No es lo mismo relatar oralmente las experiencias de vida que escribirlas a través de diferentes textos. El autor de “Las dos lunas de octubre”, Carlos Rodríguez Cedillos, reúne ambas cualidades comunicativas.
Su narración oral fluye sabrosa y envolvente a través de datos precisos surgidos de una memoria impresionante, que se engarzan acompañados de oportunos movimientos de manos, gestos, tonalidades y pausas. La visita a sus amigos o familiares se espera con alegría para disfrutar, incluso, de anécdotas o episodios que ya antes había relatado.
Además, es un referente obligado para recordar fechas y datos exactos de parientes ya fallecidos o de acontecimientos memorables del pueblo, al más puro estilo de Melquíades, “la memoria histórica y profética de Macondo”, en “Cien años de soledad”.
Yo no conocí Ozatlán, su pueblo natal. Yo conocí La Ozatlántida, dibujada a través de su gran capacidad de fabular. Por eso, desde dos años antes de llegar a esas tierras súper calurosas del oriente del país, ese pueblo ya estaba en mi radar.
Ambos estudiábamos la especialidad de Español y Literatura en la Escuela Normal Superior (ya desaparecida). Ahí, por primera vez, oímos, leímos y nos impactamos con “La hojarasca”, la primera novela de Gabriel García Márquez.
Cuando Carlos me presentó a su abuela paterna, que había perdido la memoria y solo repetía con cierta regularidad el poema “Reír llorando”, de Juan de Dios Peza, y depositaba el vaso en el aire luego de tomar agua; y más tarde a su abuela materna, que jamás salió de su hermosa casona porque había concebido a sus siete hijos con un médico y terrateniente casado, La Ozatlántida tomó vida.
Aquel ventarrón caliente que nos golpeó a la entrada de las fiestas patronales del 8 de diciembre terminó de sellar y eternizar las imágenes que aún conservo de ese singular lugar.
El 28 de marzo del presente año, Carlos presentó ante sus seres queridos más cercanos “Las dos lunas de octubre”: 22 cuentos y 10 anécdotas que recogen, ahora por escrito, lo que él llama “la pasión por la palabra: testimonial, mágica, irreverente”. Pero, más que eso, nos ofrece en texto impreso fragmentos de una vida intensa atesorados en ese cerebro que da para más.
Si nos cautiva con sus relatos orales, más impactados nos deja con estos textos escritos.
Son “narrativas breves, intensas y precisas que atrapan al lector de inmediato”, como dijo Julio Cortázar cuando definió que escribir cuentos significaba “crear un golpe de knock out” al lector.
En los cuentos de “Las dos lunas de octubre”, la anécdota familiar y la de amigos están omnipresentes; sin embargo, trascienden hacia una representación viva de la condición humana.
Aunque hay relatos cercanos a la denuncia social —como cuando un guardia nacional viola y castra a un muchacho del pueblo, o cuando un cura de colegio acosa a un jovencito quien, al final, termina siendo expulsado luego de haberse confesado con el hermano director—, siempre prevalece la complejidad psicológica, el sufrimiento íntimo, la defensa de la amistad y la generosidad, como parte de los tesoros más grandes que caracterizan la personalidad del autor.
“Las dos lunas de octubre” constituye un conjunto de relatos caracterizado por su prosa precisa, lírica y punzante, que explora las grietas de la sociedad y las relaciones humanas a través de personajes vulnerables, dice la inteligencia artificial (IA), que de manera sorprendente realizó estos comentarios incluso antes de que el libro fuera presentado.
“Los relatos abren preguntas sobre el poder, la fe, la sexualidad, la desigualdad y la fragilidad de los vínculos familiares. Relato humano, conmovedor y perturbador donde la belleza y la oscuridad persisten bajo la misma luna”, agrega la IA. Y termina caracterizando el estilo del escritor como “una mezcla de ternura, brutalidad y humor negro, enfocándose en la justicia, el machismo y los silencios heredados”.
Rodríguez Cedillos, en diversos años, ha obtenido primeros lugares en la rama de cuento en los Juegos Florales de San Salvador y Santa Tecla, así como el Concurso de Cuentos Navideños en 1970, organizado por el periódico La Prensa Gráfica.
Maestro.