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Retos y responsabilidad en prohibición de celulares en escuelas

En El Salvador han surgido noticias sobre algunos centros educativos privados que han implementado jornadas escolares libres de teléfonos celulares, con el objetivo de reducir distracciones y mejorar la concentración y la convivencia. Bien por ellos.

Hasta aproximadamente los 24 ó 25 años, el cerebro humano continúa su proceso de maduración. En la adolescencia, el sistema emocional y de recompensa madura antes que el sistema de control.

¿A qué nos referimos con estos sistemas? Elsistema emocional y de recompensa es la parte del cerebro que reacciona de forma rápida, genera emociones y nos impulsa a buscar lo que produce placer o a evitar lo que incomoda. El sistema de control, por su parte, es el que permite pensar antes de actuar, poner límites a los impulsos y tomar decisiones conscientes, y que en los adolescentes aún se encuentra en proceso de maduración.

Esta diferencia crea una asimetría: un fuerte impulso hacia estímulos novedosos y una menor capacidad de autorregulación.
Aquí es donde el celular encaja a la perfección.

¿Qué le sucede al cerebro cuando fija la mirada en el celular? En primer lugar, se activa el sistema emocional y de recompensa ya descrito. En este proceso, uno de los protagonistas es la dopamina, un neurotransmisor que hoy se menciona con frecuencia.

Cada notificación, video corto, “like” o novedad activa este sistema porque ofrece recompensas rápidas. El cerebro lo capta con velocidad: “si miro aquí, obtendré un premio”. En los adolescentes, este sistema es hipersensible, por lo que el estímulo resulta más potente que en los adultos.

En segundo lugar, se suprime la atención al entorno. Se activa una atención estrecha y focalizada hacia la pantalla, y se reduce la actividad de redes cerebrales encargadas de leer señales sociales, percibir el lenguaje corporal y registrar sonidos y contexto. A nivel funcional, el cerebro entra en un modo “túnel”. Por estos efectos, el adolescente “no escucha”, “no ve” y “no responde”; funcionalmente, está ido.

En tercer lugar, se fragmenta la atención. El uso del celular entrena al cerebro a cambiar rápidamente y a abandonar tareas ante el mínimo estímulo. Esto debilita redes neuronales asociadas a la concentración sostenida, la memoria de trabajo, el estudio y el pensamiento complejo. En un cerebro en desarrollo, como el de la niñez y la adolescencia, el uso constante del celular puede fijar hábitos de distracción y baja concentración, no solo conductas momentáneas.

En cuarto lugar, el sistema de control queda rebasado por el sistema emocional y de recompensa. Como consecuencia, disminuye la capacidad de posponer la gratificación, autorregular el tiempo y desconectarse de manera voluntaria. Aquel “solo cinco minutos más” se convierte fácilmente en cuarenta.

¿Qué ocurre a nivel emocional? Aumenta ladependencia de estímulos externos para regular las emociones. El aburrimiento, la incomodidad o la ansiedad se evitan, en lugar de procesarse. El cerebro no practica habilidades clave para la vida, como la tolerancia a la frustración, la autorregulación emocional y la reflexión interna. Esto resulta especialmente relevante en contextos escolares y familiares, es decir, durante la niñez y la adolescencia.

¿Qué ocurre a nivel social? El cerebro adolescente es profundamente social. Cuando la mirada está fija en la pantalla, se reduce la activación de redes neuronales vinculadas con la empatía, la lectura emocional y la sincronía interpersonal.

La empatía puede entenderse como la capacidad de comprender y sentir lo que otra persona experimenta. La lectura emocional es la habilidad de reconocer emociones en los gestos, la voz y el lenguaje corporal de los demás. La sincronía interpersonal es la capacidad de conectar con otros en una interacción, ajustando palabras, gestos y emociones de manera natural. La socialización no desaparece, pero se empobrece.

¿Qué ocurre a nivel psicológico? Aumenta la ansiedad por “estar pendiente” cuando el teléfono está disponible. Se incrementa la presión por responder de inmediato, revisar notificaciones o compararse socialmente durante la jornada escolar. Asimismo, se generan más conflictos a través de redes durante el horario lectivo: aumenta el “drama en tiempo real” —chats, capturas y publicaciones impulsivas— y, con ello, el estrés interpersonal.

El uso constante del teléfono reduce el ejercicio del autocontrol y la tolerancia al aburrimiento. En lugar de aprender a autorregularse —esperar, conversar, resolver— se refuerza la búsqueda inmediata de estímulo y placer.

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) ha insistido en que el uso de teléfonos inteligentes en la escuela debe permitirse únicamente cuando apoye de forma clara el aprendizaje, precisamente por sus efectos sobre la distracción y el bienestar.

En El Salvador han surgido noticias sobre algunos centros educativos privados que han implementado jornadas escolares libres de teléfonos celulares, con el objetivo de reducir distracciones y mejorar la concentración y la convivencia. Bien por ellos. En dos publicaciones abordaremos los beneficios, las desventajas y los retos que este tipo de directrices implica para los centros escolares, así como formas prácticas de superarlos.

Desde el punto de vista social —es decir, en términos de convivencia y clima escolar— expertos señalan que prohibir el porte y uso de teléfonos celulares dentro de las instituciones educativas incrementa la interacción cara a cara en recreos y tiempos muertos, fomenta la conversación, el juego, el sentido de pertenencia y las habilidades sociales. Asimismo, disminuye el ciberacoso durante el horario escolar: no lo elimina, pero reduce las oportunidades de grabar, viralizar o escalar conflictos “en caliente” dentro del campus. Cuando todos están sin pantalla, disminuye la dinámica de “cada quien en su mundo” y aumenta la participación grupal; en síntesis, crece la inclusión.

Existen más beneficios que este tipo de medidas aporta a la niñez y la adolescencia, los cuales se desarrollarán en la parte dos de este escrito. No sin antes felicitar a los directores de instituciones educativas que han enfrentado esta situación, demostrando responsabilidad con el futuro de sus estudiantes y, en última instancia, con el futuro de nuestro país. ¡Hasta la siguiente parte!

Médica, Nutrióloga y Abogada

mirellawollants2014@gmail.com

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