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La teoría de la locura

La historia no se repite por destino; se repite por negligencia, ya que, al perder la memoria, el pueblo se vuelve manipulable. Y un pueblo manipulable es presa, carne fresca, para cualquier cosa. La memoria es la fuerza de la verdad; es proteger el futuro.

La historia es un espejo donde encontramos los errores, las traiciones, las guerras, los excesos del poder y, especialmente, las consecuencias de la ignorancia colectiva. Los pueblos olvidan cómo se entregó la libertad. Cuando desaparece la memoria, las mismas tragedias regresan con diferente rostro, eso sí, con el mismo resultado.

La historia no se repite por destino; se repite por negligencia, ya que, al perder la memoria, el pueblo se vuelve manipulable. Y un pueblo manipulable es presa, carne fresca, para cualquier cosa. La memoria es la fuerza de la verdad; es proteger el futuro.

Al escuchar lo que pasa en la región, en el continente y en el mundo —unilateralismo vs. multilateralismo, democracia vs. autocracia, autoritarismo y la priorización del control dentro de los países sobre la democracia— sabemos que tendremos resultados conocidos de antemano.

La situación actual se dirige hacia la transformación del orden de las relaciones internacionales e internas en los países, donde lo único predecible es lo impredecible. Nos anuncian un nuevo orden y el viejo orden se va. Ese viejo orden que es: Estado de derecho, democracia, libertades, observancia del derecho internacional; valores que las nuevas generaciones desconocen y que ahora otros se dan el lujo de descalificar.

El derecho es un sistema de normas, no un caos. Cada norma tiene su lugar: la Constitución da validez a todas las leyes; luego vienen las leyes ordinarias, los reglamentos y todos los actos individuales, como contratos y sentencias. Todo responde a una sola idea: las normas unidas en obediencia a la Constitución. Solo así el sistema es coherente y obligatorio.

No hay justicia por inventar, sino un derecho que preservar. Con el viejo orden sobrevivimos a los totalitarismos y a los mercaderes de ilusiones.

Me pregunto: ¿quién enseñó la historia?
Debemos recibir una lección de historia.

El combate a las pandillas y a la criminalidad es algo a lo que nadie se opone. Restaurar las democracias es una necesidad apoyada por todos. Pero de ello a saltarse la Constitución, las leyes y la legislación internacional existe una gran distancia, porque hacerlo no es saludable para ningún país ni para sus poblaciones.

En la Escuela de Negocios de Harvard, en los módulos de solución de conflictos y negociación, se enseñan métodos para abordarlos: “ganar-ganar”, “los intereses mutuos”, “diga sí sin ceder”, entre otros. También se estudia “la teoría del loco”.

Esta teoría nace en círculos académicos y se relaciona con las ideas de Thomas Schelling, autor del libro Estrategia del conflicto y ganador del Premio Nobel de Economía por su trabajo sobre la teoría de los juegos. Sus planteamientos influyeron en Daniel Ellsberg, conocido por filtrar información sobre la guerra de Vietnam, quien en 1959 dio una conferencia titulada “El uso político de la locura”, donde señalaba que Hitler se benefició de su reputación de loco para avanzar en sus planes.

Eisenhower, según algunos historiadores, amenazó en secreto con usar armas nucleares en Corea si no se firmaba la paz, y en 1953 se firmó el armisticio. Esto sigue siendo controversial: hay quienes creen que no fue así o que no tuvo impacto. Sin embargo, su círculo íntimo, incluido Nixon, sostenía que esa reputación tenía importancia.

Años después, Nixon, ya como presidente, también aplicó la teoría. Le pidió a Kissinger que hiciera creer a Vietnam del Norte que él era capaz de todo, incluido el lanzamiento de una bomba nuclear. En los casos de Eisenhower y Nixon todavía hay debate sobre si la estrategia fue realmente efectiva.

Actualmente se escuchan planteamientos como que Canadá sea el estado número 51 de Estados Unidos, que se estudie anexar Groenlandia o recuperar el canal de Panamá. También se observa esta lógica en la postura frente a la guerra entre Rusia y Ucrania.

Las imágenes de la reunión en la Casa Blanca entre Zelensky y autoridades estadounidenses, incluido el presidente, hicieron pensar que la relación se había roto. Sin embargo, posteriormente Zelensky aceptó ceder derechos a Estados Unidos para explotar recursos minerales en Ucrania a cambio de apoyo militar.

Con la OTAN ocurrió algo similar: Trump puso en duda si Estados Unidos acudiría en defensa de sus aliados en caso de un ataque de Rusia y amenazó con retirarse si no aumentaban su inversión en defensa. A la hora de la cumbre, todos —menos España— se comprometieron a elevar al 5 % del PIB su inversión en defensa para 2035.

Esta táctica también se ha utilizado en el comercio internacional mediante aranceles, teniendo como objetivos principales a China, Canadá y México.

La lógica consiste en no decir directamente lo que se quiere, sino pedir con extravagancia para asustar a aliados y adversarios en una negociación, obligándolos a pensar que deben hacer algo para superar la situación. Es decir, lograr que concedan más de lo que estaban dispuestos a ceder.

Sin embargo, esta estrategia tiene riesgos. Al amenazar con medidas desproporcionadas contra adversarios e incluso aliados, puede perderse credibilidad. Existe un número limitado de veces que se puede lanzar una amenaza sin cumplirla. Cuando eso ocurre, los demás dejan de tomarla en serio y las alianzas se debilitan.

Se trata de un diseño de política altamente centralizado en el área de política exterior, donde las decisiones dependen más de la personalidad, las preferencias y el temperamento del líder.

El mundo se encuentra en medio de una ruptura, no de una transición. Persisten viejas obsesiones que parten de una acción simple: hacer creer que se es capaz de hacer cualquier cosa para conseguir concesiones mediante la presión.

No es necesariamente irracional. Responde a una lógica en la que se finge locura de manera intencional: parecer loco sin estarlo, con la finalidad de lograr un acuerdo que parece imposible, cuando existe oposición para alcanzarlo y el adversario no contempla ceder.

Esto genera confusión y dificulta visualizar qué se busca realmente, impidiendo que los otros puedan prepararse. A ello se suma un modelo de comunicación gubernamental que privilegia la mentira articulada en tres elementos: la mentira presentada como verdad, la verdad a medias y el impulso de la censura, jugando a favor del proponente y privilegiando el control dentro de los países por encima de la democracia.

General (r) de la Fuerza Armada de El Salvador.

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