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Tres historias en tributo a Ricardo Poma

Tuve el enorme privilegio de conocer a Ricardo durante 60 años de amistad y trabajo conjunto.

Centroamérica ha tenido la bendición de contar con líderes especiales en cada generación. Ellos construyen empresas, innovan en educación y salud, algunos incluso sirven en el gobierno. Su visión, competencia y logros han contribuido de manera significativa a la prosperidad general de nuestra región.

El martes 26 de abril nos despedimos de uno de esos gigantes: Ricardo Poma de El Salvador. Tuve el enorme privilegio de conocer a Ricardo durante 60 años de amistad y trabajo conjunto, y creo apropiado intentar pintar un retrato de Ricardo a través de tres historias muy breves, pero reveladoras.

¿Qué hizo a Ricardo tan exitoso? ¿Qué lo convirtió en un líder trascendental y un modelo a seguir?

Harry Strachan junto al empresario Ricardo Poma
Harry junto a Ricardo Poma recibiendo reconocimiento a la trayectoria de ciudadanía corporativa del Wilson Center Foto EDH/Cortesía

Ayagualo y el Propósito

Conocí por primera vez a Ricardo Poma en Ayagualo alrededor de 1971, en las montañas sobre San Salvador, durante un taller de estrategia para la Fundación de Vivienda Mínima. Este fue el primer esfuerzo concertado en El Salvador para presentar una solución práctica a una necesidad social urgente. Ricardo acababa de graduarse con un MBA de la Universidad de Harvard; podría haber hecho cualquier cosa, pero decidió regresar a El Salvador y unirse a este proyecto innovador de profundo significado e importancia social.

“Años después le pregunté: ¿En qué estabas pensando, Ricardo? ¿Cómo veías tu compromiso con los negocios y la sociedad a esa edad tan temprana?” Ricardo respondió:

“Tenía tres objetivos: Le pedí a mi padre que me nombrara gerente general del negocio que estuviera en mayores dificultades. El rompecabezas empresarial más duro de resolver para la familia. Me uní, de manera pro bono, a la Asociación de Industriales para promover el crecimiento de la industria en el país. Me incorporé a la junta directiva de la Fundación de Vivienda Mínima, que buscaba generar un gran impacto en miles de familias al proveer vivienda de bajo costo de una manera nunca antes intentada.”

Mi segunda pregunta fue: “Al inicio de una carrera, dar tiempo y dinero a los demás tiene un alto costo. ¿Crees que empezar a dar antes de consolidarte profesionalmente tan temprano en tu vida fue un buen intercambio?” Ricardo contestó: “Los beneficios de comenzar a dar temprano superaron con creces cualquier costo para mí. Lo que aprendí en el transcurso de ese servicio, las personas que conocí, la gran satisfacción que obtuve, no retrasaron mi carrera. ¡Esa decisión temprana fue una de las mejores de mi vida!”

Visión, Preparación y Equipo

Segunda historia. Estamos de pie bajo una llovizna en medio de un potrero embarrado en Costa Rica, al oeste de San José. No hay una casa a la vista en kilómetros. Ricardo dice:

“Aquí tendremos un hotel cinco estrellas. Allá habrá un edificio de oficinas de ocho pisos y, en ese terreno a la izquierda, las primeras etapas de nuestro nuevo centro comercial de varias fases.”

Se vuelve hacia sus tres lugartenientes: el encargado de construcción, el de ventas y el de operaciones. A cada uno les pregunta: “¿Esto les hace sentido?” Y cada uno responde con entusiasmo: “¡Sí!” La investigación mostraba que era lo correcto: esa sería una ubicación ideal. Pero yo admití: “¡Yo no lo veo!” Ricardo y su equipo… se rieron todos.

Ricardo tenía una visión clara y premonitoria como un rayo láser. Su equipo hacía un trabajo exhaustivo de investigación y análisis. Pero la magia ocurría cuando él combinaba esa visión empresarial con la forma en que respetaba, involucraba, empoderaba y delegaba a su equipo.

Estilo de Liderazgo y Fortaleza

Tercera historia. Estamos al final de un curso sobre Liderazgo y Competitividad en el programa de MBA de INCAE. En una sesión previa de dos horas, los estudiantes tuvieron que resolver un difícil conjunto de problemas que Ricardo Poma enfrentó, incluyendo una decisión estratégica compleja y hasta un dilema ético. Él había compartido varias diapositivas con datos de la situación. Los estudiantes le hicieron preguntas de hechos para fundamentar sus recomendaciones finales. Finalmente votaron sobre lo que habrían hecho.

Después de todo este largo ejercicio, Ricardo compartió con ellos lo que en realidad hizo, su estrategia y cómo la implementó.

En mi última clase, ya sin visitantes, pregunté a los estudiantes qué habían notado sobre el liderazgo de Ricardo. Sus respuestas brotaron, reveladoras: “Su cortesía.” “Cómo escucha con mucha atención.” “Sus respuestas reflexivas pero concisas.” “Me gustó la pasión y cultura que ha logrado construir.” “‘Calidad Poma’.” “Excelencia en los detalles.” “Ricardo no parece tener una gran necesidad de ego. ¡Nunca intentó impresionarnos!”

Pero lo que más impactó a los estudiantes fue el coraje y la firmeza de convicción en su estrategia final. Ricardo fue en contra del consejo mayoritario de su propio equipo. Explicó que era consciente de que tomaba un rumbo “impopular”, pero pidió al equipo apoyarlo plenamente. Como lo expresó un estudiante:

“Hay un momento en el que incluso un líder humilde debe tener la fortaleza de seguir sus convicciones y guiar a su organización en una dirección diferente.”

Presidente Fundación Strachan

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