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¿Está temblando más en el planeta o es solo una percepción?

Una sucesión de terremotos fuertes en distintos países durante las últimas semanas ha dado la impresión de que la actividad sísmica mundial está aumentando. Sin embargo, los registros del USGS muestran que las variaciones son parte del comportamiento normal del planeta

Integrantes de la Policía Nacional de Colombia y civiles en frente de una edificación destruida tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió este lunes a varias zonas de Colombia, Pereira (Colombia). Foto EDH-EFE
Integrantes de la Policía Nacional de Colombia y civiles en frente de una edificación destruida tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió este lunes a varias zonas de Colombia, Pereira (Colombia). Foto EDH-EFE

La aparición casi diaria de noticias sobre terremotos en distintos puntos del planeta puede generar una pregunta legítima: ¿está temblando más de lo normal en la Tierra?

La respuesta, con los datos disponibles, es no.


Aunque en 2026 se han registrado varios terremotos de gran magnitud y algunos han ocurrido con pocos días de diferencia, no existe evidencia de que el planeta haya entrado en un período de actividad sísmica mundial extraordinaria.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) explica que los aumentos o disminuciones temporales en la cantidad de terremotos forman parte de las fluctuaciones normales de la actividad sísmica.

Lo que sí ha cambiado de manera radical es la velocidad con la que las personas se enteran de cada terremoto.

Una racha que llama la atención

Los últimos días han alimentado esa percepción. El 15 de agosto, un terremoto de magnitud 7.7 golpeó la zona de Flores, en Indonesia, provocó víctimas, daños y cientos de réplicas.

Pocos días antes, Colombia había sufrido un terremoto que fue descrito como el más fuerte registrado en ese país en más de un siglo, mientras que Venezuela también había experimentado dos terremotos en cuestión de segundos que dejó catástrofe y más de 6 mil personas fallecidas, miles de heridos, además de cuantiosos daños materiales.

De acuerdo con un recuento difundido el 15 de agosto, 11 terremotos de magnitud 7 o superior habían ocurrido en el mundo durante 2026 hasta esa fecha.

La sucesión de noticias resulta llamativa, pero 11 terremotos de magnitud 7 o más no significa que el planeta esté fuera de sus parámetros normales.

Dos jóvenes con capuchas parados sobre las ruinas de concreto observando el panorama en la penumbra.
Habitantes de la zona observan con consternación el panorama devastado tras el colapso de múltiples estructuras residenciales. Foto EL DIARIO DE HOY/ AFP

El promedio histórico pone los números en perspectiva

El USGS señala que, tomando los registros desde aproximadamente 1900, se esperan alrededor de 16 terremotos de magnitud 7 o superior en un año promedio: unos 15 en el rango de magnitud 7 y aproximadamente uno de magnitud 8 o mayor.

Además, el organismo advierte que ha habido años con cifras muy diferentes. 2010, por ejemplo, registró 23 terremotos de magnitud 7 o superior, mientras que 1989 tuvo solamente seis y 1988 registró siete.

Por tanto, una concentración temporal de terremotos fuertes no constituye por sí misma una anomalía sísmica global.

¿Y los terremotos de magnitud 6?

Los registros del USGS también muestran que los terremotos de magnitud 6 o superior son frecuentes.

Hasta julio, su catálogo mundial ya contabilizaba numerosos eventos de esa magnitud, distribuidos en regiones sísmicamente activas como Japón, Indonesia, Filipinas, Tonga, Chile, Vanuatu, México y otras zonas.

La lista también demuestra algo importante: los terremotos no están concentrados en una sola región del planeta. Se producen constantemente en diferentes límites de placas y sistemas de fallas.

El propio USGS mantiene estadísticas mundiales por año para terremotos de magnitud 6+, 7+ y 8+, precisamente porque las fluctuaciones anuales son normales y deben analizarse en períodos largos, no a partir de una sucesión de noticias.

En las ruinas de la OPP, familiares de las víctimas se abrazan tras el devastador sismo del pasado 24 de junio.
Familiares de las víctimas se abrazan junto a las ruinas del edificio de la OPP, colapsado el pasado 24 de junio. Foto EL DIARIO DE HOY/ AFP

La percepción está cambiando

Aquí aparece un factor que no es geológico, sino informativo. Hace décadas, un terremoto ocurrido en Indonesia, Japón o América del Sur podía tardar horas en convertirse en noticia internacional o incluso no llegar nunca a los medios de otros países.

Hoy ocurre lo contrario. Un terremoto ocurre en cualquier parte del mundo y, en cuestión de minutos, aparecen alertas en teléfonos; publicaciones en X, Facebook, TikTok e Instagram; videos de personas durante el movimiento; mapas del epicentro; reportes de daños; transmisiones en vivo; noticias de medios internacionales.

