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El estrecho de Ormuz: nuevo epicentro de la guerra en Irán

El riesgo de una recesión global, si el bloqueo se prolonga más de 30 días, comienza a perfilarse. Este es precisamente el escenario que Washington desea evitar, mientras los bombardeos se intensifican en Irán contra centros de mando y polos económicos.

Desde que comenzó la operación de Estados Unidos llamada «Furia Épica» (Epic Fury) el pasado 28 de febrero, acompañada por «León Rugiente» (Roaring Lion) por parte de Israel, ambos aliados contra Irán —país que desde entonces ha sido bombardeado y cuyas principales autoridades religiosas y gubernamentales fueron eliminadas—, el conflicto parece intensificarse a pesar de las declaraciones del presidente estadounidense.

Irán, a pesar de los duros golpes sufridos contra su potencial balístico, logró apuntar contra sus vecinos con drones, como los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin y Omán. La estrategia consiste en difundir el desorden y el temor en sectores que aparecían, como Dubái, como polos de estabilidad y modernidad.

Mientras no faltan interrogantes sobre el verdadero estado de salud del nuevo “Guía Supremo”, Mojtaba Khamenei, designado tras la muerte de su padre, el ayatolá Ali Khamenei, Irán desarrolla una estrategia de desorden económico internacional. Intentar bloquear el estrecho de Ormuz significa paralizar el tráfico marítimo.

Con un ancho de 33 kilómetros en su punto más estrecho, por este paso transita cerca del 20 % del petróleo mundial y del gas natural licuado, es decir, aproximadamente 20 millones de barriles diarios.

El 28 de febrero de 2026, los primeros ataques aéreos estadounidenses e israelíes contra instalaciones nucleares y balísticas iraníes —que acabaron, entre otros, con la vida del líder supremo Ali Khamenei— provocaron, a pesar de los daños sufridos por Irán, represalias iraníes. La «batalla del estrecho de Ormuz» es una de ellas.

No se trata únicamente de una confrontación naval: representa una amenaza para la economía mundial. Irán espera provocar incertidumbre que se traduzca en un aumento de los precios del petróleo, que actualmente superan los 100 dólares por barril, así como interrupciones en las cadenas de suministro energético.

La colocación de minas en las rutas marítimas es uno de los instrumentos utilizados: 17 barcos han sido atacados en los últimos días por drones iraníes. Esto puede parecer un gesto desesperado, pero está teniendo efectos. En los últimos días, los precios del petróleo han mostrado fuertes fluctuaciones, provocando también un aumento en el precio de la gasolina.

Restablecer la seguridad en esta región —que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, entre Irán, Omán y los Emiratos Árabes Unidos— se ha convertido en una prioridad para Estados Unidos y sus aliados, tanto regionales como internacionales. Irán lo sabe y utiliza esta arma que se asemeja a una forma de guerra de guerrillas, lo que revela hasta qué punto su estructura central ha sido dañada, obligando a una regionalización de sus fuerzas armadas, controladas por los Guardianes de la Revolución.

Irán todavía parece disponer de unas 6.000 minas navales, según el Congreso estadounidense. El estrecho podría quedar bloqueado con apenas un centenar de estas armas.

Irán cerró el estrecho de Ormuz el 2 de marzo, atacando instalaciones energéticas. Misiles impactaron bases estadounidenses en Irak, Siria y el golfo Pérsico. Israel sufrió ataques de Hezbolá, lo que desencadenó la guerra en el sur del Líbano.

China y Rusia apoyaron a Irán con inteligencia, lo que dificultó la superioridad aérea estadounidense. Ante sus dificultades, Irán apuesta por una estrategia de asimetría: entre 5.000 y 6.000 minas, drones navales y misiles ocultos en cuevas constituyen los instrumentos del desorden. Su doctrina es clara: bloquear para debilitar la economía del adversario, tal como ya lo había hecho en 2006 y durante la guerra contra Irak en los años ochenta.

Para responder, Estados Unidos e Israel recurren a su superioridad aérea: bombarderos B-2, F-35 y los portaaviones USS Abraham Lincoln y USS Gerald Ford, este último desplegado desde el Caribe. Su objetivo es destruir las minas y reabrir el estrecho. Donald Trump ha amenazado con destruir los puertos iraníes.

El conflicto está provocando la mayor perturbación del mercado petrolero desde 1973. Los países del golfo Pérsico han reducido su producción en 10 millones de barriles diarios.

El crudo Brent subió un 13 % el 2 de marzo, mientras que el gas natural aumentó un 50 %. La Agencia Internacional de Energía liberó 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas.

En Estados Unidos, los precios de la gasolina están subiendo. A nivel mundial, los barcos están evitando el paso por la región y rodeando África, lo que incrementa los costos del transporte.

China, India y Japón se enfrentan a riesgos de escasez. Los precios de los fertilizantes —que dependen en un 30 % del tránsito por el estrecho de Ormuz— también están subiendo, lo que amenaza el suministro de alimentos.

El riesgo de una recesión global, si el bloqueo se prolonga más de 30 días, comienza a perfilarse. Este es precisamente el escenario que Washington desea evitar, mientras los bombardeos se intensifican en Irán contra centros de mando y polos económicos.

Por ahora, Irán solo ha desplegado una docena de minas navales. El país está blandiendo la amenaza, pero minar completamente el estrecho de Ormuz tendría costos políticos y económicos considerables también para Teherán.

Irán dispone de un arma de presión estratégica, pero sabe que utilizarla plenamente podría alejar a sus últimos clientes y aliados, en particular a China. También eliminaría cualquier posibilidad de diálogo con sus vecinos, incluido Irak, cuya economía quedaría paralizada, ya que el país está siendo utilizado en cierta medida por Irán como base de operaciones para eludir las sanciones.

En cualquier caso, el estrecho de Ormuz permanece bajo vigilancia extrema. La estabilidad económica mundial está hoy estrechamente vinculada a esta región, directamente relacionada con el conflicto en curso en Oriente Medio.

Politólogo francés y especialista en temas internacionales.

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