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Movilidad humana: Evolución del concepto de seguridad

La Carta de las Naciones Unidas establece que uno de sus objetivos es «Promover el progreso social y… elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad»

No vive el que no vive seguro

Francisco de Quevedo

En su artículo Conceptos y enfoques de seguridad, Luis Felipe Dávila recuerda que «El concepto de seguridad presenta múltiples matices y acepciones; sin embargo, cada una de ellas no remite exactamente a una época o periodo, sino que entraña un programa político, una cosmovisión y una finalidad. Además, el concepto de seguridad puede llegar a ser un medio o un fin, dependiendo de su articulación dentro del discurso de poder. La gran mayoría de conceptualizaciones sobre la seguridad tienden a ubicar su práctica y discurso (jurídico-político) en el terreno de la preservación del statu quo, del ‘sistema’, o del orden social. Entienden la seguridad como medio y no como fin. Se presenta pues el término como un medio para la consolidación de la soberanía, y su ejercicio implica la eliminación de amenazas (tanto internas como externas) y el control sobre el territorio. La noción de seguridad ha inspirado los enfoques de estrategia militar más usados para estudiar el fenómeno y viceversa».

No obstante, la Carta de las Naciones Unidas establece que uno de sus objetivos es «Promover el progreso social y … elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad» y, de acuerdo con Kofi Annan que fue secretario de la Organización Mundial, esto «puede interpretarse como «un concepto más amplio de libertad», porque solo se «puede ser auténticamente libre…si se está amparado de la guerra y la violencia, y si la legislación garantiza los derechos fundamentales y la dignidad. Los derechos humanos, el desarrollo y la seguridad son interdependientes, y en su conjunto dan como resultado una libertad más amplia. Constituyen además los tres elementos principales de una plataforma de las Naciones Unidas que puede resultar claramente atractiva a escala mundial: objetivos simples, fácilmente comprensibles, de importancia evidente para la persona común, ya sea ciudadana de Londres o de Nueva York, que teme otro ataque terrorista, o el habitante de un tugurio o una aldea de América Latina y África en que las amenazas más inmediatas parecen ser el hambre, la enfermedad, la desertificación y los conflictos civiles».

Así las cosas, en su informe titulado Un concepto más amplio de la libertad: Desarrollo, Seguridad y Derechos Humanos, el secretario general recuerda que «En la Declaración del Milenio, los Estados Miembros afirmaron que no escatimarían esfuerzo alguno por promover la democracia y fortalecer el imperio de la ley y el respeto de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente reconocidos. Reconocían así que, si bien la libertad para vivir sin miseria y la libertad para vivir sin temor son fundamentales, no resultan suficientes. Todos los seres humanos tienen derecho a ser tratados con dignidad y respeto». De la misma forma, hace hincapié en que «La protección y la promoción de los valores universales del imperio del derecho, los derechos humanos y la democracia constituyen fines por sí mismas. También son imprescindibles para lograr un mundo de justicia, oportunidad y estabilidad. No habrá plan de seguridad ni campaña en pro del desarrollo que consiga sus objetivos si no reposa en el sólido fundamento del respeto por la dignidad humana».

En su escrito titulado Seguridad humana, Karlos Pérez de Armiño y Marta Areizaga recuerdan que la «seguridad humana tiene dos dimensiones básicas: la libertad respecto a las necesidades básicas (que éstas se vean cubiertas) y la libertad respecto al miedo (amenazas, represión, etc.). Las amenazas a la seguridad humana pueden ser crónicas (hambre, enfermedad, represión, etc.) o pueden consistir en perturbaciones repentinas de la vida cotidiana, y pueden deberse a factores naturales o humanos». También recuerdan que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), divide estas dos dimensiones fundamentales en siete categorías:

(1) «Seguridad económica: Disponibilidad de ingresos básicos procedentes del trabajo, el Estado o los mecanismos de ayuda tradicionales (en el ámbito de la familia o la comunidad».

(2) «Seguridad alimentaria: Disponibilidad de alimentos y de recursos con los que acceder a ellos».

(3) Seguridad en salud: Cuerpo sano, entorno en condiciones de salubridad, cobertura del sistema sanitario».

(4) Seguridad medioambiental: Equilibrio ecológico, sostenibilidad del desarrollo».

(5) «Seguridad personal: ausencia de violencia física».

(6) «Seguridad proporcionada por la comunidad: Protección dada al individuo por la comunidad, familia o grupo étnico (protección física, ayuda material, sentimiento de grupo e identidad cultural, etc.)».

(7) «Seguridad política: Respeto a los derechos fundamentales del individuo, garantías democráticas».

Esta evolución se encuentra también a nivel regional, por ejemplo, en la Declaración sobre Seguridad en las Américas que adoptó la Conferencia Especial sobre Seguridad, en Ciudad de México el 28 de octubre de 2003. Allí, se afirma que «La seguridad de los Estados el Hemisferio se ve afectada, en diferente forma, por amenazas, preocupaciones y otros desafíos de naturaleza diversa:

«el terrorismo, la delincuencia organizada transnacional, el problema mundial de las drogas, la corrupción, el lavado de activos, el tráfico ilícito de armas y las conexiones entre ellos;

«la pobreza extrema y la exclusión social de amplios sectores de la población, que también afectan la estabilidad y la democracia. La pobreza extrema erosiona y vulnera la seguridad del Estado;

«los desastres naturales y los de origen humano, el VIH/SIDA y otras enfermedades, otros riesgos a la salud y el derecho al medioambiente;

«la trata de personas;

«la posibilidad de que surja un daño en el caso de un accidente o incidente durante el transporte marítimo de materiales potencialmente peligrosos, incluidos el petróleo, material radioactivo y desechos tóxicos; y

«la posibilidad del acceso, posesión y uso de armas de destrucción en masa y sus medios vectores por terroristas».

El análisis juicioso de todos estos documentos lleva a la conclusión de que plantean una concepción integral de la seguridad que incluye tanto la seguridad pública como la seguridad humana, porque de esta manera la seguridad pública no solo depende de su poder de disuasión y de represión. Esta visión de la seguridad representa una evolución que incluye a las personas y considerara sus necesidades básicas para que puedan vivir sin temor y sin necesidad vital.

Abogado y diplomático salvadoreño

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