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Victoria con sabor a «agua bendita»: FAS se impuso al Águila y es campeón

FAS se quedó con la copa tras 40 minutos de altísimo nivel, lo que restó de partido se lo aguantó Águila en el peor desenlace posible tras un aguacero gigantesco ¡De nuevo Rey de Copas en solitario!

Tras unos breves minutos de estudio FAS halló el gol apenas a los 6′ gracias a una chilena de Murillo, quien hundió el balón ante la estirada inerte de Benji, quien voló sin llegar a rozar el esférico.

Foto EDH/ Miguel Lemus

El gol caía de maravilla para el espectáculo ya que obligaba al Águila a pisar el acelerador sin haber escaneado mucho a su rival.


Foto EDH/ Miguel Lemus

Pero el gol, lejos de despertarle el apetito al Águila, le quitó el hambre. Jorge Cruz, quien andaba filudo de paladar, avisó con un cabezazo y obligó a Benji a sacar del ángulo el esférico con más reflejos que estirada. Era ese tan sólo el vaticinio de lo que ocurriría a continuación.

Foto EDH/ Miguel Lemus

En el córner inmediato de nuevo Cruz ganó más por un desmarque notable que por resorteo para clavarle el balón al ángulo a Benji, quien sólo hizo vistas. ¡0-2 en 10′!

Pero faltaba más. Tras un remate cruzado de Medrano el balón fue desviado por Benji pero capturado por Maciel, quien con apuro y apretado por las marcas logró puntear el balón para depositarlo tras línea de gol ante el desconcierto total de sus aficionados en 15’… ¡15′! Era un derroche bestial de contundencia, y un océano de nervios para la última línea negro y naranja.

Foto EDH/ Miguel Lemus

«El que no salte es zope», «Ahí, ahí, ahí está el campeón», empezaron a corear los miles de santanecos repartidos al Norte del «Magic». La barra fasista también se estaba llevando puesta a la aguilucha, totalmente desconcertada y silenciada. Un inicio que ni el más optimista santaneco hubiese imaginado. De ensueño.

Ricardo Villatoro y Dixon Rivas daban los primeros avisos, el primero tiró desviado sin marcas y el segundo logró emboquillar para el lance de Carabantes, quien abajo retuvo sin problemas un balón complicado. Águila empezó a jugar mejor pero sin exhibir la cruel efectividad de FAS. Tan certero como las brasas al asado.

Tereso Benítez y Walter Pineda padecieron a Tejada y Medrano, quienes mostraron un repertorio bestial, hicieron lo que quisieron.

Antes del descanso, con dolo o no, empezaron a apagarse las luces del «Magic» complicando el trámite del juego. La afición santaneca parecía ir preparada porque sacaron unos neones portátiles azules y rojos que embellecieron el oscuro panorama que se presentaba como «parpadeos» del recinto.

Foto EDH/ Miguel Lemus

El juego se fue al descanso con el 0-3 para FAS y un público tigrillo enloquecido por la puesta en escena del equipo de sus amores. Minutos más tarde sobrevino una balsámica lluvia que empapó las tribunas y la cancha. Pasamos del tórrido clima subsahariano al monzón indio que alivió la sensación térmica. Una gotera apareció en Tribuna Alta, pero a Dios gracias hubo chance de esquivarla.

Con el porrazo hídrico instalado, surgían preguntas entre el respetable sobre la continuidad del juego. Varios aficionados de Águila consideraron que no valía la pena más permamecer en sus asientos y dejaron que los más optimistas, o tercos, soportaran el bíblico aluvión. «Terminalo y vámonos», gritaban varios fasistas a Filiberto Martínez, el colegiado principal del compromiso. Otros bastante menos, se animaron a discutir en voz alta: «¿Y para esto jodieron a Firpo?».

Foto EDH/ Miguel Lemus

Águila en el descanso se partió la faringe alentando a los suyos, resguarados en los camarines. La mayoría de los fasistas se ahorraban las energías asumiendo que era sólo cuestión de tiempo para que gritaran «campeones». Ya tenían una mano sobre la base del trofeo.

