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Investigar sobre la historia desde la UES: algunas consideraciones

Nos quieren sentados en un cubículo ¿haciendo qué? Cualquier cosa, menos producir conocimiento. A ese punto hemos llegado. Lastimosamente, las autoridades de la facultad no muestran disposición a reconsiderar el tema

Carlos Gregorio López Bernal, historiador. Foto EDH / Mauro Arias

La semana anterior se realizó el XVII Congreso Centroamericano de Historia, coorganizado por la UCA y la UES. El evento, que se realiza cada dos años, en sedes rotativas, reunió una cantidad importante actividades entre conferencias, ponencias, mesas redondas y presentación de libros. Fue una oportunidad para catar el desarrollo de la historiografía sobre Centroamérica que se produce en la región, pero también la que trata sobre Centroamérica, pero se hace en otros países como México, Estados Unidos y España. Aparte del intercambio propiamente académico, estos foros sirven para conocer colegas, pensar proyectos y para el reencuentro con colegas y amigos. Un almuerzo, una taza de café también son parte de la vivencia.

Quienes hemos participado en varios no podemos resistir la tentación de hacer balances o por lo menos alguna valoración sobre su evolución. En este caso haría notar: hemos normalizado que haya cada vez menos historiadores nicaragüenses en los congresos. Esta recurrente ausencia tiene que ver con la falta de libertades políticas que vive el país hermano, la confiscación de la Universidad Centroamericana de Nicaragua y el cierre del Instituto de Historia de Nicaragua que albergaba mucha documentación histórica. A última hora se supo una reducción significativa de la delegación de la Universidad Autónoma de Honduras (UNAH) a quienes se les negó el permiso para asistir, no obstante que la UNAH había sido sede del congreso en 2024. No se sabe a ciencia cierta qué pasó, pero el hecho sienta un precedente preocupante.


La participación costarricense sigue siendo importante, pero ha tenido una ya preocupante disminución, pues Costa Rica cuenta con la escuela de historia más sólida de Centroamérica. En compensación, desde hace más de una década ha habido un sostenido incremento de la participación mexicana, producto de un progresivo acercamiento a la región que se refleja en la producción de los colegas mexicanos, la cantidad de centroamericanos que hacen estudios de posgrado en México, como también en la cantidad de publicaciones. Guatemala mantiene una presencia constante. Para satisfacción nuestra, la cantidad de historiadores salvadoreños se incrementó, en parte por ser la sede, pero también porque la producción historiográfica nacional se ha incrementado, especialmente en la UES y la UCA.

Me llamó la atención que, aunque de manera quizá discreta, hubo espacio para discutir la realidad política de la región. Digo discreta porque esos temas se discutieron en mesas, especialmente la de historia política y relaciones internacionales, mientras que en otras ocasiones se han organizado actividades especiales para este tipo de discusiones. Es evidente que el entorno político nacional condicionó la agenda académica. Con todo hubo ponencias interesantes que evidencian que la historia no ve solo al pasado, sino también al presente.

La licenciatura en historia de la UES fue parte de la organización y presentó el producto de su trabajo de los últimos años que detallo en breve: los docentes de la carrera participaron en 16 actividades diferentes, presentación de ponencias, foros y presentaciones de libros. Hubo 18 ponencias presentadas por estudiantes y graduados de la carrera. A ello habría que agregar 8 ponencias presentadas por graduados de la licenciatura en historia que realizan estudios de posgrado en el extranjero, según mis notas en Ecuador, Costa Rica, México y Estados Unidos. Si no me equivocó se presentaron 6 libros con autoría o participación de historiadores ligados a la carrera, ya sean profesores o graduados. Hay motivos suficientes para congratularnos del trabajo realizado.

