La juventud salvadoreña necesita valentía para estudiar en medio de dificultades, perseverancia frente a la desigualdad y sabiduría para no dejarse llevar por modelos superficiales de éxito
La juventud salvadoreña necesita valentía para estudiar en medio de dificultades, perseverancia frente a la desigualdad y sabiduría para no dejarse llevar por modelos superficiales de éxito
Hablar de la juventud en El Salvador es hablar del presente, no solo del futuro. Los jóvenes somos quienes estamos estudiando, trabajando, emprendiendo y soñando con un país mejor. Pero también somos quienes enfrentamos muchos retos, especialmente en el ámbito educativo.
En los últimos años, el país ha cambiado en varios aspectos. La reducción de la violencia ha permitido que muchos jóvenes puedan movilizarse con mayor libertad y asistir a sus centros educativos sin el mismo temor que antes existía en algunas comunidades. Esto es positivo. Sin embargo, la seguridad es solo una parte del problema. El verdadero desafío ahora es mejorar la calidad de la educación.
Muchos jóvenes logran terminar el bachillerato, pero no todos tienen acceso a una universidad o a una formación técnica adecuada. Otros ingresan a la universidad, pero el sistema no siempre responde a las necesidades reales del mercado laboral. Estudiamos carreras que, en algunos casos, tienen pocas oportunidades de empleo o no están conectadas con las nuevas exigencias tecnológicas.
Uno de los principales retos es la tecnología. Hoy en día, el mundo gira alrededor de la innovación digital. No basta con tener una computadora o una tablet; necesitamos aprender a usar la tecnología de forma productiva. Sería importante que desde la escuela se enseñe programación básica, habilidades digitales y pensamiento crítico.
Otro punto clave es la calidad de los docentes. Un buen maestro puede cambiar la vida de un estudiante. Pero para eso, también necesita capacitación constante y mejores condiciones laborales. Si queremos educación de calidad, debemos apoyar a quienes enseñan.
Ahora bien, hay un tema que debe convertirse en un eje central dentro de los objetivos educativos del país: la desigualdad. Actualmente existe una brecha clara entre quienes estudian en zonas urbanas con acceso a internet, tecnología y mejores recursos, y quienes viven en zonas rurales o en contextos de vulnerabilidad donde incluso el transporte o los materiales básicos son un problema. No todos los jóvenes parten desde el mismo punto, y eso influye directamente en sus oportunidades.
La desigualdad no puede seguir siendo un tema secundario. Debe formar parte de los objetivos educativos nacionales: garantizar igualdad de acceso, fortalecer la infraestructura en comunidades alejadas, asegurar conectividad y ofrecer programas de apoyo académico para quienes más lo necesitan.
Pero junto a la desigualdad existe otro fenómeno que también debe ser considerado como eje central en los objetivos educativos: los falsos ejemplos de éxito. Vivimos en una era donde muchos jóvenes creen que la meta principal es volverse ricos rápidamente. Se promueve la idea de que el éxito se mide únicamente por dinero, seguidores o fama. Muchos quieren ser influencers sin preparación, sin conocimiento sólido y sin formación académica.
No tiene nada de malo emprender en redes sociales o crear contenido digital. El problema surge cuando se desprecia el estudio y la preparación. La fama sin fundamento es frágil. El dinero rápido, sin valores ni formación, puede desaparecer tan rápido como llegó. La educación debe enseñar que el verdadero éxito no es solo económico, sino también intelectual y moral.
Desde mi perspectiva como joven estudiante de derecho, creo que la educación también debe formar en valores. No basta con aprender conceptos técnicos. Necesitamos ética, respeto, responsabilidad y sentido de justicia. Un profesional sin valores puede tener conocimiento, pero no necesariamente aportará al bien común.
Quiero cerrar con un texto bíblico que resume la importancia de la formación y del esfuerzo:
“Esfuérzate y sé valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9).
La juventud salvadoreña necesita valentía para estudiar en medio de dificultades, perseverancia frente a la desigualdad y sabiduría para no dejarse llevar por modelos superficiales de éxito. Cuando combinamos educación de calidad, justicia social y principios firmes, no solo formamos profesionales: formamos ciudadanos que pueden transformar el destino de una nación.
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