Pero el aluvión amenazaba y en serio la continuidad de la final, el drenaje del «Magic» iba a ser testeado como pocas veces para determinar si era viable continuar con el cotejo. Los equipos saltaron a estirar y activar a la cancha bajo un mazazo de agua, eso de «calentar» tampoco podía decirse, tal y como ocurrió con el mismo previo al juego.

Filiberto Martínez decía tras 20 minutos: juegue. Desde las tribunas negro y naranja se escuchó el venturado: «Sí se puede, sí se puede». Al Sur podía verse cómo la pantalla cesó sin mostrar ya el marcador y el tiempo del compromiso por unos minutos. Asomaron varios charcos demostrando que la cancha no está apta para diluvios, algo que se sabe desde la reinauguración en 2023.

Abundaron como se previó los balones largos, el juego brusco y la lentitud (más marcada) en el traslado del balón, complicado por el agua en todos los sectores. Empezaron a resbalar sin balón varios jugadores y la calidad de la final cayó notablemente. Águila la tenía que batallar contra sí mismo, el marcador, el rival y el clima. Una empresa que a todas luces se vislumbraba entre muy difícil e imposible. Como decía Maná: «Es más fácil, llegar al sol, que a tu corazón»… así de complicado.

En una de esas Dixon Rivas ganó línea de fondo pero se cayó sólo justo cuando intentaba centrar, uno de esos momentos que nadie quiere tener y menos en un juego consagratorio. Medrano minutos más tarde corrió la misma suerte. Pero FAS con nueve de las diez preguntas del examen contestadas correctamente, se dedicó a defender la ventaja obtenida en el primer acto. Con oficio y sin prisas.

Al 55′ Filiberto Martínez decidió parar el juego porque la cancha no permitía para nada el desarrollo usual del juego. Llovió recio cerca de 45 minutos, más que suficientes para dejar inservible la cancha. Había huecos en el rectángulo y también en los graderíos emplumados. El espectáculo persé «abandonó el chat» y lo único que restaba ya era ver a FAS levantando el trofeo, a fuerza de ser sinceros.

Foto EDH/ Miguel Lemus
Foto EDH/ Miguel Lemus

Ya con un leve rocío el juego fue reanudado entre cánticos fasistas. El tránsito del balón fue el mismo antes de la breve suspensión, nadie ingresó con escobas o baldes para sacar el exceso de agua. La pausa ninguna utilidad. Ninguna. Cero.

Una de los signos más visibles de la salud emocional y táctica de Águila era ver cómo Nelson Bonilla ganó algunas veces en carrera burlándose de la última línea aguilucha. No hace falta decir más al respecto.

En la zona techada los aficionados de FAS despidieron varias veces a sus contrapartes aguiluchos, esencialmente con cantitos burlescos y con el descaro que les permitía ya la naturaleza de la situación. Había poco qué comentar sobre el juego y el partido en las gradas se vivía con más ganas que sobre la cancha. El juego se convirtió en una suerte de «charamusca», los análisis sesudos se tomaron un descanso de poco más de 45 minutos. No había nada que discutir sobre cambios de formación, sustituciones, inventiva… la lluvia lavó la cancha de todo eso que la primera parte tuvo con el zacate seco.

Foto EDH/ Miguel Lemus

Murillo y Medrano fueron especialmente ovacionados por la fanaticada trigrilla al ser remplazados. Se multiplicaron los agentes policiales en la media luna fasista y no hubo tiempo para más. FAS campeón del Clausura 2026 tras combinar buen fútbol con waterpolo en el «Magic».

FAS vuelve a ser el «Rey de Copas» en solitario, sólo compartió el título honorífico por 364 días con Alianza. Ahora el tigrillo lidera sin ninguna compañía lo más alto de la Liga Mayor de Fútbol con 20 coronas en su palmarés. Santa Ana festeja, su consentido rebosa de alegría en esta húmeda noche capitalina.

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