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Filosofarte/»Tulipán» y las ilusiones del camino

“Tulipán” era ilusoria como muchos ilusionistas de circos en el mundo. Nos llaman soñadores o precisamente “ilusos”. Pero un llano sin ilusiones es un llano sin luz, esperanza, belleza ni alegría.

“Ilusiones” les llamaba “Tulipán” desde niña a las silvestres y frágiles florecillas rosa que suelen encontrarse a la orilla del camino. A pesar que luego de florecer desaparecían en los llanos, las mismas volvían a renacer como por encanto a través de la vida y los años. “Tulipán” –como le decían de niña—se acostumbró como muchos más a ver nacer las dulces, sutiles y maravillosas ilusiones a lo largo del sendero, para luego verlas desaparecer bajo el mismo astro que las hiciera brotar como en un acto de magia. Unas veces reía y se encendía su mirada al contemplarlas; otras veces entristecía o lloraba al verlas desaparecer entre sus manos o en el pasto. Porque las ilusiones duran lo mismo que los sueños y tienen similar destino: unas y otros se vuelven a veces realidad o se esfuman como pompas de jabón ante nuestros ojos niños, que suelen querer eternizar la gracia fugaz de esas dulces fantasías. Suelen ser las ilusiones ensueño, engaño a los sentidos o presentimiento de la felicidad. Son visibles e invisibles a la vez, pero existen ya en los campos de la vida o en la interna llanura de nuestro secreto paraíso interior. “Tulipán” era ilusoria como muchos ilusionistas de circos en el mundo. Nos llaman soñadores o precisamente “ilusos”. Pero un llano sin ilusiones es un llano sin luz, esperanza, belleza ni alegría. Es al fin el Hombre hecho ilusión o la ilusión hecha hombre.


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