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Zompopos de mayo, inequidad hídrica

Si un gobierno otorga grandes concesiones de extracción sin evaluar sostenibilidad, puede afectar mantos acuíferos y comunidades cercanas

¿Acaso no esperamos puntualmente los famosos zompopos de mayo que aparecen con las primeras lluvias? En particular, con la del Día de la Cruz, no hay zompopos de mayo, debido a una sequía recurrente en el Corredor Seco Centroamericano. Esto conlleva a menos precipitaciones y mayor humedad.

Con el cambio climático, los parámetros varían. Aquellos de nosotros que creemos comprender el clima quedamos defraudados por las alteraciones perceptibles e incluso por la sorpresa que puede generar un cambio atmosférico y sus consecuencias.


Los riesgos climáticos en el Corredor Seco:

Las sequías prolongadas interrumpen la actividad agrícola y afectan el ciclo de las cosechas, incluyendo las más importantes para la seguridad alimentaria de la región: el maíz y el frijol.

Ante las olas de calor extremas, hay un mayor estrés hídrico. Muchas cosechas se pierden por falta de agua, la población no tiene acceso suficiente para sus necesidades básicas y las altas temperaturas ponen en riesgo la salud tanto en el campo como en las actividades agrícolas. Existen riesgos de enfermedades relacionadas con la deshidratación, desvanecimientos y aumento de la presión arterial. Los servicios se encarecen, la evaporación afecta los humedales y la fauna local también se ve afectada. En la costa Caribe de Honduras, por ejemplo, se observan aves cayendo abatidas por el intenso calor en videos compartidos en redes sociales.

Ante la incertidumbre que genera el cambio climático, existe el factor sorpresa. Por ejemplo, la intensa lluvia que sorprendió en Quezaltepeque a principios de año e inundó una residencial nueva. Así como la sequía puede prolongarse por varios meses, las lluvias intensas pueden tomar por sorpresa a la población y a las autoridades, poniendo en riesgo a la comunidad y poniendo a prueba la capacidad de reacción de los sistemas de emergencia, que en teoría deberían estar preparados.

La sequía provoca degradación del suelo, especialmente del agrícola. La falta de agua incrementa el uso de fertilizantes, lo que deteriora la calidad del suelo, propicia la desertificación parcial y, posteriormente, el abandono de la tierra. No hay peor situación para una nación centroamericana que tener tierras infértiles.

La escasez de agua ha provocado incluso migraciones climáticas, donde las personas buscan desesperadamente fuentes de agua potable, manantiales, etc. Esto puede generar conflictos sociales por el agua (CSA), presionando a los gobiernos a evaluar la efectividad de sus políticas, ya que no pueden propiciar mayor desigualdad al decidir a quién proveer de agua y a quién no.

Una sequía provocada por el cambio climático representa un caos perfecto que coloca al Corredor Seco Centroamericano al filo del despeñadero. Ni agricultores, ni empresarios ni gobiernos pueden manejar la situación, porque es impredecible y de alto impacto, capaz de generar calamidad a gran escala. La producción agrícola, pilar fundamental para la seguridad alimentaria, se vería gravemente afectada por fenómenos atmosféricos como El Niño y el Súper Niño. La ausencia de lluvias provoca inseguridad alimentaria, pobreza y endeudamiento de los productores; las familias deben reducir sus tiempos de comida y se incrementa la migración ambiental hacia ciudades o países que garanticen alimentación.

El agua potable para consumo es mínima y, además, está contaminada por múltiples factores. Ríos, pozos y reservorios disminuyen su caudal, afectando a comunidades, industrias y la generación de energía eléctrica. En El Salvador y Honduras, donde la matriz energética depende de embalses, las sequías severas pueden incrementar la dependencia de combustibles fósiles. El dilema del acceso al agua se percibe como una postura de desigualdad social: si tienes recursos, tienes acceso; si no, te privas del recurso. El gobierno puede generar o agravar inequidad en el acceso mediante decisiones políticas, regulatorias o administrativas, incluso cuando el agua está legalmente reconocida como derecho humano.

La inequidad hídrica surge cuando ciertos sectores tienen acceso constante, barato y seguro al agua, mientras otros enfrentan escasez, mala calidad, cortes frecuentes, altos costos o falta total de infraestructura.

Si un gobierno otorga grandes concesiones de extracción sin evaluar sostenibilidad, puede afectar mantos acuíferos y comunidades cercanas. También debemos resaltar el desperdicio de agua: mientras millones carecen del recurso, enormes cantidades continúan desperdiciándose. Resolver este problema requiere voluntad política, inversión, regulación efectiva y un cambio cultural orientado a la sostenibilidad.

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