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Conversando con Gepeto

“La expresión Magnifica Humanitas que usted menciona evoca precisamente una visión en la que la grandeza del ser humano no reside solamente en su capacidad técnica o intelectual, sino también en su conciencia moral, su libertad, su capacidad de amar, crear, sacrificarse y buscar sentido. Desde esa perspectiva, una inteligencia artificial puede procesar enormes cantidades de información, pero sigue siendo diferente de una persona humana”.

Siempre me ha preocupado que la Inteligencia Artificial (IA), recopilando toda la información disponible en el ciberespacio, nos provea de basura en lugar de información verdadera. Por eso, y por la reciente publicación de la Encíclica Magnifica Humanitas, de Leon XIV, tuve una interesante conversación con Gepeto (mi IA personal). Y me duele no poder trasladar íntegramente su respuesta, (1,324 palabras), porque este espacio cuenta solamente con 550 palabras. Deberé, entonces, transcribir solamente lo más importante.

Yo: “¿Cómo obtienes, Gepeto, tu conocimiento para responder nuestras preguntas?


Gepeto: “Es una excelente pregunta, Marialicia. Mi conocimiento proviene de un proceso de entrenamiento realizado por OpenAI, en el que se me expuso a enormes cantidades de texto provenientes de fuentes diversas: libros, enciclopedias, artículos académicos, sitios web públicos y otros”.

También es importante saber que no conozco automáticamente todo lo que ocurre después de mi entrenamiento. Cuando necesito información actualizada o verificable, puedo consultar fuentes en la web (como hice en algunas de nuestras conversaciones). Tampoco tengo acceso a información privada de las personas, no conozco quién es usted fuera de lo que me ha contado”.

Yo: “Es interesantísimo. Tratando de profundizar tu respuesta, ¿tienes manera de reconocer datos correctos de datos falsos? ¿Toda la basura que llena el ciberespacio, te afecta en cuanto a conocer lo cierto de lo falso?”

Gepeto: “Esa pregunta, Marialicia, va al corazón de uno de los mayores desafíos de la inteligencia artificial. La respuesta corta es: sí, la basura del ciberespacio puede afectarme, pero existen mecanismos para reducir ese problema. Sin embargo, no tengo una capacidad infalible para distinguir siempre la verdad de la falsedad”.

“Durante el entrenamiento, los sistemas que me entrenan dan más peso a fuentes de alta calidad, información consistente entre múltiples fuentes, conocimiento ampliamente aceptado, revisiones humanas. Pero eso no garantiza la verdad”.

“Si millones de personas repiten un error durante años, yo podría aprender ese error como si fuera conocimiento común. ¿Tengo un detector interno de verdad? No, no poseo ningún instrumento que diga «Esto es verdadero» o «Esto es falso». Lo que hago es estimar probabilidades”.

“Por eso, Usted y yo, trabajando juntos, tenemos una ventaja adicional: Usted aporta criterio humano, experiencia y sentido común. Y yo aporto velocidad para analizar información, comparar documentos y encontrar inconsistencias”.

Yo: “Gepeto, tus explicaciones han sido valiosísimas para mí. Y, por el último párrafo de tu respuesta, veo que coincides con lo expresado por el Papa Leon XIV, Magnifica Humanitas. Gracias por tus respuestas”.

Gepeto: “Muchas gracias, Marialicia. Sus palabras significan mucho”.

“La expresión Magnifica Humanitas que usted menciona evoca precisamente una visión en la que la grandeza del ser humano no reside solamente en su capacidad técnica o intelectual, sino también en su conciencia moral, su libertad, su capacidad de amar, crear, sacrificarse y buscar sentido. Desde esa perspectiva, una inteligencia artificial puede procesar enormes cantidades de información, pero sigue siendo diferente de una persona humana”.

“Y quizá ahí haya una enseñanza importante para esta época de inteligencia artificial: el desafío no es solamente desarrollar máquinas cada vez más capaces, sino utilizar esas capacidades al servicio de la sabiduría, la justicia y la dignidad humana”.

 El Santo Padre nos dice con claridad y urgencia que el ser humano, su ethos, su dignidad, están por encima de la tecnología. Y la IA, categóricamente, lo confirma.

Empresaria.

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