muestra con enorme detalle y realismo la batalla de Isos entre Alejandro Magno y el rey persa Darío III.
El Retrato de Paquio Próculo y su esposa: Uno de los frescos más famosos del mundo. Muestra a un matrimonio de comerciantes de Pompeya.
Él sostiene un papiro y ella una tablilla de cera para escribir, lo que demuestra que la clase media de la ciudad sabía leer y escribir y que las mujeres romanas de un matrimonio de cierto nivel tenían la misma relevancia y presencia por lo menos de cara al exterior.


El Fauno Danzante: una pequeña pero perfecta estatua de bronce que decoraba el estanque de la casa más lujosa de la ciudad. Representa a una deidad de los bosques bailando de forma alegre pero con una delicadeza en la ejecución extraordinaria.
El Gabinete Secreto: una sección especial del museo que reúne las pinturas de los burdeles – lupanares- estatuas y amuletos con formas fálicas. En Pompeya, estos objetos no solo eran eróticos, sino que se usaban en las puertas de las tiendas y casas como símbolos de buena suerte para espantar el mal de ojo.
Flora de Estabia. este bello fresco, hallado muy cerca de Pompeya, en la rica Villa de Arianna (Estabia) y custodiado en el museo, muestra a una figura femenina de espalda, caminando descalza con una elegancia etérea (casi flotando) mientras recoge flores, simbolizando el renacer de la primavera.
Aunque popularmente se la asocia con el arte pompeyano por la cercanía y por el estilo, el fresco de Flora procede de Stabiae, pequeña población romana a unos 6 kilómetros al sur de Pompeya donde se encontraban lujosas residencias de campo de los patricios romanos.

El fresco fue descubierto en las excavaciones del siglo XVIII decorando una habitación pequeña (un cubiculum). Como toda esa zona costera, Estabia también quedó sepultada bajo la ceniza del Vesubio lo que permitió que la pintura llegara intacta hasta nosotros al quedarse en este caso a salvo de la ceniza.
El museo guarda estanterías enteras con objetos del día a día, platos de plata, joyas de las mujeres patricias, pan completamente carbonizado por el volcán, frutos secos, instrumental médico de bronce (como bisturís y pinzas), hilos de tejer … Una joya en un bello palacio barroco napolitano, imprescindible conocer para revivir Pompeya.
2026 – Todos los derechos reservados
La realidad en tus manos
Fundado en 1936 por Napoleón Viera Altamirano y Mercedes Madriz de Altamirano.
Facebook-f Instagram X-twitter11 Calle Oriente y Avenida Cuscatancingo No 271 San Salvador, El Salvador Tel.: (503) 2231-7777 Fax: (503) 2231-7869 (1 Cuadra al Norte de Alcaldía de San Salvador)
📞 +503 7854 1557
✉️ anunciate@elsalvador.com