El verdadero reto consiste en convertir ese conocimiento en decisiones institucionales alineadas con el contexto tecno-productivo
El verdadero reto consiste en convertir ese conocimiento en decisiones institucionales alineadas con el contexto tecno-productivo
Durante mis años de formación académica en Economía Laboral en Francia, aprendí que los mercados de trabajo no fallan por falta de talento, sino por una desconexión sostenida entre lo que se enseña y lo que la economía realmente demanda. Esa mirada, forjada en sistemas universitarios de excelencia internacional —donde la productividad, la innovación y la empleabilidad constituyen criterios centrales de evaluación— me ha acompañado desde entonces como una herramienta analítica indispensable (Rodríguez, Trabajo y Modernidad, 1992).
Hoy, al observar el sistema de educación superior salvadoreño, puedo afirmar con claridad que el país cuenta con el conocimiento, los datos y las herramientas técnicas necesarias para corregir su desfase entre oferta académica y demanda laboral. El verdadero reto consiste en convertir ese conocimiento en decisiones institucionales alineadas con el contexto tecno-productivo, tal como lo han hecho otros sistemas universitarios que enfrentaron desafíos similares.
Por ello, este artículo propone un análisis breve, pero riguroso, sobre la pertinencia de la oferta universitaria —especialmente en licenciaturas, posgrados y formación continua— frente a las demandas reales del mercado laboral salvadoreño. Asimismo, plantea sugerencias concretas y rápidamente aplicables para aquellas universidades dispuestas a asumir un rol activo en la mejora de la empleabilidad de sus graduados y en la optimización del mercado de trabajo nacional.
1. El diagnóstico: cuando la universidad necesita dialogar con la economía real
El principal problema del sistema universitario salvadoreño no es la falta de cobertura ni la ausencia de carreras. Es, más bien, la dificultad del sistema para actualizar su oferta académica al ritmo que exige la economía real. Durante las últimas décadas, la expansión de la matrícula universitaria privada respondió a una lógica principalmente cuantitativa: más carreras, más estudiantes, más títulos, más rentabilidad. Sin embargo, el mercado laboral evolucionó bajo una lógica distinta, marcada por la tecnologización acelerada, la demanda de habilidades híbridas, ciclos productivos cada vez más cortos y la necesidad de adaptación permanente.
Este fenómeno refleja el mismatch entre formación y empleo, ampliamente documentado en estudios recientes sobre educación superior y mercado de trabajo (Funcas, 2024; Japaridze et al., 2024; Osorio Ruiz, 2024). Sus efectos son visibles: proliferación de profesionales en áreas saturadas, déficit de perfiles técnicos y tecnológicos, subempleo profesional, lenta actualización curricular y una creciente desconexión entre el título universitario y el salario esperado. En suma, la universidad, en muchos casos, sigue formando para el mercado laboral de ayer.
2. Benchmark internacional: lo que hacen los sistemas que funcionan
Las universidades que hoy lideran en empleabilidad —en Europa, Norteamérica y Asia— comparten rasgos estructurales muy claros. Instituciones como la Universidad Técnica de Múnich, ETH Zúrich, Politécnico de Milán, Aalto University en Finlandia o MIT en Estados Unidos han logrado articular su oferta académica a partir de información sistemática del mercado laboral, estrecha vinculación con sectores productivos y una fuerte orientación a resultados de inserción profesional.
Estas universidades no diseñan su oferta en función de tradiciones disciplinares, sino de datos, proyecciones y necesidades actuales y proyectadas de la sociedad. En ellas, la tecnología atraviesa transversalmente todas las carreras —desde la salud hasta las ciencias sociales— y los programas académicos se estructuran de manera flexible, con certificaciones intermedias, trayectorias modulares y procesos de actualización continua.
Conclusiones similares fueron recogidas en el Primer Congreso Iberoamericano de Educación Superior, realizado en El Salvador en marzo de 2025 y organizado por la Dirección Nacional de Educación Superior y la Asociación de Universidades Privadas de El Salvador (AUPRIDES). El mensaje es inequívoco: la empleabilidad no es un efecto colateral de la educación superior; es un objetivo explícito del diseño académico.
3. Licenciaturas: pasar de títulos generalistas a perfiles empleables: El primer nivel donde resulta prioritario actuar es el de las licenciaturas, dado que allí se concentra el mayor volumen de egresados y, por ende, el mayor impacto sobre el mercado laboral. Superar las brechas actuales requiere decisiones claras, entre ellas:
La pregunta que debe guiar toda licenciatura es simple pero decisiva:
¿qué problema concreto del mercado laboral está contribuyendo a resolver este egresado?
4. Posgrados: el gran espacio de oportunidad:
Si las licenciaturas construyen la base del sistema, los posgrados construyen su ventaja competitiva. Hoy, El Salvador tiene una oportunidad estratégica en este nivel.
Entre las principales brechas se identifican posgrados excesivamente teóricos, con baja especialización, escasa alineación con sectores emergentes y débil vinculación con innovación y tecnología. En contraste, los estudios internacionales muestran que los programas más valorados en mercados dinámicos son aquellos orientados a ciencia de datos, ciberseguridad, logística inteligente y gestión tecnológica (Mercatus Center, 2025).
Estos programas no requieren partir desde cero. Las herramientas existen, los contenidos están disponibles y el mercado los demanda. Lo que se necesita es voluntad institucional para rediseñar con rapidez la oferta académica vigente.
5. Una oportunidad histórica para la universidad salvadoreña:
El Salvador atraviesa un momento clave, caracterizado por su transformación digital y productiva, la presión por empleos de calidad y la competencia regional por talento, inversión y tecnología. En este contexto, la universidad enfrenta una disyuntiva clara: preservar estructuras académicas tradicionales con alto riesgo de perder pertinencia, o convertirse en un actor estratégico del desarrollo económico y laboral del país.
Mi experiencia en economía laboral me permite afirmar que la alineación entre educación superior y mercado de trabajo no solo es posible, sino urgente. Las universidades que actúen ahora no solo mejorarán la empleabilidad de sus egresados, sino que fortalecerán su sostenibilidad financiera, su reputación y su rol social.
El conocimiento está disponible. Las herramientas existen. El mercado ya habló. En ese espacio, entre el diagnóstico y la decisión, se juega silenciosamente el papel que la universidad salvadoreña asumirá en la próxima década, en beneficio de los estudiantes, las instituciones y el país.
PhD y Máster en Economía del Trabajo
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