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Las buenas acciones invisibles

Invisibilizar un proyecto o una alianza dentro del programa Somos Río Lempa no es un detalle menor; en la práctica, equivale a debilitarlo estructuralmente. Cuando una iniciativa no es visible dentro del ecosistema de la cuenca, pierde reconocimiento institucional, reduce su capacidad de coordinación y queda fuera de dinámicas donde se toman decisiones, se asignan recursos y se escalan intervenciones.

Siempre se están generando buenas acciones en la sociedad: aquellas propiciadas por denuncias, por viralización, así como iniciativas vinculadas al medio ambiente, la comunidad y el desarrollo social. Muchas veces las desconocemos; se mantienen ocultas e invisibles, quizás por no utilizar eficientemente las herramientas de comunicación y divulgación.

Es necesario que estas acciones se den a conocer, porque forman parte del derecho de la gente a estar informada, que es, además, la misión de muchos medios. Informar genera expectativa, promueve la reacción de las personas ante las buenas obras y contribuye a la formación de conciencia y a la preservación.

¿Qué ocurre cuando una entidad, organización, empresa privada o personalidad oculta una buena acción, ya sea en el ámbito social o ambiental? La respuesta es clara: no existe una valoración suficiente por parte de la sociedad, lo que nos mantiene en el círculo vicioso de la indiferencia.

La indiferencia abre la puerta a que se sigan cometiendo los mismos errores: abusos, depredación, contaminación, entre otros. Estos son grandes obstáculos para fomentar el desarrollo social e implementar acciones y actividades innovadoras.

Incluso en la academia, muchas veces se prefiere mantener en las sombras —casi en el anonimato— grandes avances, estudios, competencias y galardones, los cuales deberían ser conocidos y promovidos por la población.

No contamos con la extensión territorial de países como Brasil, México o Nicaragua, donde miles de medios compiten por difundir noticias, incluidas las de carácter local. En un territorio de 21,041 kilómetros cuadrados, no deberían ocultarse las buenas acciones, ni la población debería desconocerlas.

En materia ambiental, El Salvador ha avanzado notablemente. Sin embargo, siempre existen temas que requieren atención y análisis, como la Ley de Minería y el resguardo de las áreas protegidas. Hay proyectos de desarrollo que entran en tensión con la estabilidad ambiental, pero también existen alternativas que pueden generar compensación.

Es importante destacar la reforestación de áreas protegidas, un programa muy activo, así como las acciones climáticas y de sostenibilidad que buscan posicionar al país. Asimismo, es clave impulsar la certificación de empresas comprometidas con la sostenibilidad, tal como se ha sugerido en distintos espacios.

Son relevantes también los avances del programa Somos Río Lempa, entre ellos el plan de manejo multisectorial, la inversión en proyectos sostenibles y en humedales, así como las alianzas y convenios. Este último aspecto resulta de especial interés por la vinculación de diversos actores con el programa.

El proceso de generación de alianzas y convenios no es improvisado ni automático; responde a una lógica técnica. En primer lugar, se debe contar con una propuesta claramente alineada con la gestión de la cuenca del río Lempa, es decir, iniciativas que integren impacto ambiental, territorial y social con resultados medibles.

Una vez estructurada esta base, el siguiente paso es identificar el canal de entrada adecuado, que generalmente se articula a través de instituciones que operan el programa, como FIAES y CRS. El acercamiento puede darse mediante convocatorias públicas o de forma directa a nivel institucional, siendo esta última especialmente relevante cuando se trata de alianzas estratégicas y no solo de proyectos financiados.

Sin comunicación no hay legitimidad. Sin articulación ni comunicación, la alianza o el convenio no existe en la práctica dentro de programas como Somos Río Lempa u otras iniciativas.

Al tratarse de uno de los programas más ambiciosos e importantes del país —por su enfoque en la gestión de la cuenca del río que nos da vida y desarrollo—, una alianza estratégica implica la participación simultánea de comunidades, municipalidades, instituciones públicas, ONG y cooperación internacional.

En este contexto, una alianza que no se articula correctamente puede volverse invisible, duplicativa o incluso conflictiva con otros esfuerzos en el territorio. La articulación es, por tanto, una parte estructural del convenio.

La comunicación cumple otra función distinta, pero igualmente crítica: validar, visibilizar y sostener la alianza. No se trata solo de publicar contenido, sino de asegurar que los actores del territorio comprendan qué se está haciendo, por qué y para quién. Esto reduce la fricción social, facilita la participación comunitaria y fortalece la gobernanza del proyecto.

La comunicación es también una forma de rendición de cuentas y de demostración de impacto, lo cual influye directamente en la continuidad o ampliación de la alianza.

Invisibilizar un proyecto o una alianza dentro del programa Somos Río Lempa no es un detalle menor; en la práctica, equivale a debilitarlo estructuralmente. Cuando una iniciativa no es visible dentro del ecosistema de la cuenca, pierde reconocimiento institucional, reduce su capacidad de coordinación y queda fuera de dinámicas donde se toman decisiones, se asignan recursos y se escalan intervenciones.

Esto puede traducirse en duplicación de esfuerzos, conflictos con actores locales, baja participación comunitaria y, en el peor de los casos, en la cancelación o no renovación del convenio por falta de evidencia de impacto.

Sin embargo, el programa avanza con paso firme, demostrando resultados concretos. Esto representa una ganancia ambiental significativa para el país.

Experto en temas ambientales

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