Sin embargo, aún no logra disminuir del todo la desconfianza de daneses, groenlandeses y europeos en general
Sin embargo, aún no logra disminuir del todo la desconfianza de daneses, groenlandeses y europeos en general
Lo dicho: el problema a veces no es el mensaje sino el tono y el tino. El presidente Trump bajó el tono y logró reducir tensiones con su proyecto de anexionarse Groenlandia con el anuncio de haber llegado a un acuerdo con la OTAN.
Trump no tenía más remedio que retroceder con sus amenazas de usar la fuerza militar en este caso, con aliados como los europeos y sin provocación ni justificación alguna, pues sabe que el día que lo haga será destituido de inmediato. Sin embargo, aún no logra disminuir del todo la desconfianza de daneses, groenlandeses y europeos en general.
A Europa le convendría, pues es una garantía más que un aliado como Estados Unidos tenga mayor influencia y capacidad defensiva y ofensiva contra eventuales enemigos expansionistas como Rusia y China.
Pero no se trata solo de comprar la isla más grande del mundo como cualquier carro o casa o la carne en el mercado, sino de garantizar derechos de la población y sus vecinos, determinar alcances de leyes y territorios, etc. Además hay vínculos históricos que no se pueden desconocer de un plumazo.
Eso es lo que deben terminar de afinar los Aliados, pero con un discurso imperioso, ambiguo, confuso, no van a llegar muy lejos, sobre todo los mismos groenlandeses no tendrán la confianza de saber que en un futuro la isla no será desalojada o ellos no tener los derechos que poseen los estadounidenses y queden como los portorriqueños, como un Estado Libre Asociado, pero sin derecho a voto y poder de decisión en grandes temas de nación.
Si no se sabe manejar este asunto, lo primero que generará es una ruptura de la OTAN, dejándole un espacio libre a China y Rusia para atacar eventualmente a un Occidente dividido y debilitado.
A veces parece que algunos funcionarios estadounidenses pecan de ingenuidad al confiar en la palabra de un criminal de guerra como Putin, el más beneficiado con una OTAN en crisis, y subestiman a un luchador por la libertad como Zelenski.
¿Quiénes son los amigos y quiénes los enemigos?
Lo mismo se puede decir al seguir trabajando con el aparato chavista que sembró tanta muerte, represión y miseria en Venezuela. Resulta que la producción de petróleo se reactivará y ellos seguirán beneficiándose de la misma sin recibir el castigo por sus crímenes durante más de 25 años. Da la impresión de que hubieran amnistiado al mismo Cartel de los Soles.
Como en el caso de Groenlandia, el mensaje puede tener la mejor de las intenciones, pero es ambiguo, confuso.
Se entiende que una transición en este momento para que gobiernen Edmundo González y María Corina Machado no sería segura, pero se vuelve aún más peligroso si la maquinaria de maldad chavista sigue intacta.
Se puede comprender que la administración Trump no quiere un maniqueísmo sino un pragmatismo que le favorezca, pero no puede abandonar al mundo a su suerte porque después puede necesitar ayuda y solicitarla a quienes abandonó.
Como lo dijo el mismo Trump en Davos, «Pueden decir que sí, y lo agradeceremos mucho, o pueden decir que no, y lo recordaremos».
Los países amigos que se sientan hostilizados, abandonados o ninguneados pueden también recordarlo en un futuro.
En esto pareciera que hay un error de visión en cuanto a enemigos potenciales. No se puede esperar sorpresas de Europa y la OTAN, pero sí de los rusos; no se puede temer un golpe o traiciones de la oposición venezolana, pero sí del régimen chavista gorilista con el que Estados Unidos sigue haciendo tratos.
Estados Unidos tampoco puede esperar perjuicios de los buenos inmigrantes que luchan cada día por engrandecer aún más ese país y por sus tierras de origen y lucen con orgullo la bandera de las barras y estrellas, pero injustamente se les persigue como animales y se les sataniza como «criminales».
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