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Un político

En un universo de juego de poder sumamente competitivo, estos días ha aparecido José Antonio Kast, flamante presidente chileno elegido en segunda vuelta con una participación electoral de más del 85% y un total del 58.16% de los votos.


En un mundo en el que la política y la búsqueda del poder se parece cada vez más a un juego de suma cero: porque lo que gana uno lo pierden los demás; y la dinámica política, más que en conciliar y gobernar,consiste en despojar a los contrincantes ideológicos de cualquier oportunidad de competir.

En un universo de juego de poder sumamente competitivo, estos días ha aparecido José Antonio Kast, flamante presidente chileno elegido en segunda vuelta con una participación electoral de más del 85% y un total del 58.16% de los votos.

Uno, acostumbrado a discursos de fin de elecciones y de anuncio del propio triunfo, en los que se exaltan los propios méritos y se ningunea a los adversarios, se sorprende del talante democrático de Kast.

Como mostró -el mismo día en que se conocieronlos resultados de los comicios-, con el proverbial gesto que tuvo con Jeannette Jara -su contrincante política que se representó a las elecciones por parte del Partido Comunista-, cuando se hizo presente en la casa de campaña de Kast para felicitarlo por haber ganado las elecciones.

Cuando Jara tomó el micrófono hubo abucheos por parte de los seguidores de Kast, pero él tomó el micrófono y pidió a los presentes “un momento de profundo respeto y silencio”, explicando que “podemos tener diferencias, y duras. Podemos creer en algo muy distinto para nuestra sociedad. Pero si prima la violencia, si priman los gritos destemplados, es muy difícil que salgamos adelante… alguien puede ser de una ideología distinta, pero es una persona igual a nosotros” ¡Chapó!

No es que haya seguido la trayectoria política de Kast, quien, por cierto, ha roto el molde de “éxito” de muchos políticos latinoamericanos que gobiernan actualmente en diversos países, pues no es ni “outsider” radical ni conservador noventero… sino un político serio con una larga carrera de puestos públicos como concejal y presencia por cuatro períodos como diputado en el Congreso chileno. Pero lo que sí me ha llamado la atención ha sido su talante conciliador y cooperativo con todos los que se quieran sumar a su proyecto político, y con esto no descartó ni a cierta prensa ofensiva, ni a líderes del otro extremo de su espectro político.

Otro ejemplo interesante. El mismo día de las elecciones, cuando Kast estaba ejerciendo su voto, algunos de los correligionarios que lo acompañaban empezaron a alejar a ciertos periodistas de reconocida prensa izquierdista y a increparlos acusándoles de parcialidad. El candidato entonces y presidente actual se dirigió sus acompañantes y les dijo: “por favor, les voy a pedir desde el primer día que nosotros mostremos respeto. No hay nada más importante que la prensa para que nos fiscalice a todos”.

¡Qué contraste con el tratamiento que otros líderes populares muestran respecto a la prensaopositora! Desde el modo como Bolsonaro llamaba “prensa basura” a los informadores contrarios a sus ideas, hasta el calificativo de “enemigos del pueblo americano” con que reacciona Trump en los mismos casos.

Algo que retrata la manera de pensar de Kast respecto a la democracia y al ejercicio del poder es lo que recordó en un programa de entrevistas cuando hizo referencia a una anécdota familiar, narrando cómo le explicó a una de sus hijas, que le preguntaba si el mundo sería mejor si todos los políticos fueran de derecha… diciéndole que las cosas no serían mejor en ese caso porque “la naturaleza humana falla, y hay personas que se portan bien en la izquierda y en la derecha, y hay personas que se portan mal en la izquierda y en la derecha”.

Todo esto se logra cuando los políticos no se ven como enemigos, sino como adversarios. Cuando, en definitiva, actúan como políticos y no como azuzadores de la polarización en beneficio propio.

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