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Entre tradición y contaminación

Mientras en varios estados de Estados Unidos las autoridades sanitarias enfrentan brotes de diarrea aguda causados por agentes infecciosos, en nuestro país conviene recordar que las enfermedades gastrointestinales nunca se toman vacaciones

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Las fiestas agostinas llenan las calles de alegría, música y tradición. También llenan de aromas irresistibles los parques, las aceras y las plazas. Pero, entre el humo de las parrillas y el colorido de los alimentos, existe un enemigo que no hace ruido: los microorganismos que esperan una oportunidad para entrar al organismo.

Mientras en varios estados de Estados Unidos las autoridades sanitarias enfrentan brotes de diarrea aguda causados por agentes infecciosos, en nuestro país conviene recordar que las enfermedades gastrointestinales nunca se toman vacaciones. Al contrario, encuentran en las altas temperaturas, la manipulación inadecuada de alimentos y la falta de higiene el escenario perfecto para multiplicarse.


Bacterias como Salmonella, Escherichia coli, Shigella y Campylobacter; virus como el norovirus y el rotavirus; y parásitos como Entamoeba histolytica y Giardia lamblia continúan siendo responsables de miles de consultas médicas cada año. La mayoría comparte un mismo camino: alimentos contaminados, agua insegura y manos que olvidaron el jabón.

No se trata de desconfiar de quien trabaja honradamente vendiendo comida en la calle. Se trata de exigir higiene y de ejercer responsabilidad personal. Observe si los alimentos permanecen refrigerados cuando corresponde, si el vendedor manipula el dinero y la comida con las mismas manos, si utiliza agua limpia, si los utensilios están aseados y si los alimentos están completamente cocidos. Ningún sabor compensa varios días de enfermedad.

La prevención sigue siendo la medicina más barata y más eficaz. Lavarse las manos antes de comer y después de usar el sanitario, consumir agua potable, evitar alimentos crudos de origen dudoso, lavar y desinfectar frutas y verduras, mantener los alimentos protegidos del polvo y de las moscas, y acudir oportunamente al médico ante diarrea persistente, fiebre o sangre en las evacuaciones son medidas sencillas que pueden evitar complicaciones graves, especialmente en niños y adultos mayores.

Las fiestas deben dejarnos recuerdos, fotografías y momentos compartidos; nunca una cama de hospital ni una deshidratación severa. La salud también se celebra cuando elegimos con prudencia aquello que llevamos a la mesa.

Porque el mejor platillo de estas vacaciones no es el más abundante ni el más popular: es aquel que, además de satisfacer el apetito, respeta la higiene. Al final, una mala decisión puede durar unos minutos en el paladar, pero sus consecuencias pueden permanecer durante muchos días en el organismo.

El verdadero acto de responsabilidad no es elegir donde comer , sino elegir no bajar la guardia. Por que los microbios no celebran las vacaciones, celebran la negligencia.

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