El USGS reconoce precisamente que las mejoras en los instrumentos sísmicos, las comunicaciones y el interés del público por los desastres naturales hacen que las personas conozcan los terremotos más rápidamente que antes.

Eso produce un efecto psicológico importante: vemos prácticamente todos los terremotos relevantes, no solamente los que ocurren cerca de nosotros.

El algoritmo también cambia nuestra percepción

A esto se suma la manera en que funcionan las redes sociales. Si una persona interactúa con una noticia sobre un terremoto, el algoritmo puede mostrarle posteriormente (con mayor probabilidad) videos, mapas, testimonios y nuevas publicaciones sobre otros terremotos.

En poco tiempo, puede tener la sensación de que «todo el mundo está temblando». Pero lo que aumentó no necesariamente es la actividad sísmica: aumentó nuestra exposición a ella. Es una diferencia fundamental. Pero, es que, además, está comprobado que las noticias que más venden y los posteos que más se ven son de hechos negativos. El morbo vende.

Un terremoto fuerte también genera muchas noticias posteriores

El caso de Indonesia lo muestra claramente. El terremoto de magnitud 7.7 del 15 de agosto fue seguido por una gran cantidad de réplicas. Días después, los reportes hablaban de cerca de 1,000 movimientos posteriores, muchos de ellos registrados por los instrumentos y algunos sentidos por la población.

Cada réplica puede convertirse en una nueva alerta, publicación o noticia. Eso significa que un solo terremoto grande puede multiplicar la cantidad de información sísmica que recibe una persona durante varios días, sin que eso implique que el planeta entero haya incrementado su actividad.

¿Esto anuncia un gran terremoto? No hay base científica para afirmarlo. A la fecha no hay ningún mecanismo científico que pueda predecir un gran terremoto, ni siquiera un sismo. Lo que sí establece la literatura al respecto es que la tierra está en constante movimiento, que seguirá existiendo, que cuando la energía se libera, las placas siguen moviéndose hasta reacomodarse.

El USGS es categórico: un incremento o disminución temporal de los terremotos a escala mundial no constituye una señal de que esté por ocurrir un gran terremoto. Tampoco existe actualmente un método científico que permita predecir siquiera en qué región podría haber mayor riesgo. Claro, hay zonas que, por su estructura (sus placas) son más propensas que otras, donde hay fallas geológicas importantes, en el cinturón de fuego, etc.

Vista aérea en picada que muestra a múltiples equipos de rescate con cascos azules, blancos y naranjas trabajando alrededor de una fosa o entrada entre los escombros.
VISTA CENITAL DE LA OPERACIÓN. Equipos integrados de respuesta internacional rodean un punto de penetración vertical en la estructura colapsada, coordinando las señales de silencio para la detección de señales de vida. Foto EDH / Cortesía Secretaría de Prensa El Salvador

Pero conectar directamente varios terremotos ocurridos en Indonesia, Colombia, México u otros países con la posibilidad de que próximamente ocurra uno de gran magnitud en El Salvador o en cualquier parte del mundo no tiene sustento científico.

El Salvador, por supuesto, es un país sísmicamente activo y debe mantener sus medidas de prevención independientemente de lo que ocurra en otras partes del mundo.

Entonces, ¿qué está pasando realmente?

La respuesta puede resumirse en tres puntos:

  1. Sí ha habido una sucesión llamativa de terremotos fuertes. Los eventos recientes en Indonesia y otros países han concentrado mucha atención internacional.
  2. Eso no significa que la actividad sísmica mundial esté fuera de lo normal. El USGS señala que las fluctuaciones son normales y que históricamente existen años con más y menos terremotos grandes.
  3. Nuestra percepción sí cambió. La combinación de monitoreo sísmico más avanzado, comunicaciones instantáneas, medios globales y redes sociales hace que hoy podamos enterarnos de terremotos ocurridos a miles de kilómetros casi inmediatamente. La Tierra no necesariamente está temblando más. Nosotros estamos viendo más.

La próxima vez que una cadena de terremotos aparezca en las redes sociales, la pregunta correcta no debería ser únicamente «¿cuántos terremotos han ocurrido?», sino también «¿cómo se compara esa cantidad con el comportamiento histórico?»

Porque un puñado de terremotos fuertes en las noticias puede parecer una señal extraordinaria cuando se observan por separado. Los registros de largo plazo cuentan una historia diferente: la actividad sísmica de la Tierra fluctúa constantemente y, hasta ahora, los datos no muestran que el planeta haya entrado en una etapa global anormal.

En otras palabras: la anomalía parece estar más en nuestra percepción que en el movimiento de la Tierra.

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