Las cosas han ido cambiando. De una tendencia mundial a apoyarse principalmente en la tecnología para la educación (“Una computadora por estudiante” era el eslogan); desde hace unos cinco años es lo contrario: la ola mundial va por la línea de retirar las pantallas de las aulas, especialmente los teléfonos.
Si bien el sentido común puede ser una buena guía para tomar decisiones… en realidad ¿qué dicen las investigaciones al respecto?
El tema se está estudiando seriamente pues es mucho lo que nos jugamos en esto. Dos investigadores británicos han publicado los resultados de sus estudios en un paper titulado “Communication: Technology, distraction & student performance”, en el que concluyen que hay un aumento en el buen desempeño de los estudiantes cuando se retiran los móviles en el aula. El estudio está disponible en https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0927537116300136, por si habría interés en consultarlo.
O los Estados Unidos, donde un estudio a nivel nacional publicado por la Universidad de Stanford el pasado 4 de mayo, titulado “Las prohibiciones de teléfonos móviles en las escuelas ofrecen beneficios, pero no de inmediato”, expone que, si bien las prohibiciones no son una panacea instantánea para los problemas en las aulas estadounidenses, las escuelas pueden lograr resultados positivos con perseverancia. Si quisiera verse se puede consultar en https://news.stanford.edu/stories/2026/05/national-study-school-cellphone-bans-benefits-research
También Suecia: “El impacto de la prohibición de móviles en las escuelas secundarias suecas” (agosto 2020); Brasil: “Una investigación liderada por Stanford investiga el impacto de los smartphones en las escuelas de Brasil” (abril 2026); Noruega: “Prohibición del los smartphones, resultados de los estudiantes y salud mental” (febrero 2024); o un estudio liderado por el Inter-American Development Bank (IDB) realizado a nivel global y titulado “Teléfonos móviles y desarrollo de los estudiantes. El caso de las prohibiciones escolares” (octubre 2025).
Estudios serios que, aunque diferentes en método y amplitud, tomados en conjunto sirven para hacerse una idea, un “estado de la cuestión” sobre el tema.
Como conclusión puede apuntarse que limitar el uso de los teléfonos móviles en el ámbito escolar, y de las pantallas que pueden hacer sus veces, es beneficioso para el desempeño de los estudiantes, y prohibirlo, todavía mejor.
Más allá de percepciones subjetivas, uno de los temas que aparece en casi todos los estudios es la difícil cuestión de establecer una correlación entre el uso de smarphones y situaciones de salud mental en jóvenes y adolescentes, capacidad de interrelación entre los estudiantes, disminución del bulling y bienestar escolar.
Varios de los estudios señalan que el efecto positivo de la prohibición de smartphones (y tabletas y computadoras utilizadas como tales en las aulas) beneficia especialmente a los estudiantes que tenían peor rendimiento, y a los de familias socioeconómicamente desaventajadas. Tal como recoge una investigación referida a “Reino Unido y publicada en 2016. Después de analizar durante 10 años los resultados de alumnos de 90 escuelas de secundaria que prohibieron el móvil en las aulas, los autores encontraron que las notas (en unos exámenes estandarizados a nivel nacional) mejoraban significativamente, y que esa mejoría se concentraba casi por entero en los alumnos con peores calificaciones antes del veto, por lo que la prohibición reducía también la desigualdad académica”.
Como sea, también hay un matiz muy interesante en todo esto, como señala John Bailey, un experto en el tema, quien expone que el mero hecho de prohibir el uso de los smartphones y ser consecuentes con la medida implica beneficios, aunque sea, simplemente, por el regreso a la autoridad “tradicional”, al orden y disciplina que este hecho comporta.
Todo lo anterior dando por supuesto que el éxito académico depende más que de prohibiciones y tecnología, de un plan de estudios de calidad, de una profesionalidad de los docentes a la altura del mismo, y del apoyo de las familias en la educación de los estudiantes.
Ingeniero/@carlosmayorare