Hechos en tela, fibra de vidrio, alambres y pedrería, los majestuosos disfraces de los reyes y reinas del carnaval de Trinidad y Tobago narran la historia de una nación forjada por la resistencia, la migración y la tradición oral
Hechos en tela, fibra de vidrio, alambres y pedrería, los majestuosos disfraces de los reyes y reinas del carnaval de Trinidad y Tobago narran la historia de una nación forjada por la resistencia, la migración y la tradición oral

Hechos en tela, fibra de vidrio, alambres y pedrería, los majestuosos disfraces de los reyes y reinas del carnaval de Trinidad y Tobago narran la historia de una nación forjada por la resistencia, la migración y la tradición oral, y deberían perdurar más allá de los desfiles.
En los más de 70 disfraces de las competencias de los reyes y reinas, organizadas por la Asociación de Bandas de Carnaval en Queen’s Park Savannah, se entrelazan influencias africanas, indias, indígenas, europeas, chinas y estadounidenses.
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A sus 80 años, el veterano creador de disfraces Miguel Marchán declara a EFE que ha dedicado su vida a retratar «la historia de la grandeza de Trinidad» con representaciones del ibis escarlata, el tambor de acero y la caña de azúcar, emblemas de la identidad nacional.
La edad ha frenado su ritmo de trabajo, pero no su pasión. Sus creaciones de 2026, «El Dragón Renacido» y «Ave Guardián Cresta Violeta», fueron elaboradas con lentejuelas, cuentas, metal, alambre, varillas de fibra de vidrio y tubos de PVC.

Aunque orgulloso de que su hija Peola haya obtenido múltiples títulos de reina, reconoce que los diseñadores veteranos a menudo se sienten ignorados: «A veces parece que la gente no ve el sacrificio que hay detrás de estas cosas», se lamenta.
Al respecto, Peola Marchan asegura que los sacrificios son tanto económicos como físicos, ya que los disfraces pueden costar miles de dólares y meses de trabajo.
Sin embargo, después de la competición, a menudo no hay dónde guardarlos. En ocasiones los desmontan pero, según explica, pueden guardar las varillas pero «el resto no siempre se puede volver a utilizar».
UN MUSEO PARA PRESERVAR LOS DISFRACES
La familia Marchan apoya la petición de un Museo del Carnaval en el país para preservar los disfraces que, de lo contrario, desaparecen mayoritariamente al terminar la temporada.

Esa petición resuena también en diseñadores más jóvenes como Rana Khandoo, de 26 años, quien elaboró este año a «Chanchala, la Encantadora de Serpientes», un disfraz inspirado en el folclore de la India Oriental.
A diferencia de muchas creaciones de gran tamaño, su disfraz sobrevivirá más allá del escenario, al igual que la pieza del año pasado, que se exhibe en el centro comercial West Mall.
Khandoo dice a EFE que los espacios de exhibición permanente permitirían a las futuras generaciones apreciar la artesanía, ya que estas creaciones «necesitan ser vistas».
De la misma opinión es el diseñador Kelly Julian, quien considera que los veteranos del carnaval siguen siendo la columna vertebral del evento y deberían tener canales estructurados para transmitir sus conocimientos.

«Deberían haber tenido un museo hace mucho tiempo», afirma Julian, quien advierte de que la energía creativa se pierde una vez que se desmontan los disfraces.
INFLUENCIAS DE LOS DISTINTOS CONTINENTES
«Malika, la Reina León», de Gloria Dallsingh Productions, rugió con majestuosidad africana, mientras que en la categoría de África Histórica, Antourage Productions presentó «Mirage – Mama Isibongo, Emperatriz de Zululandia», en honor a la herencia zulú y la autoridad matriarcal.
Las representaciones evocaron el viaje de la diáspora africana al Caribe, un recordatorio de que el carnaval mismo nació de la resistencia.
El folclore se extendió por los continentes con la presentación de Marlon Rampersad de «Majestuoso Dios Sol», inspirado en la civilización inca, y «La Morgana: Emperatriz del Inframundo», de Antourage Productions, que fusionó la imaginería gótica europea con la teatralidad caribeña.

La cultura literaria encontró expresión en «Mama Dingolay» de Showtime Carnival, inspirada en el diccionario dialectal caribeño «Côte Ci Côte La», que celebra la lengua como identidad.
Por su parte, la leyenda europea surgió en «La saga épica de Ragnar el Vikingo» de Clyde Blaize, reflejando que el carnaval es más que arte, es Trinidad y Tobago documentando su historia con color y ritmo.
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