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El Salvador en el Mundial del Heroísmo

Debemos reconocer a nuestros muchachos, los rescatistas de USAR El Salvador y a los perritos rescatistas. Han jugado espléndidamente el Mundial del Heroísmo en La Guaira

Ante los poderosos dos sismos que sacudieron Venezuela (24 de junio de 2026, a las 18:04:33) y, en específico, los que destruyeron La Guaira —epicentro de la tragedia—, la ayuda internacional no se hizo esperar. Rescatistas de todas partes del mundo acudieron al llamado de auxilio en esa zona devastada de Venezuela, donde el tiempo corría y era necesario sacar a las personas atrapadas entre los escombros.

Para este tipo de rescate se hizo necesaria la ayuda de perros entrenados en búsqueda y rescate, cuyo trabajo fue fructífero desde el inicio. Con su poderoso olfato lograron encontrar a muchas personas atrapadas, prensadas entre los escombros.


Uno de los primeros grupos de rescate en hacerse presente en la denominada Zona Cero fueron los míticos Topos de México, un grupo de rescate élite que nació tras el terremoto de México de 1985. Incluso los Topos de México ayudaron a rescatar personas en el terremoto de San Salvador de octubre de 1986. También se hicieron presentes en La Guaira los Topos Chilenos, que cuentan con una gran experiencia en desastres en Latinoamérica. Pudimos ver al equipo USAR de El Salvador (que envió 300 rescatistas); a Estados Unidos (que desplegó 250 especialistas en salud y búsqueda técnica a través del Comando Sur y USAID); a la Cruz Roja de Costa Rica; a brigadas especiales de España; además de rescatistas de Japón, la India, Turquía, Catar, entre otros.

Como en un Mundial del Heroísmo en La Guaira, Venezuela, la peculiaridad es que no hay ganadores ni una copa. Todos trabajan y luchan en una misma dirección y con un mismo propósito: rescatar a la mayor cantidad de personas atrapadas.

Ante la mezquindad, la obstaculización y la descoordinación del remanente del régimen chavista en Venezuela, se evidenció su incapacidad operativa, producto de años de dictadura que se encargó de desmantelar los sistemas de alerta temprana, el monitoreo continuo en zonas vulnerables y, lo más espeluznante, construir viviendas de interés social con materiales de segunda, inspeccionados por quién sabe quién, que en esta tragedia se convirtieron en auténticas trampas mortales.

Reconociendo los peligros para la población, pero maquillándolos con discursos multitudinarios por parte de Hugo Chávez —aunque con tozudez— en favor de la gente y junto a complejos de vivienda popular, no hay duda de que la naturaleza no avisa y que los desastres naturales pueden sobrevenir en cualquier momento. Pero una nación con una capacidad y una riqueza —el petróleo— que incluso podrían haber servido para cooperar con otras naciones terminó gobernada por una dictadura que desmoronó y desmanteló todos los sistemas de prevención y alerta temprana al optar por prioridades populistas y por la perpetuidad en el poder. Eso constituye la expresión más repugnante de la bajeza y la ambición humanas ante estos cementerios y la cruel mortandad en La Guaira. Todo lo acontecido tiene, en parte, que ver con la negligencia política del régimen.

Regresan estos héroes a sus países de origen con la satisfacción de haber salvado vidas. Llegaron a esa nación venezolana no a criticar a esos desgraciados dictadores, no a auditar los desmanes y la corrupción, ni los fracasos de décadas de políticas sociales, sino a sacar a la gente de los escombros, a dar muestras de solidaridad y hermandad ante la desfachatez y la inoperancia estatal.

Los rescatistas salvadoreños han brindado un gran ejemplo de que, a pesar de que somos un país pobre, incluso con grandes carencias, siempre hay oportunidad para ayudar y rescatar a nuestros hermanos latinoamericanos. Debemos reconocer a nuestros muchachos, los rescatistas de USAR El Salvador y a los perritos rescatistas. Han jugado espléndidamente el Mundial del Heroísmo en La Guaira. Que los laureles de los héroes los coronen a su llegada a nuestro país; que sigan creciendo y fortaleciéndose como un grupo élite de rescate, de los mejores de la región centroamericana. Una nueva cultura de cooperación y solidaridad nace, y El Salvador se prepara para competir ayudando en los desastres y las calamidades. Que la Asamblea Legislativa les brinde el homenaje que merecen y que sean tratados como se lo merecen: no como héroes de capa y espada, sino como héroes de carne y hueso.

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