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Historias de sobrevivencia: Vivir sin una pensión o ingresos fijos en El Salvador

En El Salvador no todas las personas adultas mayores cuentan con una pensión o ingresos fijos que les permitan cubrir sus gastos, por lo que muchos no tienen más opción que trabajar en el comercio informal.

Adultos- Mayores- Trabajos- Informal
De Izq a Der. Victoria Martinez Cárcamo camina por las mismas calles vendiendo desde hace 70 años. Ella ahora tiene 81 de edad, no recibe apoyo económico de nadie. A sus 74 años de edad, a Mauricio Umanzor no le gusta quedarse en casa. Prefiere salir a vender para tener ingresos propios. María de Jesús Cañada comenzó a los 14 años a vender en el mercado artículos para bebé y ropa para niños. Ahora, a sus 67 años, solo puede cargar con pasta de dientes como venta ambulante. Foto EDH / Emerson Del Cid

Victoria Martínez Cárcamo camina por las mismas calles de San Salvador desde hace 70 años. Siempre cargando su venta de producto en sus manos, hombros u bolsón. Ella ahora tiene 81 años de edad, y dedicó siete décadas de su vida a la venta ambulante para ganarse la vida.

Martínez forma parte de un grupo de personas adultas mayores que continúan trabajando para tener un ingreso económico con el cual subsistir.

La Organización Internacional del Trabajo estimó en 2024 que el 19.5% de las salvadoreñas adultas mayores aún continúan trabajando. El Censo de Población 2024 realizado por el Banco Central de Reserva de El Salvador (BCR) contabilizó 512,765 mujeres de la tercera edad.

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Rosa Navarrete se cubre con las mismas bolsas que vende en el mercado, ya que padece de una enfermedad en la piel por la exposición prolongada al sol. Este es el único ingreso que percibe a sus 75 años. Foto EDH / Emerson Del Cid

Para Victoria, su modo de vida actual es simple: si no trabaja, no come. Mientras camina por las calles del Centro Histórico, ofrece pequeños zapatos de lustrar para niña a dos dólares y sandalias a tres dólares. «Que gane unos $3.00 o $5.00, ya llevo algo para la casa» cuenta.

Para ella trabajar a esta edad es una especie de bendición, puesto que nunca le gustó ser una carga para su hija ni ningún familiar o ser querido. No cuenta con una pensión, tampoco se jubiló porque nunca tuvo un trabajo formal. Siempre pensó en seguir trabajando para ella misma, a pesar de su avanzada edad.

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El Centro de San Salvador luce con decenas de vendedores ambulantes que buscan continuar su vida de comercio, luego de los desalojos de varias calles en el reordenamiento de la capital. |foto edh/ emerson del cid

Caminar por las calles del centro de San Salvador cercanas al mercado Central es escuchar un bullicio de vendedores ambulantes. En su mayoría, adultos o personas de la tercera edad que buscan ganarse «unas fichitas», como dicen, para ir pasándola.

Aunque enero es el mes dedicado al adulto mayor, estas personas lo viven como todo el año: en la rebusca.

«Aquí uno está por necesidad» es lo primero que dice Pedro Méndez, al contestar el porqué a sus 72 años continúa vendiendo de forma ambulante en las calles de San Salvador. Originario de San Pedro Nonualco, La Paz, don Pedro decidió migrar a la capital en 1973 en busca de un mejor ingreso económico, cuando tenía 20 años trabajó de jardinero, le pagaban 95 colones; pero esto no le alcanzaba para cubrir sus necesidades básicas, cuenta.

Al llegar, Méndez pudo establecer un negocio de zapatos y otros productos de ropa cerca de la Iglesia El Calvario, vendía y reparaba relojes. Ahí permaneció hasta que lo desalojaron en 2023. Después de ese movimiento descansó unos días, pero luego la necesidad de un ingreso lo movió a vender de nuevo. Compró paquetes de lentes de distintas graduaciones y estilos para venderlos entre tres y cinco dólares cerca del Mercado Central.

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Pedro Méndez es originario de San Pedro Nonualco. A sus 72 años, vende lentes cerca del Mercado Central, luego de haber sido desalojado de la zona de la Iglesia El Calvario. Foto EDH / Emerson Del Cid

Don Pedro forma parte de los 381,688 hombres adultos mayores que residen en el país, según el Censo Poblacional 2024 del BCR. Según la OIT, al menos el 44.3% de los hombres de la tercera edad aún desempeñan una labor en busca de una remuneración para cubrir sus gastos.

La jubilación es una meta trazada por los trabajadores que han desempeñado su vida laboral en el sector formal. Recibir una pensión en la etapa de la vejez es un alivio; pero un gran porcentaje de adultos mayores no la poseen.

Emilio Espín, de la Mesa Nacional del Adulto Mayor, en reiteradas ocasiones ha informado que solo 200,000 personas adultas mayores tienen algún tipo de pensión. Esto obliga al resto que no recibe ningún tipo de ayuda económica a trabajar en el sector de comercio informal u algún oficio, ya que por su edad tampoco pueden aspirar a un empleo que les otorgue ingresos estables.

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Ángela y Mario son esposos y ambos tildan de «complicado» continuar vendiendo a una avanzada edad en el comercio informal, sin un apoyo adicional para contar con ingresos. Foto EDH / Emerson Del Cid

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