La generación que destruye el medio ambiente no es la generación que paga el precio. Ese es el problema
Wangari Maathai
La generación que destruye el medio ambiente no es la generación que paga el precio. Ese es el problema
Wangari Maathai
El cambio climático es grave para todo el planeta, pero para los pequeños Estados insulares se trata de una catástrofe inminente por la desaparición de sus territorios, en parte o en su totalidad, por el aumento del nivel de las aguas de los mares.
La vertiginosa velocidad del cambio climático ha hecho que este problema no sea un mero ejercicio académico de devaneo de sesos de especialistas. Por esta razón, en su opinión consultiva sobre Obligaciones de los Estados en materia de cambio climático, de 23 de julio de 2025, la Corte Internacional de Justicia considera, inter alia, los efectos adversos del cambio climático en el disfrute de los derechos humanos y el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible. Acto seguido, en sus observaciones aborda varios temas fundamentales:
Por lo tanto, a juicio de la Corte, en caso de pérdida total del territorio de un Estado y de desplazamiento de su población, debería aplicarse una fuerte presunción a favor de la continuidad de su condición de Estado, ya que, una vez creado, la desaparición de uno de sus elementos constitutivos no conllevaría necesariamente la pérdida de su condición de Estado.
En relación con la continuidad de un Estado sumergido por el aumento del nivel de los mares, el Grupo de Estudio sobre la elevación del nivel del mar en relación con el derecho internacional, que estableció la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas, también concluyó que: “En cuanto a los Estados especialmente afectados por la elevación del nivel del mar relacionada con el cambio climático, los Estados apoyan con firmeza la continuidad de la condición de Estado y la soberanía, y la preservación de la personalidad jurídica internacional y de la membresía en organizaciones internacionales”.
Por su parte, en diciembre de 2022, la Comisión de Pequeños Estados Insulares para el Cambio Climático y el Derecho Internacional (Antigua y Barbuda, Tuvalu, Palau, Niue, Vanuatu, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves y Bahamas), solicitó la opinión del Tribunal Internacional del Derecho del Mar, establecido por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, para definir las obligaciones específicas de los Estados parte en dicha Convención.
En su Opinión Consultiva de mayo de 2024, el Tribunal Internacional sobre el Derecho del Mar no aborda directamente la situación de los Estados que pueden quedar sumergidos por el cambio climático, pero considera asuntos fundamentales que, de no encararse urgentemente, en poco tiempo pueden llevar a esa situación y al desplazamiento masivo de poblaciones. En tales circunstancias, para el Tribunal las emisiones antropogénicas [por actividad humana] de gases de efecto de invernadero son una forma de contaminación marina, y las fuentes de la contaminación marina son las de origen terrestre, las causadas por buques o la contaminación proveniente de la atmósfera o transmitida por su medio.
Por consiguiente, para el Tribunal, los Estados Parte en la convención tienen la obligación específica de adoptar las medidas necesarias para:
Las responsabilidades y las obligaciones están claras, pero los Estados insulares pequeños están a punto de pagar un alto precio por algo a lo que ellos no han contribuido significativamente: el calentamiento global por gases de efecto invernadero que provoca la elevación de las aguas de los mares. Por esta razón, el Tribunal considera que hay una obligación específica de ayudar a los Estados en desarrollo, en particular a los más vulnerables, en sus esfuerzos por hacer frente a la contaminación marina derivada de las emisiones antropogénicas de efecto de invernadero, así como de la obligación de prestar asistencia adecuada, directamente o a través de organizaciones internacionales, en ámbitos como el desarrollo de capacidades, conocimientos científicos, transferencia de tecnología, etc.
La gran guerra que debe librar toda la humanidad es contra el cambio climático, y no debería desconcentrarse de ella por seguir en conflictos propios de épocas pasadas, ya que el tiempo pasa y no queda mucho para llegar al punto de no retorno. Es un tema en el que no hay cabida para el unilateralismo y que exige plena cooperación y colaboración, pero la humanidad parece desenfocarse e incluso volver a prestar atención a los negacionistas del cambio climático.
Abogado y diplomático salvadoreño.
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