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Ganadores y perdedores en la guerra de Irán

El daño ya está hecho. Aparte de la dolorosa pérdida de vidas, la guerra en Irán ha causado devastadoras penurias financieras para los consumidores, mientras las grandes empresas petroleras han hecho su agosto

La guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron arbitrariamente contra Irán ha dejado, hasta el momento de escribir esta columna, más de 3,000 muertos entre la población iraní –entre ellos al menos 1,700 civiles– y 18 soldados estadounidenses caídos y cientos de lesionados.

Las secuelas económicas del conflicto también han sido devastadoras. Pero no para todos: la guerra ha reportado beneficios enormes a las empresas petroleras, que han disfrutado de ingresos récord, márgenes de refinación disparados y un aumento en el valor de sus acciones impulsados por la escasez mundial de crudo.


La restricción del suministro después que Irán bloqueó el estrecho de Ormuz elevó el valor internacional del barril de petróleo por encima de los 100 dólares, permitiendo a las productoras vender sus reservas e inventarios a un costo muy superior al de su extracción. Se han producido caídas marcadas del precio solamente al anunciarse negociaciones de alto el fuego, pero cuando esos intentos diplomáticos han fracasado, los precios han vuelto a dispararse.

El bloqueo de la estratégica vía marítima interrumpió alrededor del 20 por ciento del suministro mundial de petróleo y grandes volúmenes de gas licuado. Según la Agencia Internacional de la Energía, el desabastecimiento de combustible provocado por el conflicto en el Oriente Medio constituye la mayor crisis de seguridad energética de la historia.

La volatilidad extrema de los hidrocarburos generó márgenes de ganancia extraordinarios para grandes empresas del sector. Los gigantes energéticos han visto un aumento enorme de sus utilidades. ExxonMobil, por ejemplo, informó que sus ganancias en el segundo trimestre del año se duplicaron para alcanzar más de 14 mil millones de dólares. Chevron experimentó una enorme alza financiera al aumentar sus ganancias casi cuatro veces, superando los 12 mil millones de dólares. Y Shell informó ganancias de casi 10.000 millones de dólares en el mismo trimestre, el segundo beneficio trimestral más alto en su historia.

En Estados Unidos, donde la guerra lanzada por el presidente Donald Trump es muy impopular, la subida del precio del petróleo ha afectado negativamente a los consumidores, que sufren un alza drástica del precio de la gasolina y una pérdida considerable del poder adquisitivo real. La confianza de los consumidores en la economía se ha desplomado.

El conflicto con Irán aceleró la inflación general en Estados Unidos hasta un 3,5 por ciento anual. Los costos suben más rápido que los salarios, los cuales crecen a un ritmo por debajo del 3,4 por ciento. Esta diferencia causa que los ingresos de los hogares, ajustados a la inflación, disminuyan de forma constante.

Otro factor negativo en el efecto dominó de la subida del precio del combustible es que, como el transporte de mercancías depende del petróleo, los estadounidenses están pagando mucho más por lo que consumen, incluso por alimentos básicos, por útiles escolares y hasta por pasajes de avión (los que pueden viajar, claro).

Al tener que gastar más dinero en servicios necesarios y en llenar el tanque de combustible de sus automóviles, las familias de ingresos medios y bajos están recurriendo a sus cuentas de ahorros personales para financiar los gastos cotidianos esenciales. Una consecuencia directa de esta situación es que esas familias se han visto obligadas a reducir su presupuesto para entretenimiento. Han tenido que recortar sus desembolsos en ropa, restaurantes y actividades recreativas para dar prioridad a los gastos básicos indispensables.

Aunque se espera que hacia fines del año el precio de la gasolina en Estados Unidos baje a unos 3,40 dólares el galón, no descenderá a los niveles que tenía antes de que Trump asumiera la presidencia, durante el gobierno de Joe Biden, cuando el precio se mantenía por debajo de los tres dólares el galón.

El daño ya está hecho. Aparte de la dolorosa pérdida de vidas, la guerra en Irán ha causado devastadoras penurias financieras para los consumidores, mientras las grandes empresas petroleras han hecho su agosto. Las petroleras son las beneficiadas por un conflicto sangriento, absurdo e injustificable. Trump pensó al principio que su aventura imperial en Irán sería un paseo, pero no ha sido así, y ahora se encuentra en un atolladero del cual no sabe cómo salir. [FIRMAS PRESS]

Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más recientes son El ocaso yLa espada macedonia, publicadas por Mundiediciones. También ha publicado el ensayo Biden y el legado de Trump con Mundiediciones y el ensayo Una plaga del siglo XXI, sobre la pandemia del COVID-19.

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