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El balón rueda… el mundo, también

El fútbol nos emociona, nos une y nos permite soñar. Pero no puede anestesiarnos

El Mundial de fútbol ha vuelto a conquistar la conversación pública. Cada partido parece una cita nacional; cada gol, una descarga colectiva; cada eliminación, una tragedia que ocupa titulares, pantallas, sobremesas y redes sociales. El fútbol emociona porque nos reúne, porque nos permite creer, porque durante noventa minutos todos sentimos que pertenecemos a una misma bandera. Pero mientras el balón rueda, el mundo también sigue girando, muchas veces hacia zonas de peligro que apenas miramos. Cada dia dedico alrededor de una hora para leer 5 periódicos a nivel mundial, escuchar algunas frecuencias de radio y algunos podcast. Eso me ayuda a preparar mis columnas. Aquí cinco acontecimientos trascendentales que están pasando inadvertidos.

Primero, la geopolítica vuelve a tensarse alrededor de la guerra de Ucrania y el papel de la OTAN. Las grandes potencias discuten más gasto militar, nuevas alianzas y estrategias de defensa frente a Rusia. No es una noticia distante. Cuando los poderosos se preparan para la confrontación, los países pequeños terminan pagando la factura en precios, migraciones, combustibles, alimentos e incertidumbre.


Segundo, Estados Unidos endurece sus decisiones migratorias y aumenta la incertidumbre para miles de familias centroamericanas. Para El Salvador, esta no es una noticia extranjera. Cada cambio en materia de deportaciones, permisos de residencia, controles fronterizos o protección temporal tiene nombre, rostro y hogar. Son hijos que esperan a sus padres, abuelos que dependen de una remesa, jóvenes que ven cerrarse una ruta y comunidades enteras que podrían recibir de vuelta a personas sin empleo, sin redes y sin oportunidades inmediatas. La migración no es una estadística: es una de las venas económicas y emocionales de nuestra nación.

Tercero, el planeta sigue enviando señales que no admiten indiferencia. Las temperaturas extremas, los mares más cálidos y los fenómenos climáticos severos ya no son una advertencia científica lejana. Son sequías, inundaciones, pérdidas agrícolas y alimentos más caros. Lo ambiental dejó de ser un tema para conferencias: se ha convertido en una amenaza directa para la vida cotidiana.

Cuarto, los terremotos de Venezuela han vuelto a recordar la fragilidad de nuestra región. Para El Salvador, un país que conoce el dolor, la destrucción y la memoria de los sismos, esta noticia debería despertar más que solidaridad: debería despertar preparación. Un terremoto no avisa, no respeta calendarios, no entiende de partidos ni de celebraciones. La prevención, la construcción segura y la capacidad de respuesta no pueden esperar a que la tierra vuelva a hablar.

Quinto, en el mundo religioso se ha producido una ruptura de enorme significado. La Fraternidad Sacerdotal San Pío X consagró seis obispos sin autorización pontificia, y el Vaticano respondió con la excomunión de los involucrados y la declaración de cisma. No es un asunto menor ni exclusivamente interno. Cuando una institución espiritual se fractura, también se fracturan comunidades, conciencias, obediencias y referencias morales para miles de creyentes.

El fútbol nos emociona, nos une y nos permite soñar. Pero no puede anestesiarnos. Un gol puede cambiar una tarde; una deportación puede dividir una familia; una guerra puede elevar el costo de la vida; un terremoto puede borrar en segundos el esfuerzo de años; y una crisis ambiental puede comprometer el alimento de mañana. Celebremos el Mundial, sí. Pero no apartemos los ojos del mundo que, mientras aplaudimos, sigue escribiendo su destino.

Médico.

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