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Vos sos lo que tenés

Cada plaza suprimida implica menos consultas disponibles, mayor saturación y retrasos acumulados. En salud, la ausencia de un profesional no es un dato contable: es una oportunidad de atención que se pierde.

Diciembre suele ser un mes de balances. Las ciudades se llenan de luces, los discursos apelan a la esperanza y las familias se preparan para celebrar. Es un tiempo asociado a la solidaridad y al cuidado del otro. Sin embargo, mientras el país entra en esta atmósfera festiva, el sistema de salud atraviesa una realidad que contrasta de forma inquietante con ese mensaje.

«Vos sos lo que tenés» es una expresión popular salvadoreña, que resume con brutal honestidad, cómo se valora a las personas según sus recursos y su acceso. En medicina se nos enseña lo contrario: que la vida humana posee un valor intrínseco, independiente de la condición económica o social. Pero entre el discurso ético y la experiencia cotidiana de los pacientes existe una distancia cada vez más evidente.

Las recientes denuncias por despidos de médicos y personal de salud en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social no pueden analizarse solo como ajustes administrativos. Cada plaza suprimida implica menos consultas disponibles, mayor saturación y retrasos acumulados. En salud, la ausencia de un profesional no es un dato contable: es una oportunidad de atención que se pierde.

Esta reducción ocurre en un sistema ya marcado por largos tiempos de espera. Conseguir una cita con un especialista puede tomar meses. Para muchas patologías crónicas, ese tiempo no es una molestia, sino un factor de riesgo. La enfermedad no se detiene porque el sistema esté sobrecargado.

Los pacientes renales encarnan esta fragilidad de forma dramática. Su atención exige seguimiento continuo, medicamentos oportunos y procedimientos precisos. Retrasar consultas o fragmentar la atención no es un inconveniente operativo: es poner la vida en suspenso. Aun así, los reportes de saturación y demora persisten.

A ello se suma un problema recurrente y profundamente deshumanizante: las aglomeraciones y el desabastecimiento de medicamentos. Filas interminables, farmacias sin stock y recetas incompletas se han vuelto parte de la rutina. En un mes asociado a la abundancia y la celebración, hay pacientes para quienes lo esencial —su tratamiento— no está garantizado.

En este escenario resulta imprescindible referirse a DoctorSV, una plataforma que fue presentada ante la población como la respuesta estructural a las deficiencias históricas del sistema de salud. Sin embargo, hoy es evidente que una proporción significativa de la ciudadanía no sabe con claridad cómo funciona, para qué problemas de salud es realmente útil ni cuáles son sus límites clínicos. Más preocupante aún es que no existen evaluaciones independientes, públicas y transparentes que permitan medir su impacto real en la salud de los salvadoreños mediante indicadores objetivos como reducción de complicaciones, hospitalizaciones evitables o mejora en la continuidad del tratamiento. La tecnología puede apoyar la atención médica, pero vender una aplicación como sustituto de un sistema sanitario robusto no es modernización: es simplificación peligrosa. Cuando la herramienta se convierte en narrativa y la narrativa reemplaza a la evidencia, el riesgo no es técnico, es ético.

Aquí la frase vuelve con toda su crudeza. Porque cuando el sistema no responde, quien tiene recursos busca atención privada o compra medicamentos. Quien no los tiene, espera. Y en esa espera, su vida vale menos en términos prácticos, no por falta de dignidad, sino por falta de acceso.

Este no es un debate ideológico. Es un cuestionamiento moral. Una sociedad se define no solo por cómo celebra, sino por cómo protege a los más vulnerables cuando nadie los ve. Proclamar el valor de la vida mientras se normalizan despidos, demoras y escasez es una contradicción que debería incomodarnos, especialmente en estas fechas.

La ética no se sostiene con discursos festivos ni con buenas intenciones. Se sostiene con decisiones concretas. Mientras el acceso a la salud dependa de lo que cada quien «tiene», la frase dejará de ser un dicho popular para convertirse en una descripción incómodamente precisa de nuestra realidad.

Tesorero Colegio Médico de El Salvador

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