Ahora bien, vale la pena una breve consideración sobre cómo la licenciatura en historia ha llegado tener ese nivel de producción académica. La explicación se puede hacer de manera fácil: desde un principio apostó a la investigación; es decir, los profesores hacen simultáneamente docencia e investigación. Obviamente, ha habido periodos de mayor o menor producción, pero no ha cesado. Quizá más importante, se ha incentivado sistemáticamente a los estudiantes para que investiguen. Y ellos han acogido la interpelación y sus trabajos ya se hacen notar.

Un detalle llamativo de esta producción es su diversidad, que a veces parece cuasi anárquica. Esto se explica por diversa procedencia y escuelas de formación del cuerpo docente, pero también porque, para bien o para mal, la carrera no ha definido líneas de investigación; cada quién decide sobre qué investiga. Aparte de la disposición, también incide el hecho de que la carrera tiene pocos estudiantes. Esto en dos vías: por una parte, hay una atención casi personalizada a los estudiantes, especialmente en los últimos años, lo cual obviamente, mejora la calidad del trabajo. Por otra, la menor cantidad de estudiantes a atender, deja más tiempo para que los docentes hagan investigación. Sin embargo, en la Facultad de Ciencias y Humanidades, también hay otras carreras que tienen poca población estudiantil, pero no investigan, al menos no como pudiera esperarse. Resulta entonces que la disposición a la investigación por parte de los docentes es importante.

Otro factor influyente es el apoyo institucional. Y aquí hay bemoles. Desde 2002, la UES tiene una instancia que orienta, financia y administra la investigación. Hoy se llama Secretaría de Investigaciones Científicas (SIC-UES). También hay una dependencia encargada de la investigación en cada facultad. Los docentes de historia hemos tenido apoyo de la SIC-UES en varios proyectos, pero a menudo se hace investigación de manera menos institucional; para lo cual, simplemente suman su tema de trabajo a su agenda ordinaria de trabajo, que ha sido posible por un manejo flexible de la jornada laboral; lo cual, a menudo implica invertir tiempos extras.

Esto cambió a inicios de este año. Las autoridades de la Facultad de Ciencias y Humanidades decidieron implementar un control biométrico de asistencia para trabajadores administrativos y docentes. La medida, en principio necesaria, tiene un grave problema: iguala el trabajo administrativo con el docente. Peor aún, no considera en ningún momento las particularidades del trabajo de investigación. En el caso de las ciencias sociales, historia incluida: la investigación no se puede hacer desde un cubículo; se hace en el campo, en los archivos, en las bibliotecas. Hoy nos han amarrado al campus.

El sistema de control que se implementa es indignante. Exige contabilizar exactamente cuarenta horas semanales, según un horario preestablecido. Y no acepta flexibilidad ninguna. Por ejemplo, yo puedo marcar la entrada hora y media antes, hacer mi jornada de trabajo. Pero si me retiro 20 minutos antes de lo estipulado, automáticamente se me computa una jornada laboral incompleta y procede un descuento. La academia puesta a nivel maquila, lo digo sin demeritar el trabajo obrero, solo para destacar la rigidez del sistema establecido. ¿Qué controlan las autoridades con esto? controlan asistencia, queda la duda de la permanencia. En realidad, controlan marcaje de entrada y salida. ¿Cómo controlan lo realmente importante que es el trabajo realizado, ya sea en la docencia o la investigación? Eso no les interesa.

Nos quieren sentados en un cubículo ¿haciendo qué? Cualquier cosa, menos producir conocimiento. A ese punto hemos llegado. Lastimosamente, las autoridades de la facultad no muestran disposición a reconsiderar el tema. Lo dan por cerrado. Peor aún, resulta que los docentes de la Facultad han aceptado dócilmente esa medida. Solo en la Escuela de Ciencias Sociales se cuestionó la acción, pero el descontento se diluyó rápidamente. En historia seguiremos investigando, a pesar del poco interés de las autoridades de la Facultad y sorteando los escollos de un sistema de control que parece diseñado para una empresa privada y no para una universidad.

Historiador, Universidad de El Salvador

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