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El  Salvador enfrentando la crisis del petróleo

El país debe fortalecer la producción agrícola nacional, mejorar la logística, fomentar una competencia real en los mercados y avanzar en la sustitución de importaciones energéticas mediante biogás, energía solar industrial y movilidad eléctrica. De lo contrario, seguirá siendo vulnerable a cualquier choque externo: petróleo, guerra o crisis logística mundial

Mientras dormimos, el Medio Oriente arde. El 2026 inició con probabilidades de que conflictos en puntos específicos del globo terrestre se incendiaran. Y cada vez que se atizan los ánimos en esa región convulsa del planeta, el precio del petróleo sube y se genera incertidumbre mundial, hoy más que nunca, por las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos.

La muerte del máximo líder de la revolución islámica de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, en una operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel cuyo propósito era descabezar el poder religioso en Irán y desmantelar la cúpula militar, habría resultado exitosa en términos estratégicos, pero con serias repercusiones a nivel global. Una de ellas es el cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 % del crudo mundial, lo que genera zozobra, aumento de precios y una prima de riesgo adicional en los mercados de commodities, presionando al alza los precios del petróleo.

Y para echar más leña al fuego, Venezuela, otro país protagonista en este convulso inicio de 2026, enfrenta una severa crisis interna. Tras la captura y extradición a Estados Unidos del dictador Nicolás Maduro, la industria petrolera venezolana muestra un profundo deterioro por mal manejo, políticas internas desacertadas, populismo y corrupción. Esto limita su capacidad de sostener con regularidad la oferta de crudo.

Cuando todo esto ocurre, los precios del petróleo se disparan debido a los conflictos geopolíticos, especialmente en el Medio Oriente. Ese incremento se traslada al alza de los costos del combustible, la energía eléctrica y el transporte, elevando la inflación y presionando los presupuestos nacionales, particularmente en economías que dependen del crudo importado, como la nuestra.

La crisis energética que vive Cuba en la actualidad es de las más agresivas en décadas. Como muchos países del Caribe, Cuba depende en más de un 90 % de los combustibles fósiles, y el 83 % de su matriz energética proviene del petróleo para la generación eléctrica. Venezuela y México han sido sus principales proveedores; sin embargo, las sanciones estadounidenses a los países que suministren crudo a la isla han profundizado la crisis. Esto ha provocado apagones prolongados —de más de 20 horas—, el colapso de servicios públicos y de salud, la paralización del transporte urbano y el incremento en los precios de los alimentos, generando una grave afectación social.

El Salvador importa el 100 % del petróleo y sus derivados. Aunque mantiene buenas relaciones con la administración estadounidense, el país siempre sufre el impacto de la inestabilidad internacional en los precios del crudo. Esto ocasiona aumento en el costo del transporte, mayores gastos logísticos, encarecimiento de alimentos y productos importados, así como alzas en el precio del gas propano. El petróleo, sin duda, tiene un efecto inflacionario.

Si bien El Salvador cuenta con una matriz energética con importante participación de fuentes renovables —geotermia, solar, hidroeléctrica y eólica—, aún depende del diésel para el transporte público, el transporte de carga, la maquinaria agrícola y el sector construcción.

Además, cuando la población se ve expuesta a noticias de guerra en el Medio Oriente, muchos comerciantes anticipan aumentos de precios y ajustan tarifas antes de que los incrementos se materialicen. Se genera así una inflación por expectativas.

En términos energéticos, El Salvador es relativamente robusto: posee alta participación de renovables, no depende masivamente de generación térmica para electricidad y cuenta con interconexión regional mediante el SIEPAC. El problema no es tanto eléctrico como estructural y relacionado con combustibles.

El país debe fortalecer la producción agrícola nacional, mejorar la logística, fomentar una competencia real en los mercados y avanzar en la sustitución de importaciones energéticas mediante biogás, energía solar industrial y movilidad eléctrica.

De lo contrario, seguirá siendo vulnerable a cualquier choque externo: petróleo, guerra o crisis logística mundial. Es importante subrayar que subir precios no siempre es una decisión inteligente. Cuando se reduce la demanda, el consumidor compra menos, la economía local se desacelera y el comerciante termina vendiendo menor volumen. Incrementar precios por mera especulación puede generar una inflación autoinfligida.

El autor  es especialista en temas ambientales.

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