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El cáncer avanza ¿y nosotros?

Las cifras más recientes disponibles para El Salvador, de GLOBOCAN 2022, estiman 9,799 nuevos casos y 5,292 muertes por cáncer en ese año

Ricardo Lara. Foto EDH / Mauro Arias

Hay enfermedades que hacen ruido y otras que avanzan en silencio. El cáncer pertenece a las segundas. Y quizá ahí está uno de nuestros mayores problemas: mientras discuten estadísticas, presupuestos y prioridades, una palabra sigue entrando cada día en hogares salvadoreños: cáncer.

Las cifras más recientes disponibles para El Salvador, de GLOBOCAN 2022, calculan 9,799 nuevos casos y 5,292 muertes por cáncer en ese año. En otras palabras: no estamos frente a una amenaza lejana, sino ante una realidad que ya golpea a miles de familias. Lamento no tener información más reciente, más actual del 2025. Pero no creo que existan muchos cambios.


En los hombres, los cinco cánceres con mayor número estimado de nuevos casos fueron: próstata, estómago, colorrectal, leucemia e hígado. El de próstata, por sí solo, representó 1,392 casos, aproximadamente un tercio de todos los cánceres masculinos estimados.

En las mujeres, el panorama cambia: mama, cuello uterino, colorrectal, estómago y leucemia ocupan los primeros lugares. El cáncer de mama encabezó la lista con 1,612 casos estimados, seguido por 627 de cuello uterino. Este último, una vergüenza por su fácil detección.

Pero hay una cifra que debería estremecernos todavía más: los niños. El cáncer infantil no puede analizarse como una simple extensión de las estadísticas de adultos. En la infancia predominan enfermedades como las leucemias, tumores cerebrales y del sistema nervioso central, linfomas y tumores sólidos como neuroblastoma y tumor de Wilms. La evidencia internacional señala que el diagnóstico temprano y el acceso oportuno al tratamiento son determinantes para mejorar la supervivencia.

Por eso, hablar de cáncer no puede limitarse a hablar de hospitales. Es hablar de prevención, vacunación contra el VPH, diagnóstico oportuno, acceso a especialistas, registros confiables, tratamiento continuo y acompañamiento familiar.

El verdadero desafío no es únicamente curar más cánceres. Es detectarlos antes, tratarlos mejor y evitar que una enfermedad potencialmente manejable se convierta en una sentencia por llegar demasiado tarde.

Porque cuando el cáncer toca una puerta, ya no pregunta cuánto dinero hay, qué cargo se ocupa ni qué apellido se tiene.

Y si seguimos llegando tarde, algún día descubriremos que el cáncer no fue nuestra mayor derrota: nuestra mayor derrota fue haberlo visto venir y no haber hecho lo suficiente.

Médico.

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