En los siglos pasados, los cristianos ya han tenido que enfrentar épocas de autoritarismo y abusos. Sus vivencias los movieron a reflexionar y a hacer teología para llevar un testimonio de vida coherente con las enseñanzas de Jesús.
En los siglos pasados, los cristianos ya han tenido que enfrentar épocas de autoritarismo y abusos. Sus vivencias los movieron a reflexionar y a hacer teología para llevar un testimonio de vida coherente con las enseñanzas de Jesús.
Dietrich Bonhoeffer, pastor y teólogo alemán, sabía muy bien que ser fiel al evangelio en tiempos de idolatría política supone un precio que pagar. Esa convicción ya la había expresado en su libro «El costo del discipulado». Y ese costo había comenzado a pagarlo cuando, en 1936, le revocaron la autorización para enseñar en la universidad. Dos años después, en enero de 1938, la Gestapo le prohibió residir y trabajar en Berlín. En 1940 le prohibieron hablar en público y, en 1941, imprimir o publicar cualquier trabajo de su autoría. El círculo se iba estrechando y la policía política estaba cada vez más cerca de él.
Después de su participación en la «Operación 7», destinada a rescatar judíos y llevarlos a Suiza, quedaron pequeños indicios que lo incriminaban. La Gestapo siguió esos rastros hasta lograr armar un caso en su contra por conspirar para salvar judíos. Así fue como, la mañana del 5 de abril de 1943, fue detenido mientras se encontraba en casa de sus padres. Su detención no fue un hecho aislado: ese mismo día también fueron arrestados su cuñado y su hermana Christine.
Bonhoeffer fue sometido a intensos interrogatorios por su participación en el rescate de judíos, por sus viajes al extranjero y por sus esfuerzos para ayudar a otros pastores a evitar el reclutamiento. En esos interrogatorios actuó con reserva: no delató la operación, no admitió abiertamente el rescate clandestino como tal y trató de desviar la interpretación de los hechos. Recurrió a respuestas tácticas y engañosas para proteger a otros y encubrir la resistencia, al mismo tiempo que procuró ofrecer una reinterpretación de sus viajes, contactos y actividades.
Tiempo después expresaría en su ensayo «¿Qué significa decir la verdad?» que, si una persona malintencionada pregunta algo sobre lo que no tiene derecho moral a saber, la obligación cristiana no es colaborar ingenuamente con el mal en nombre de una franqueza abstracta. La verdad siempre está ligada a la realidad, a la situación concreta y a la responsabilidad hacia el prójimo. El silencio, la reserva y las respuestas indirectas pueden ser moralmente necesarios en una situación de tiranía o abuso. Es decir, el criterio no es «di siempre todo lo que sabes», sino: «habla de un modo fiel a la realidad y responsable con el prójimo». Como resultado de su habilidad para responder a los interrogatorios, las autoridades no lograron probar plenamente su vinculación con la resistencia. No obstante, fue mantenido en prisión y trasladado a la cárcel militar de Tegel, en Berlín.
El encarcelamiento reorientó su trabajo teológico: su reflexión se volvió más concentrada y, al mismo tiempo, más radical. Sus cartas y apuntes de prisión llegaron a ser, de hecho, una de las partes más influyentes de su obra póstuma.
En prisión, Bonhoeffer escribió sobre todo cartas, notas, meditaciones y apuntes; es decir, una teología más breve, experimental y, a veces, inconclusa. Pero esa forma no la empobreció; más bien la volvió más existencial, más aguda y más vinculada a la realidad histórica inmediata. La privación de la libertad no cambió el pensamiento que venía expresando en su obra «Ética», libro que no lograría publicar, sino que más bien lo llevó hasta sus últimas consecuencias. La prisión fue para él la confirmación de que la fe cristiana no consiste en conservar la tranquilidad personal, sino en una obediencia concreta y costosa dentro de la historia. Sus cartas muestran a un teólogo que piensa la fe desde la vulnerabilidad, la espera, la solidaridad y la participación en los padecimientos de Dios en el mundo.
En los siglos pasados, los cristianos ya han tenido que enfrentar épocas de autoritarismo y abusos. Sus vivencias los movieron a reflexionar y a hacer teología para llevar un testimonio de vida coherente con las enseñanzas de Jesús. En el caso de Bonhoeffer, nos recuerda que la fidelidad al evangelio no es compatible con los ídolos del poder ni con las ideologías absolutizadas; también nos enseña que la fe debe encarnarse en una responsabilidad concreta frente al sufrimiento de las víctimas. Hoy es cuando nos corresponde a nosotros decidir si optamos por la comodidad personal y el silencio, o por una obediencia costosa y humilde que sirve en amor a los vulnerables.2
Pastor General de la Misión Cristiana Elim.
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