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Volver a la tribu

Pluralidad que es la antítesis misma de la tribu como unidad social. Pues la vida tribal no elimina en realidad los acuerdos o desacuerdos. Cancela, automáticamente, al otro, lo hace invisible. Y así, no hay sociedad que perviva.

En los primeros tiempos del ser humano, según los antropólogos culturales, era frecuente que el término que utilizado en su idioma para definir “la gente”, “los seres humanos” e incluso “hombres”, era exclusivo para nombrar a los miembros de su clan. Los extraños, simplemente, no eran hombres.

No hay que remontarse mucho para ver ejemplos pues los griegos y los romanos consideraban a todos los pueblos allende sus fronteras (los bárbaros) como inferiores, crueles, sin libertad política… Tanto como los imperios mesoamericanos que hacían guerras para capturar esclavos que luego sacrificaban a sus dioses arrancándoles el corazón (literalmente) o, narcotizados y atados, abandonándolos en las cumbres nevadas.


Algo muy curioso hoy día es que, a pesar de la globalización cultural (¿o precisamente por ella?) vivimos cierto tribalismo, caracterizado por una conducta social que lleva a las personas a unirse en pequeños grupos aglutinados por ideas, gustos, forma de entender el mundo, etc., y que -como hace cientos de miles de años-, además de homogenizar los individuos, marca profundas diferencias con los no-pertenecientes.

La identidad común se manifiesta por medio de formas de hablar, símbolos, modos de vestirse, lugares de residencia, valores… que llevan a saber a cada uno “quién es”, pero también “quién no es”.

En el cerrado y “pequeño-inmenso” mundo digital que tenemos al alcance de la mano, las técnicas informáticas hacen aparecer en la pantalla de cada uno lo que el algoritmo “entiende” que quiere ver… siendo esto una importante fuente de -paradójicamente- información-desinformación; y, frecuentemente, un catalizador del odio en línea, de la insensibilización de la compasión por el otro, y, en último término, de vulnerabilidad (inconsciente, claro está, y allí está la clave) respecto a la manipulación cultural, económica y política que quienes saben como funciona la cosa, se proponen.

En la ya clásica novela “Matar un ruiseñor” -publicada en 1960-, durante el juicio a Tom Robinson, el juez deja caer una observación que suena extrañamente actual, cuando dice que “por lo general, las personas suelen ver lo que están buscando y oyen solo aquello que están dispuestas a oir”. Eso.

A fin de cuentas, en esa “tribalización” en boga, el problema no es únicamente que pensemos distinto. Tiene más y peores consecuencias para la convivencia y para la paz social el que la cerrazón nos impida escuchar al otro, porque antes de que ni siquiera hable, y debido a nuestros pre-juicios, ya “sabemos” no solo quién es, sino qué nos va a decir y por qué nos lo dice… Hemos dejado de escuchar argumentos, y nos basta saber “qué pata puso ese huevo”, para calibrar si vale o no la pena lo que alguien nos va a decir.

Entonces las conversaciones dejan de girar en torno a lo que se expone y solo cuenta la procedencia (imaginada por todos los interlocutores) de quién habla… la tribu de la que viene. No se contra argumenta, sino que se reacciona a un cierto “linaje ideológico”; la sospecha reemplaza la refutación, y las ideas no se discuten: se desactivan mentalmente. No nos interesa qué dice alguien, sino descubrir su agenda y contraponer nuestros intereses a los suyos.

Así, la vida pública (en todas sus facetas, no solo en lo que se refiere a política y gobierno) resulta cada vez más difícil pues, como explica Hannah Arendt (alguien que sabía, y mucho, de totalitarismo), la vida pública (o la vida política) solo puede existir cuando hay un mundo común, compartido, en el que la pluralidad no se considera un obstáculo, sino la mismísima condición de su posibilidad.

Pluralidad que es la antítesis misma de la tribu como unidad social. Pues la vida tribal no elimina en realidad los acuerdos o desacuerdos. Cancela, automáticamente, al otro, lo hace invisible. Y así, no hay sociedad que perviva.

Ingeniero/@carlosmayorare

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