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Productores enfrentan incertidumbre para el próximo ciclo agrícola por clima y conflicto en Irán

La posible llegada de El Niño y la volatilidad del petróleo por el conflicto en Irán generan dudas entre productores salvadoreños sobre los costos y riesgos del próximo ciclo de siembra que iniciará pronto

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La guerra en Medio Oriente y las alzas en el petróleo podrían incidir en un aumento en precios de insumos agrícolas, estiman productores. | Foto EDH/Archivo

El próximo ciclo agrícola en el país inicia en mayo, y según el sector de los productores, actualmente hay una serie de incertidumbres sobre lo que podría ocurrir con el siguiente período de siembra de granos básicos, sobre todo, por la coyuntura geopolítica en Irán y los fenómenos climáticos que podrían afectar a la región en los próximos meses.

Recientemente, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) señaló que el fenómeno de La Niña, bajo cuya influencia se ha mantenido la región en el último año, podría culminar y dar paso a un período de neutralidad en lo referente a las lluvias y sequía en la región, pero también advirtió que existe hasta un 40% de probabilidades de que el fenómeno de El Niño regrese a partir de julio, dando fin al período neutro.

Pero, ¿por qué importan tanto estos fenómenos en la agricultura? la economista y maestra en desarrollo y sostenibilidad, Meraris López, explica que la región está bajo la influencia directa del ENOS (El Niño de la Oscilación Sur), un fenómeno climático que se compone de tres fases: El Niño, caracterizado por ser un período seco o con largos períodos de sequía; La Niña, que es un fenómeno en el que llueve más de lo normal; y la fase neutra, la cual no registra comportamientos anormales en lo referente a las lluvias pues, en palabras de López “no hay excesos ni déficits de precipitaciones”.

Por lo anterior, la fase que más beneficia a la producción agrícola es la fase neutra, pues los agricultores pueden llevar a cabo la siembra de manera normal según la estación del año: la primera, que se da entre mayo y junio, y la postrera, que se desarrolla entre noviembre y, en algunos casos, hasta en enero, según Merari López. Sin embargo, y debido a la advertencia de la ONU, para este 2026 podría haber nuevos efectos negativos para el sector agropecuario en el país.

De acuerdo con Luis Treminio, presidente de la Asociación Cámara de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO), tanto El Niño como La Niña son negativos para el rubro de la agricultura, por lo que añade que, pese a que todavía no hay un pronóstico claro entre lo que advierten la ONU y Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), desde CAMPO han recomendado a los pequeños productores que comiencen el ciclo de siembra hasta la segunda semana de junio, temporada en la que ya habrán caído las primeras lluvias y en la que los suelos mantendrán la humedad necesaria para germinar los granos.

“Todavía no sabemos cuál será el fenómeno que nos va a impactar, pero de lo que sí estamos seguros es de que no será un año como el 2025, cuando hubo condiciones neutras sin influencia de El Niño ni de la Niña”, explica el representante de la gremial, quien además agrega que “si finalmente se desarrolla El Niño habrá afectaciones como pérdidas de los cultivos, es decir, lo que sucede siempre que ocurren estos fenómenos”.

Según una investigación publicada en 2024 por López y su equipo de investigación en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), El Salvador, por ser parte del corredor seco, ha enfrentado hasta 14 eventos climáticos que han afectado los cultivos de granos entre el año 2009 y 2003, de los cuales ocho están relacionados con períodos largos de sequía y hasta seis están vinculados con el exceso de lluvias. Estos eventos climáticos se han traducido hasta en $590.5 millones en pérdidas para el sector agropecuario en ese lapso de tiempo.

En años anteriores, por ejemplo, CAMPO reportó que el 2023 fue uno de los peores años en cuanto a pérdidas en los cultivos, pues solo en ese año los estragos de El Niño (que adquirió el nombre de “súper Niño” para ese año), y otros fenómenos como tormentas tropicales, representaron la suma de hasta $84 millones en pérdidas para el sector, una cifra que coincide con el estudio elaborado por Meraris en la UCA.

De acuerdo con López, la influencia que tienen estos fenómenos climáticos en el país es alta debido a las características de la siembra de granos en el país: “El 90% de la agricultura que se genera en el país es de secano, es decir, que depende exclusivamente de la lluvia y no de sistemas de riego”, apunta la economista, quien agrega que “si la canícula se prolonga, esto significa que puede haber serios impactos en granos básicos como el frijol u otros cultivos que no tienen sistema de riego”.

La investigación de Meraris también reporta que “en Centroamérica, se estima que aproximadamente el 60% de los productores agrícolas son pequeños agricultores o de subsistencia, quienes  no son dueños de la tierra que trabajan (solo el 6.5% tienen calidad de propietarios) y que, además, cultivan  en sistemas de baja productividad y con dependencia exclusiva del agua lluvia (…) Esta combinación de  características hace que los sistemas agrícolas y agroalimentarios centroamericanos sean particularmente vulnerables a los eventos climáticos”.

La guerra en Irán, otra preocupación

Otra circunstancia que agrega más incertidumbre al sector agrícola en el país es la guerra suscitada en Irán desde el pasado 28 de febrero. Según Treminio, por el momento no pueden hacer una proyección de los granos que esperan producir para el siguiente ciclo debido a que están a la espera de ver cuál será el avance de la situación.

Lo anterior debido a que, señala, la mayoría de los pesticidas y fertilizantes utilizados en la producción de granos provienen de procesos petroquímicos, por lo que las alzas en el petróleo podrían incluir la consecuente alza en los precios de los insumos agrícolas necesarios para la siembra de granos.

La incertidumbre radica en la volatilidad que algunos commodities como el petróleo están experimentando en las últimas semanas, pues solo el pasado lunes el precio del barril de petróleo West Texas Intermediate, de referencia para El Salvador, superó los $119, un precio no visto desde 2022, mientras que ayer osciló entre los $88 y $91 el barril.

De acuerdo con el representante de CAMPO, “cuando el petróleo sube, también sube el precio del transporte de carga, lo que sirve como justificación para subir el precio a los insumos”. Esto último ha sido retomado en días anteriores por distintos representantes del sector productivo en el país, quienes ven en el petróleo el principal riesgo para la economía salvadoreña, sobre todo, por el “efecto cascada” que podría generarse tras las distintas alzas, algo que impactaría de manera directa en los precios de los bienes para los consumidores finales.

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