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Morir del capullo por imposible amor (y III)

“¿Qué es lo que miras en el cielo?” le preguntan. “Aquella estrellita en lo lejano -responde. Un día fue una flor hermosa. Gala del jardín y codiciada por el ruiseñor. Pero se enamoró de un trébol del campo y el hermano zompopo la cortó».

“Quiero que cortes mi tallo” -pidió la flor al zompopo de la floresta para estar con su amado trébol. “Este jardín no puede ser tocado pues es el jardín del Señor de las Estrellas” -contestó aquel- agregando ¿Y cómo quieres morir divina flor, si además no me lo podría perdonar?” “Te lo suplico -dijo ella. ¡Toma mi miel y mi perfume!” La recompensa era tanta que el hormigo terminó por aceptar. El capullo -cayendo por los aires- descendió hasta el enamorado trébol. “¡Dios mío! -exclamó con asombro y dolor el trébol. ¿Quién te ha hecho eso, amada mía? ¡Vienes sin miel, sin perfume y casi sin vida!” “¡Fue por ti, amorcito!” dijo la flor, desvaneciéndose a su lado. Desde entonces el zompopo rural es perseguido en los jardines de la tierra. La flor y el trébol estaban llenos de rocío.. Era que el cielo se puso a llorar la noche anterior, cuando la luna se iba por los cerros. Han pasado los años. Un trébol viejecito y triste, se pasa las noches mirando una estrella. “¿Qué es lo que miras en el cielo?” le preguntan. “Aquella estrellita en lo lejano -responde. Un día fue una flor hermosa. Gala del jardín y codiciada por el ruiseñor. Pero se enamoró de un trébol del campo y el hermano zompopo la cortó”. “¿Por qué entonces, se te mojan los ojos?” -añaden. “Porque desde entonces, la distancia entre ella y yo es más grande. Porque si un trébol no puede subir a una mata ¿Cómo será capaz de subir al cielo y llegar a la estrella? Se soltó una llovizna y nadie supo de aquella distancia entre el corazón y la estrella. Desde entonces, quien encuentra un trébol de cuatro hojas en el campo será feliz y de buena fortuna en el amor.

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